COLUMNISTAS

Espejo

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En casi todas las oportunidades trascendentes, importa no sólo lo que se dice, sino quién lo dice. Las palabras se materializan desde las vidas, que deben evaluarse desde lo que trasuntan, al margen de la voluntad de los relatores.

Considérese eso a la luz de esta contundente constatación: “Cuando en 2001 o 2002 había 20% de desempleo (…) la gente robaba para comer”. Compáresela con el párrafo siguiente, enunciado por la misma persona: “Hoy existe un desempleo bajísimo, pero cuando hablás con los jóvenes que roban, te dicen que un salario de 1.800 pesos no les da ni para comprarse zapatillas. No tienen escrúpulos en robar a los que no rechazan esos trabajos y aceptan 1.800 pesos de salario”.

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El en realidad no dice 1.800 pesos, sino 8 mil, pero de los uruguayos; tampoco dice zapatillas, sino championes. Oriental, su nombre completo revela uruguayidad elocuente, Edison Eduardo Bonomi Varela, pero en política se lo conoce como “el Bicho”. Montevideano nacido en Malvín en octubre de 1948, fue ministro de Trabajo y Seguridad Social y ahora es ministro del Interior del presidente José Mujica.

Tras ingresar en la carrera de Veterinaria de la Universidad de la República, en el 4º año de estudios, ya tupamaro clandestino, fue encerrado en prisión. Tenía 24 años y estuvo preso los trece subsiguientes, hasta marzo de 1985. Militaba en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) Tupamaros desde 1970 y en enero de 1972 pasó a la clandestinidad. Permaneció seis meses en las ergástulas del Batallón de Infantería Nº 13, para luego ir a parar al célebre penal de Libertad. La democracia lo puso en libertad en marzo de 1985 con la amnistía de todos los delitos políticos, comunes y militares conexos con éstos, cometidos desde el 1º de enero de 1962. Tupamaros se levantó en armas contra un gobierno civil electo por el pueblo una década antes de la dictadura.
Ministro del Interior, “el Bicho” es un ex guerrillero que ahora dirige la policía, tras ser mano derecha de Mujica y jefe de su campaña electoral. Militante aguerrido y de larga trayectoria, tras salir en libertad, ya en 1987 ingresó al comité central del MLN-T. Uno de los cofundadores del hoy gobernante Movimiento de Participación Popular (MPP), desde 2009 integra su dirección nacional. El presidente Tabaré Vázquez lo nombró en marzo de 2005 ministro de Trabajo y Seguridad Social en el primer gobierno del Frente Amplio.
Veterinario frustrado y tupamaro, “el Bicho” jugó entre los 18 y los 20 años en el Montevideo Wanderers, un mítico club de fútbol fundado a fines del siglo XIX y en el que el joven Bonomi defendió la vieja camiseta albinegra. “El Bicho” habla desde una historia de pueblo, de lucha, de convicciones.

A la moderada y cejijunta sociedad uruguaya le molestan el exhibicionismo y la impostura. ¿Qué le van a venir a hablar de pobres a Bonomi? Sus diagnósticos suscitan respeto y sus políticas provocan ira en esa izquierda del novecientos a la que le cuesta admitir que los viejos guerrilleros hoy gobiernan uno de los países menos injustos de América latina.

No quiere favelas. Busca evitar impunidad criminal y que se reproduzca la tragedia de las favelas cariocas. “No se permitirá la existencia de zonas donde los delincuentes puedan actuar libremente y sin pudor. Evitaremos los procesos de feudalización”, ordena. El gobierno frenteamplista viene desarrollando procedimientos en decenas de barrios de la zona metropolitana de Montevideo. Al “Bicho” no lo van a correr por izquierda. Advierte que “algunas zonas de la capital uruguaya están en la etapa inicial de este fenómeno brasileño donde los criminales y organizaciones mafiosas actúan con libertad. Si uno no lo corta ahora, puede llegar a mayores”. Sabe que esas zonas suelen servir como base para la protección de los propios delincuentes. “Roban y van hacia un lugar concreto y se quedan ahí impunemente, esperando que pase el temporal, y luego salen y roban de nuevo”, blanquea.
Militante de toda la vida, Bonomi exige acuerdos nacionales para enfrentar la delincuencia y reclama a los jueces mayor rapidez en la coordinación con las autoridades. Que ningún garantista retórico lo apriete: “Generalmente, cuando se solicitan órdenes de allanamiento, los magistrados no las brindan tan ágilmente como se necesitaría”, se queja. Próximo esfuerzo del gobierno de izquierda: recuperar los espacios públicos actualmente tomados por la delincuencia.

En materia de seguridad, como izquierda uruguaya en el poder, “el Bicho” Bonomi va de frente ante una realidad “que rompe los ojos”. Gobiernan hace seis años Uruguay y están lejos de las frivolidades pequeñoburguesas. Su noción de las garantías trasciende los elegantes cenáculos académicos, donde es barato ser abolicionista. El ministro de Mujica admite la necesidad de proteger a los sectores más desprotegidos, pero se anima a llamar por su nombre a un fenómeno nuevo, surgido tras la recuperación de los últimos años. Hay ahora “lumpenconsumidores”. En una entrevista impactante con el semanario Búsqueda dijo hace pocas horas: “Si querés ver la realidad con anteojeras y ver lo que querés, hacelo, pero la realidad te pasa por arriba”. Mirada y praxis coherentes las suyas: “Yo vivo en un barrio en el que la gente se queja por la seguridad, y no lo hace por lo que dicen los medios, sino porque a los gurises (chicos) cuando van al liceo (colegio) les roban. Se quejan los que se levantan temprano para ir a trabajar y les roban. Cuando la gente se queja, es porque algo pasa”. Este curtido izquierdista desprecia la hipocresía: “No estamos hablando de la linda pobreza, ni esas personas forman parte de la base social para los cambios; son oposición a los cambios porque están con unos valores totalmente ajenos a esos cambios”. La siguiente frase deslumbra, aunque suena muy extranjera en la Argentina: “El cambio se basa en el trabajo, esto es todo lo contrario”.
Las palabras son las vidas desde las que nacen. Hay que mirarse en este espejo.