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COLUMNISTAS / Opinión
miércoles 20 febrero, 2019

El dólar, ¿está caro o barato?

El tipo de cambio real refleja el poder adquisitivo de un peso medido en divisas; por ejemplo, cuantos cafés o libros podemos comprar en Nueva York con 100 pesos.

Juan Manuel Massot (*)

Imagen de archivo. Dólar. Foto: Bloomberg

El tipo de cambio es el precio más relevante de una economía abierta porque hace de bisagra entre los bienes y servicios locales y los extranjeros. En economía se distingue entre el tipo de cambio nominal y el real.

El primero es el que aparece en los medios de comunicación y del cual todos hablamos; por ejemplo, un dólar sale $39.

El tipo de cambio real refleja el poder adquisitivo de un peso medido en divisas; por ejemplo, cuantos cafés o libros podemos comprar en Nueva York con 100 pesos. Si podemos comprar mucho, decimos que el dólar está barato. Todos conocemos muy bien la importancia que tiene esta variable, por ejemplo, para las vacaciones (¿Brasil o Pinamar?); también los empresarios y los que tienen deuda en dólares.

En esta ocasión nos proponemos saber dos cosas: primero, si un dólar de $39 está caro o barato; segundo, cuál debería ser el precio del dólar para tener una cuenta corriente del balance de pagos equilibrada.

Antes de todo debemos aclarar que existen varios métodos para obtener estos resultados; y, aunque ninguno es perfecto –no hay “exactitud”-, se puede llegar a resultados “razonables”.

Entonces, pasemos a resolver la primera cuestión. Para ello utilizamos lo que se denomina la paridad de poder adquisitivo de una moneda, que no es otra cosa que el dólar que permite comprar la misma canasta de bienes y servicios en Argentina y en Estados Unidos. Ahora bien, como no siempre la situación de los países es la misma, sobre todo del nuestro, obtenemos valores para distintos momentos para realizar comparaciones útiles.

Por ejemplo, un dólar de abril de 1991 saldría a fin de enero aproximadamente $30, mientras que el dólar de diciembre de 2001, justo antes de la salida de la Convertibilidad estaría en $26. Por lo tanto, hoy el dólar está $8 y $ 12 respectivamente comparado con el dólar del período 1991-2001. En el 2002 el dólar tuvo una estampida, y llegó a costar en junio de ese año a precios de hoy unos $76, y en diciembre de 2006 llegaría a costar $49. Para los memoriosos, el “dólar competitivo del período 2004-2006” fue en promedio de $53.

El dólar no para y supera los $ 41

También para ellos, veamos otras comparaciones interesantes: ¿cuánto sería el precio del dólar del famoso “$1,40+CER” de la pesificación de 2002? Ese dólar de $1,40 sería hoy $37,6. ¿Cuánto fue el dólar mayorista promedio de enero de este año? $ 37,4. Casi calcados.

De todos estos números, podemos sacar una conclusión: el dólar hoy no es el dólar de la Convertibilidad, ni tampoco el dólar “competitivo” del 2006, pero es casi el mismo que el famoso $1,40, valor similar al estimado por aquella época por algunos economistas de renombre.

Es más, y siguiendo con las comparaciones, el dólar de $1,40 y el dólar de diciembre de 2006, puestos a precios de hoy, se corresponden con el techo y piso de las bandas cambiarias fijadas por el Banco Central para el final de cada mes ($ 37,86 y $ 48,99 en enero; $ 38,61 y $ 49,97 en febrero, y $ 39,39 y $ 50,97 en marzo).

Responder la otra pregunta es más complejo, porque en la determinación del saldo de cuenta corriente no solo interviene el dólar, sino otras variables (precio de las commodities, crecimiento de Brasil, tasa de interés de Estados Unidos, tasa deseada de crecimiento, etc.). Por ejemplo, a mayor crecimiento deseado, mayor deuda externa o peor cosecha, se mayor tipo de cambio real
para lograr el mismo saldo de cuenta corriente de balance de pagos.

Un ejercicio simple entre el saldo y el tipo de cambio realizado para 1993-2018 da como resultado que un dólar de $35 permite lograr el equilibrio de la cuenta corriente. Ahora bien, si se quisiese crecer al 4% anual, o aumentase la desconfianza, se requeriría un dólar mayor, quizás más cerca del techo que del piso de la banda fijada por el banco central.

Como conclusión podemos decir que las bandas deslizantes de posible intervención del banco central son razonables, y se corresponden con pisos y techos del dólar de períodos previos. Por ello, si nuestros amigos nos preguntan, “¿cómo ves el dólar?”, podríamos contestarles “está bien, y ojalá siga así”.

(*) Director del Instituto de Investigación en Ciencias Económicas y Empresariales de la USAL


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