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COLUMNISTAS / Asuntos internos
domingo 27 octubre, 2019

El arte de abrazar osos polares

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por Guillermo Piro

default Foto: CEDOC
domingo 27 octubre, 2019

Desde hace casi treinta años, Jochen Reiss colecciona fotografías que encuentra en negocios y mercados de pulgas y luego clasifica en series temáticas y las publica en su sitio Imperfekt. Photography. El último de sus trabajos publicados se titula Polar Bears y muestra la moda –ya extinta– de fotografiarse abrazando osos polares, mejor dicho hombres disfrazados de osos polares. El equivalente actual sería sacarse una foto con Mickey Mouse o cualquier otro personaje en el Disneyland de Orlando. Las fotos reunidas por Reiss muestran familias enteras, niños y parejas posando con osos polares en la playa, en las pistas de esquí, en ferias y en lugares donde comúnmente sería muy insólito encontrar un oso, y mucho más a alguien disfrazado de oso.

Las fotos fueron sacadas entre los años 1920 y 1960 y probablemente la mayor parte provenga de Alemania, pero dado que fueron encontradas en negocios de cosas usadas no es fácil contextualizarlas o adivinar su proveniencia. Reiss se apasiona justamente por eso, por fotos de personas en lugares insólitos, de las que se dispone de poca o de ninguna información acerca de quién las sacó y acerca de quiénes son los retratados.

Según Reiss, a lo mejor a un fotógrafo se le ocurrió la idea de poner a un asistente disfrazado de oso polar en algún famoso destino turístico y la cosa funcionó. El disfraz de oso es la úncia constante en las fotos, las estaciones y los lugares varían, puede ser una playa del mar Báltico o una pista de esquí en Garmisch-Partenkirchen, una ciudad alemana que se encuentra en Baviera, famosa por sus pistas de esquí. Reiss es alguien muy proclive a sentir empatía por los demás, y por eso dedicó su libro “a las personas que sudaron o se congelaron metidas en un disfraz de oso polar por el bien del arte”.

Jochen Reiss nació en 1969 y vive en Hamburgo. En este mismo espacio, hace poco más de dos años, nos ocupamos de otra maravillosa compilación suya de fotografías de mujeres subidas a los árboles. Puestos a encontrar razones que expliquen ese particular atractivo por fotografiarse del brazo de un oso polar, podemos encontrar varias, pero me dedicaré aquí solo a una. El Ursus maritimus, es decir el vulgar oso blanco, es uno de los mamíferos más grandes del planeta. Vive en las zonas heladas del hemisferio norte y es el único superpredador del Artico –en las ciencias naturales se denomina superpredador a los depredadores que no tienen depredadores naturales, es decir a aquellos animales que se encuentran en la cima de la cadena alimentaria: comen, pero no son comidos.

El hombre es el único animal peligroso para el oso, y eso es algo que el oso sabe desde que nace. Pero puede atacar al hombre para comérselo, cosa que ha hecho en repetidas ocasiones. Y es notable la diferencia entre un oso polar verdadero y alguien que solamente lleva un disfraz de oso. Además de las desemejanzas más obvias –el sujeto con disfraz no ataca, a menos que el retratado se niegue a pagar por el servicio prestado, y habla perfecto alemán, cosa que los osos polares no hacen de ningún modo–, el simple hecho de aproximarse tanto a algo semejante a un oso convierte a la ocasión en digna de ser preservada. La distancia adecuada para realizar un avistamiento de oso es de 45 metros; esa es la distancia que hace que el observador pase desapercibido. Pero si el oso está molesto, lo más prudente es aumentar esa distancia. Porque la especie humana se ha impuesto sobre las demás por su inteligencia, pero sobre todas las cosas por su prudencia. De donde se deduce que sacarse fotos con oso polares es un signo de inteligencia.


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