COLUMNISTAS
Historias repetidas

El futuro se mueve

En Argentina vivimos continuamente en el día de la marmota.

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Hechizo de amor. Película en la que Bill Murray repetía su día una y otra vez. | cedoc

En Argentina vivimos continuamente en el día de la marmota. La frase no hace referencia a una valoración moral o intelectual, sino a la famosa película Hechizo del tiempo (Groundhog Day, en su idioma original), del año 1993. En el film, un joven Bill Murray estaba condenado a vivir el mismo día una y otra vez, a raíz de un misterioso conjuro. Las mismas situaciones, los mismos diálogos, los mismos tropiezos, se sucedían una y otra vez, hasta el hartazgo. Consciente de esta situación, el protagonista hará sus mayores esfuerzos para romper el hechizo y retomar el control de su vida, volviendo a un normal devenir de las cosas.

En nuestro caso, pareciera que no nos damos cuenta del hechizo; bailamos al ritmo de la misma partitura, creyendo que suena otra canción. Sumidos en un mesmerismo dócil, transitamos el enero estival con la consigna del pensamiento mágico: que las cosas van a mejorar por sí mismas. Que un gol con la mano, una gambeta de último minuto, una jugada magistral nos va a devolver la prosperidad económica y, de paso, el título de campeón.

Pero sucede que el mundo ya no evoluciona a partir de peripecias, sino de eficiencias. Es claro que hoy existen desafíos enormes (sobre todo en el plano de la sustentabilidad ecológica, energética y alimentaria), pero la mayoría de los países, cada uno a distinta velocidad, van logrando estabilizar sus monedas y encaminar su economía. Nosotros no. Terminamos el año 2019 siendo una de las tres naciones con mayor inflación de todo el globo.

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El teólogo francés Juan Calvino creía en la predestinación. Fue uno de los gestores fundamentales de la Reforma Protestante del siglo XVI y sostenía que Dios ya sabía de antemano quién gozaría de la salvación eterna y quién no. También consideraba que “todos desean descubrir en sí mismos los signos de la gracia divina y obran convenientemente”. En este sentido, la doctrina calvinista era una especie de profecía que se cumplía a sí misma.

Nuestra profecía de bienestar  y prosperidad no termina de autocumplirse. Creemos en un insólito destino de éxito (Argentina, granero del mundo), que la cultura del asistencialismo y cierta mala lectura de los derechos adquiridos nos han inculcado durante décadas. Perdemos de vista que el devenir es producto de las acciones individuales y colectivas; y que no hay un final ya escrito para nadie. No estamos salvados por nuestra creatividad argenta, ni condenados por nuestro ser nacional.

Pareciera que no tomamos conciencia del libre albedrío que está a nuestra disposición; y que es la  base de la libertad y la dignidad del ser humano. Por eso, en tanto transitamos cansinamente el receso de verano, propongo al lector que mientras siente la arena caliente bajo sus pies reflexione sobre algo fundamental. ¿Qué es lo que voy a hacer hoy que va a impactar positivamente en el futuro?

Y si tiene que ver con educar al soberano y superarnos como individuos, mejor. Porque siempre, siempre tengamos en consideración de que nada está dicho. Y esa es la mejor alternativa que tenemos en nuestra querida república. El futuro se mueve.

*Decano. Universidad del Salvador.