miércoles 05 de octubre de 2022
COLUMNISTAS MEDICINA Y SOCIEDAD

El paciente al poder

28-12-2019 01:13

La escena es conocida: la persona convaleciente yace en la cama del hospital. Sus parientes y amigos lo rodean, mientras el médico tratante, de reluciente guardapolvo blanco, ofrece su opinión experta. Los presentes escuchan en silencio y con admiración, asienten al veredicto en forma callada y admirada. Terminado el acto, el protagonista se retira y todos discuten el diagnóstico e intentan recordar el tratamiento a seguir.

Durante cientos de años, este ha sido el fotograma típico en esa película que es la medicina, en donde la relación entre el paciente y su médico es fundamental. Una relación que ha sido siempre asimétrica tanto en conocimientos como en acción: frente al control total del galeno, la aceptación pasiva del interlocutor. Pero esto parece estar cambiando. Porque el proceso de transformación social, que ha atravesado a tantos colectivos sociales, ha llegado también al mundo de la salud, bajo el concepto de empoderamiento del paciente. ¿Qué significa?

Un paciente empoderado no es un paciente que cuestiona a su médico, sino que participa activamente en el proceso de curación o tratamiento. O sea, significa por un lado una redistribución del conocimiento, y por otro una actitud activa del paciente y de su entorno familiar en el marco de una enfermedad específica.

En la décima Jornada Abierta del Foro Latinoamericano Colaborativo en Calidad y Seguridad en la Salud, realizado en septiembre pasado, se presentaron diversas experiencias que son testimonio concreto y actual de  este fenómeno. Y en todos los casos registrados, existen algunos denominadores comunes. Por una parte, empoderar al paciente (y su entorno) implica capacitarlo en los principales pormenores de aquella enfermedad o lesión que padece, para que pueda tomar conciencia técnica (en la medida de sus posibilidades) de su situación y poder contribuir positivamente con el tratamiento y con el hecho de informar los cambios importantes que va detectando en la progresión de la enfermedad.

En los casos de los niños pequeños o de personas que han quedado imposibilitadas de realizar esto, los parientes cercanos o amigos serán los portavoces y factores activos del proceso. En la mejor acepción del concepto, el empoderamiento será una acción constructiva, educativa, humanizadora de la salud; acrecentando los niveles de compromiso del entorno y brindando una nueva perspectiva de la enfermedad, como un proceso de sanación en colaboración.

En todos los casos registrados en los que se ha podido aplicar de manera eficiente el empoderamiento del paciente, se han registrado indicadores positivos: una mejora en los indicadores de curación y, en los casos irreversibles, una comprensión inédita del contexto y un aumento en la calidad de vida.

El cambio no es bueno por el cambio en sí mismo. Pero sí lo es cuando se instituye como un agente transformador positivo. Y en este caso, la reacción participativa del paciente y su entorno es un factor de mejora inconfundible. Por eso, en ese caso, a empoderarse. Bienvenido el cambio.

*Abogada.

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