jueves 21 de octubre de 2021
COLUMNISTAS OPINION
08-10-2021 23:55
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Corte de época

08-10-2021 23:55

Después del 15 de noviembre se podría repetir la situación posterior a octubre de 2013, cuando el Frente para la Victoria perdió las elecciones de medio término y el papa Francisco contribuyó a sostener la gobernabilidad de una Cristina Kirchner debilitada. Aunque en esta oportunidad el presidente sea Alberto Fernández, quien nuevamente podría precisar contención espiritual y política volvería a ser Cristina Kirchner porque el efecto que tendría sobre ella una derrota electoral sería mucho mayor que en el propio Presidente.

Horacio Rosatti no le atendió el teléfono a Alberto Fernández porque abogaba en las causas de Cristina

Ella tiene más para perder porque Alberto Fernández y su familia no tienen denuncias por corrupción ni causas judiciales que enfrentar. Si en 2023 su destino fuera ser embajador en Portugal, por ejemplo, no sería peor fururo que el que anhelaba en 2019, cuando su expectativa, antes de ser electo por Cristina Kirchner para encabezar la fórmula, era ser embajador en la Península Ibérica. Para la vicepresidenta, más allá de causas como aquella en la que acaba de ser absuelta por el memorándum con Irán, o el dólar futuro, que nunca tuvo pronóstico de prosperar; en otras, como la que lleva el nombre de sus hoteles, Hotesur y Los Sauces, difícilmente podría esquivar una condena si el Poder Judicial actual no terminara descabezado.

El resultado de las PASO alcanza para prever que el 15 de noviembre, aunque el Gobierno se recuperara electoralmente, no tendría las condiciones –con las que soñaba hace un año– para aumentar el número de integrantes de la Corte Suprema y así modificar la mayoría de sus votos, ni en la forma de elegir al procurador, limitando su autonomía.

El nombramiento de Horacio Rosatti como presidente de la Corte Suprema y la mayoría resultante de esa elección, con Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda, eliminan la posibilidad de intervenciones del máximo tribunal en auxilio de la vicepresidenta durante el proceso de las causas o al final, en la revisión de última instancia de lo juzgado en instancias anteriores.

Trascendió que Horacio Rosatti no le atendió el teléfono a Alberto Fernández precisamente porque aboga oficiosamente por Cristina Kirchner. El estilo del actual presidente de la Corte Suprema está en las antípodas de su antecesor más perenne, Ricardo Lorenzetti, quien condujo el tribunal durante 12 años desde el 1º de enero de 2007 hasta fines de 2018. Lorenzetti acostumbró a los políticos y a los jueces de los principales fueros a tener un diálogo directo y continuo que, más allá de consecuencias reales en los fallos definitivos, contenía personalmente a los involucrados. Rosatti tiene una visión más clásica de cómo debe comportarse un juez, haciendo de la independencia no solo una cuestión de fondo sino también de forma. 

Pero no es solo Rosatti: la mayoría que conformó con Rosenkrantz y Maqueda se forjó bien antes de las PASO y la elección del nuevo presidente de la Corte porque los tres ya coincidían en que, si había pruebas de delito, sin importar las consecuencias políticas fallarían sujetos a derecho, condenando al acusado. Lo mismo respecto de las cuestiones procesales en el caso de los arrepentidos: si los dichos de estos luego encuentran prueba en evidencias y son confirmados por ellas, tendrán validez sin afectarse por las circunstancias en las que fueron vertidos los primeros testimonios.

Desde hace 15 años, la agenda de la política argentina está focalizada en la corrupción de Néstor Kirchner y sus allegados. Comenzó con las dos primeras denuncias del periodismo, ambas hechas por PERFIL: los sobreprecios de las cárceles, que Horacio Rosatti como ministro de Justicia no quiso avalar y por eso renunció en 2005, y poco después el caso Skanska. Nos estamos acercando al punto de inflexión donde se produzca un corte de época con las condenas definitivas en esos casos, que se producirán dentro del período de tres años en que Rosatti presidirá la Corte Suprema con la mayoría de Rosenkrantz y Maqueda.

En 2023 Cristina tendrá 70 años y, aun sin fueros, las condenas no serían de cumplimiento carcelario

Probablemente eso pesó también en la renuncia de Elena Highton de Nolasco sabiendo que su permanencia no modificaría el curso de las sentencias: cuatro o cinco igual precisan mayoría de tres.

Es probable que a quien presida la República a partir de 2023 le toque ser coautor de ese corte de época y evaluar la conveniencia política de un indulto no solo de la por entonces probable ex vicepresidenta sino, fundamentalmente, de su hija, que no tendría la posibilidad de fueros ni de la edad: Cristina Kirchner cumplirá en 2023 setenta años.