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COLUMNISTAS / macri en su laberinto
domingo 15 julio, 2018

Dilemas

El Presidente no entendió lo básico: no existe programa económico ni perspectiva social sin plan político.

por Beatriz Sarlo

De paseo. Mauricio Macri llevó a su hija menor a Tecnópolis esta semana. Tiempos difíciles para una gestión más sostenida en deseos e ilusiones que en programas. Foto: presidencia

No entendió lo básico: no existe programa económico ni perspectiva social sin plan político. La aprobación que recibe un gobierno es un fluido en el que se mezclan conflictos y acuerdos sobre los que hay que trabajar constantemente para no perder lo que se cree haber ganado. Los tiempos de la política tienen diferente duración; algunos hechos fugaces suceden en un presente acotado y mezquino, mientras que otros se abren al futuro (por eso, los actos pueden tener consecuencias que no prevén sus propios protagonistas). La confianza de Macri no tenía cimientos. No bastan la sonrisa de María Eugenia Vidal y la vocación pseudo haussmaniana de Rodríguez Larreta para asegurar una victoria electoral en 2019. Nadie avisó que la ignorancia del pasado no fortalece la comprensión del presente.

Hace muy poco, iniciado ya el debate sobre el aborto, una amiga me decía que Macri podía pasar a la historia por lo menos pensado: la hipotética aprobación de la ley que concierne a la interrupción voluntaria del embarazo en condiciones sanitarias más aceptables (porque igualitarias no lo serán en este país tremendamente desigual para los pobres, en especial para las mujeres pobres, sobre todo para las mujeres jóvenes y pobres). Me quedé perpleja al ver de qué manera el presente quiere adivinar el futuro. Roca no pasó a la “historia popular” por la Ley 1.420 de educación laica, gratuita y obligatoria para niñas y niños, aprobada en 1884 durante su presidencia, ni por la de Registro Civil, que le quitó a la Iglesia el monopolio sobre casamientos y partidas de nacimiento, humillante monopolio en un país al que llegaban inmigrantes de otras religiones o sin ninguna. A Roca, esas leyes le costaron un grave conflicto con la Iglesia. Sin embargo, hagan una encuesta y verán que el sentido común recuerda a Roca solo por la llamada expedición al desierto. Por lo tanto, mejor no hacer predicciones, salvo que se consulten las investigaciones históricas.

De todos modos, Macri no tiene un programa que le permita pensar en tiempo futuro. Tiene deseos e ilusiones: que los empresarios inviertan, que sea posible cumplir el plan de ajuste sin alarmantes costos sociales. El FMI, cuyo corazón es incluso más duro que el de los empresarios argentinos, les da forma a los años que se aproximan.

En política, Macri calcula si le conviene apoyarse exclusivamente en los gobernadores (a quienes todavía puede manejar con el presupuesto y con lo que quede de obra pública después del ajuste) y confiar en que ellos ejerzan alguna influencia sobre sus senadores, ya que a esta altura debe haber aprendido que no la tienen sobre los diputados de cada provincia, una suerte de sistema planetario relativamente libre e imprevisible. O si se inclina por llamar a un acuerdo político con lo que queda de los partidos. Ese acuerdo sería un poco tautológico, porque los que saben de pactos y suelen respetarlos son los radicales, que hoy firmarían con una mano del lado de Cambiemos y, con la otra, del lado del viejo partido que yace hechizado y durmiente (Isaiah Berlin recurrió a La Cenicienta para comparar con la política; en este caso, otro cuento de hadas tiene en suspenso un desenlace donde la UCR, el partido hechizado, recibiría la visita de un improbable príncipe que lo despierte a tiempo).

Peronismo multicolor. Quienes tampoco tienen los instrumentos para pensar el futuro son los multicoloridos justicialistas. Cristina Kirchner los obliga a enfrentar el dilema que un célebre poeta comparó con un puñal clavado en el corazón de un caballero enamorado: “Si me lo quitas, me muero; si me lo dejas, me mata”. El poema es de Rubén Darío, quizás inspirado en uno de Sor Juana Inés de la Cruz, que dice: “Por activa y pasiva es mi tormento, pues padezco en querer y en ser querida”. Cristina podría recitar estos versos de Sor Juana. A ella le toca también necesitar, padecer y, al mismo tiempo, encender pasiones.

Como si hubiera leído a Sor Juana y a Darío (supuesto improbable porque ninguno de los dos mereció la atención de Freddy Mercury), Macri encara el mismo dilema y, por eso, desea que la Dama Cristina siga allí, dolorosa o dolorida pero indispensable para agitarla en las elecciones. El Presidente podría monologar con estas palabras: “Si desaparece, pierdo; si aparece, puede ganarme”. El dilema es un problema de lógica, aunque en política es también la forma en que se evalúa una relación de fuerzas.

La forma justicialista de ese dilema es más sencilla: todavía no tenemos a nadie para ganarle a Cristina en las PASO y a Macri en la general. En su poblado pero destartalado escenario, los justicialistas, en lugar de sentar las bases para un acuerdo que les permita presentarse con oportunidades ciertas en las elecciones de 2019, exponen claras diferencias ideológicas, políticas y de capacidad de movilización. Quieren establecer los candidatos del 19 y recién después ver cómo se unifican. Calcula Rossi: si Cristina no se presenta, ¿puedo ganar con su apoyo y sin el del viejo PJ? Cuenta votos, intendentes y circunscripciones. Del otro lado, calculan varios, entre ellos el muy avezado Felipe Solá, que es posible hacer fuerza desde un PJ relativamente unificado sin Cristina; pero también insinúa que se la puede aceptar. Y, para dejar varias puertas abiertas, camina por la avenida 9 de Julio durante el último acto, en medio de abundantes reporteros gráficos, para aparecer en una foto con Facundo Moyano, que está de regreso de algún viajecito donde son indiscernibles la política y sus aventuras sentimentales. Entre tanto, Massa calcula: si dejo de hablar durante unos meses más, a lo mejor subo al podio en 2019; y, si aceptara, lo llevo a Lavagna para que me agregue peso. Y Urtubey calcula si es posible parecerse a Macri, pero no demasiado. Dirigentes de segunda línea, experimentados y con capacidad de movilización, también recalculan.

Finalmente, la argentinidad al tope: Julio Bárbaro se arrepiente y vuelve a la tv, no en su función de secretario de Barrionuevo en el PJ sino como hombre desbocado y franco. Por su parte, un respetable político habilitó a Tinelli como posible candidato a la presidencia. Un viaje directo desde el “Bailando”.


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