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Desmentir

En el lenguaje psicoanalítico, el verbo desmentir cobra un significado diverso del que tiene en su sentido general. En efecto, para Freud, la desmentida constituye un mecanismo de defensa por el cual el sujeto, al mismo tiempo que reconoce una cierta realidad, procura negarla, por ejemplo, por su carácter displacentero. En cambio, en su uso social, desmentir significa poner de manifiesto que una cierta afirmación es falsa.

Ahora, que el Gobierno ha creado la Oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina, con el objeto de “desmentir activamente la mentira”, podemos intentar, no tanto revisar si uno u otro de los significados es más válido, sino, más bien, definir cuál de los dos aplica a la mencionada “oficina”.

Su carta de presentación concluye con la expresión de su propósito: “que la verdad vuelva a ser información”. Dos pensamientos nos surgen de inmediato ante este anuncio. Por un lado, que la combinación libertario y verdad, suena a un oxímoron. Los recientes sucesos en torno del índice de inflación nos eximen de ocupar más espacio con ejemplos. Por otro lado, que la historia política mundial y la literatura muestran que si bien no habría mucha novedad en advertir que un gobierno no siempre dice la verdad, las experiencias más graves ocurren cuando un gobierno pretende fijar cuál es la verdad.

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Agreguemos que, en el contexto actual de redes sociales, la opinión ha cobrado un estrafalario sentido. Esto es, a diario escuchamos funcionarios y tuiteros capaces, ya no de hacer como si supieran, sino de exhibir sin pudor que se puede opinar de todo aunque no sepan nada del asunto que tratan.

La creación de la Oficina de Respuesta Oficial, entonces, presenta dos serios problemas. Por un lado, que se transforme en un organismo de persecución y censura, directa o indirectamente. De hecho, la censura no solo se ejerce por vía de una prohibición, sino que también opera cuando ante la palabra que cuestiona al Gobierno, sin pausa recibe cientos de agresiones y amenazas. Por otro lado, podría ocurrir que ese no sea el objetivo del Gobierno, sino que sólo se trate de hacer un poco de ruido, de incentivar una agenda para que hablemos del asunto, que ocupemos unas semanas en cuestionar a dicha Oficina, mientras se suceden otros hechos más graves. Sin embargo, si así fuera, tampoco es un problema menor, por lo que implica la banalización de la conversación pública que, entonces, conduce a la expansión del caos.

El primer párrafo del documento que anuncia la creación de este organismo termina con la siguiente frase: “Porque solo ‘informar’ no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta”.

Admito que, como psicoanalista, puedo tener ciertos vicios en relación con el discurso; no obstante, si un partido que se autodenomina La Libertad Avanza escribe “la desinformación avanza”, no deja de sonarme autorreferencial, como si de ese modo contradijera expresamente lo que manifiesta en el texto. De hecho, la contradicción se revela en el párrafo siguiente. Esto es, si “solo informar no alcanza”, ¿qué significa que a renglón seguido diga “vamos a combatir la desinformación brindando más información”?

No es cuestión de exponer los errores sintácticos del texto sino de leer entre líneas, de preguntarnos por la paradoja de admitir que la sola información no alcanza y, luego, proponer más información.

Poco después, el documento propone una explicación a través de sugerir una consecuencia sospechosa. Así, explica que “este Gobierno decidió dejar de financiar relatos con pauta oficial” y “desde entonces, la mentira se volvió más ruidosa”.

No quiero detenerme en si, más allá de la eliminación de la pauta oficial, el Gobierno destina otros fondos a financiar periodistas y tuiteros, pues ya otros han comentado sobre esta cuestión. Como en los párrafos previos, prefiero considerar las contradicciones e inconsistencias del texto oficial. Es decir, más allá de que pueda ser falso que no exista dicho financiamiento, ¿qué está diciendo ese nexo que el Gobierno cree descubrir? ¿Acaso, con pauta oficial, había menos mentiras entonces? ¿Se trata de un fracaso de la hipótesis que llevó a desfinanciar a numerosos medios de comunicación? ¿Se tata de instalar una esotérica teoría según la cual quien no cobra, comienza a mentir, para, luego, decir lo mismo de todos los argentinos desocupados y precarizados?

Finalmente, en otro párrafo señala: “Esta Oficina no busca convencer ni imponer una mirada. Tiene por objetivo que los ciudadanos puedan distinguir hechos de operaciones y datos de relatos”.

Al leer ambas frases me siento redundante por tener que volver a utilizar la palabra contradicción, pero el Gobierno no deja otra opción. Si su objetivo es que podamos distinguir hechos de operaciones y datos de relatos, ¿cómo lograrlo sin convencer o imponer una mirada?

En suma, si el Gobierno es quien decide cuál es un hecho y cuál es una operación, y todos debemos aceptar esa “verdad”, no hay ninguna duda que eso solo se logra convenciendo e imponiendo una mirada.

Llegados a este punto, retomamos nuestra pregunta inicial. ¿Qué significado del verbo desmentir aplica al documento de la Oficina de Respuesta Oficial? La experiencia muestra que ante un sujeto que desmiente en el sentido freudiano, quien lo escucha o lee no deja de sentir, todo el tiempo, una vivencia de contradicción. Así, no parece difícil tomar una decisión, y Freud no me deja mentir.

* Doctor en Psicología. Psicoanalista.