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Cambiemos, una meta difícil para Vidal

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La urgencia del radicalismo por escapar del espacio marginal que ocupa en el resurgimiento de esa fuerza en el orden nacional, y la crisis de identidad en suspenso que atraviesa el peronismo pero que sinceró la derrota de Aníbal Fernández, confluyeron para que el triunfo en la provincia de Buenos Aires coloque a María Eugenia Vidal en el centro de la escena política nacional.
Es una contribución ciertamente inédita si se observa en perspectiva la posición actual de esas expresiones de los partidos mayoritarios que en los 90 alimentaron una sociedad de hecho cuyo pico máximo cobró estado público con la llegada del senador Eduardo Duhalde a la Presidencia tras la caída de la  administración de la Alianza.
Con  amplia mayoría de los municipios donde se impuso cambiemos bajo su  órbita, las fórmulas que discute el radicalismo para dar por superada aquella experiencia fallida constituye una amenaza latente de dejar el problema sin solución real. La sospecha de apelar al expertise que maneja con mayor solvencia –la rosca- merodea cuando se alude a la idea de darle carácter institucional a la coalición con el PRO.
El Conurbano pone límite a esas elucubraciones. A cargo de las negociaciones con Federico Storani en representación del titular del comité nacional, Ernesto Sanz, el ministro de Gobierno porteño, Emilio Monzó, detectó rápido la flaqueza de la UCR en esa región.
Apenas le cedió 18 de casi 200 postulantes a bancas de  concejal y ni un lugar entre los aspirantes a butacas en el Senado bonaerense por la Tercera Sección Electoral, el padrón más numeroso de toda la provincia, que concentra un tercio de los  de 12 millones de electores en la Provincia.
¿Promoverá el PRO su organización en ese territorio a partir de las victorias en los Municipios de San Isidro, Tres de Febrero, Quilmes y consolidar los buenos resultados de Avellaneda, Lanús y Almirante Brown? Los dirigentes radicales lo descartan sin demasiada convicción.
Si la respuesta fuese afirmativa, la extraordinaria crisis de liderazgo del peronismo allanaría una parte del camino. No hay entre los intendentes del GBA vocación de asumir esa función  ni de facilitar que otro cumpla la de  primus inter pares.
Con esa mezquindad parece haber tropezado Aníbal  y la ambición de hacerse de la conducción formal del PJ con el respaldo de La Cámpora. Como otras decisiones tomadas contra sus intereses por la presidente Cristina Kirchner, ésta también fue víctima de una secreta resistencia pasiva. Costará mucho descubrir en archivos algún fotograma donde aparezcan retratados en campaña con el jefe del Gabinete.     
No es el único aspecto donde el presente contraría los antecedentes históricos. Más inspirados en la condición humana que en valores humanistas, los nuevos caciques anteponen la realización individual a la búsqueda del bien común que los trascienda.
Intuitiva adhesión a la filosofía utilitarista que podría fortalecerse en la segunda vuelta. Daniel Scioli deberá darse mucha maña para persuadirlos de montar un nuevo operativo de fiscalización, con un costo de 1,5 millones de pesos en los distritos más importantes. Pero antes  todavía de  permanecer fieles a un proyecto político del que  existen más dudas sobre el consenso del que goza en la sociedad.
Nada de eso hace más fácil la tarea que tiene por delante Vidal. Gobernar una Provincia desfinanciada, donde la asfixiante presión fiscal al aparato productivo se combina con altos índices de pobreza, desempleo, inseguridad y la falta de atención al mantenimiento de la infraestructura vial y sanitaria.
Tal vez en la desmedida expectativa creada a su gestión pueda hallarse un importante obstáculo a sortear. De modo paradójico, generado por la eficacia de la principal consigna de campaña. Cambiemos.

*Analista político.