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COLUMNISTAS / OPINION
sábado 25 julio, 2020

Federalismo

Interior. Alfredo Cornejo y Arabela Carreras, de Río Negro. Foto: Pablo Temes

“Con la democracia se come, se cura y se educa”, como deseaba Alfonsín en 1983, no se cumplió pero la democracia fue aceptada como el mejor de los gobiernos posible aunque su estabilidad política no lograra traer consigo la estabilidad económica con la que sí se comería, se curaría y se educaría mejor.

En 10 de diciembre de 2023, cuando Alberto Fernández concluya su mandato, habrán pasado cuarenta años de aquel 1983 sin interrupciones de la democracia, con la sucesión de nueve períodos presidenciales siempre con alternancia: radicalismo (Alfonsín), peronismo (Menem), radicalismo (De la Rúa), peronismo (Néstor y Cristina Kirchner), panradicalismo (Macri), peronismo (Alberto Fernández).

Para Cornejo la única grieta es entre quienes producen y quienes viven de subsidios sin trabajar 

No le fue tan mal electoralmente al sector de la sociedad que representa el radicalismo y sus aliados, la gran diferencia con el peronismo fue que sus presidentes no pudieron ser reelectos. Quizás Alfonsín, por el fervor que despertaba, podría haberlo logrado si cuando le tocó presidir el país los mandatos hubieran sido de cuatro y no de seis. Con bipartidismo y ante el desgaste radical, en menor medida del peronismo, con el bicoalicionismo la democracia argentina logró convertirse en política de Estado. 

Que Macri obtuviera 41% de los votos en las elecciones de 2019, después del fracaso económico de sus últimos dos años, demuestra que hay un sector perenne de la sociedad que se diferencia del peronismo más allá de los fracasos económicos que tuvieron los gobiernos de sus representados, incluyendo el fracaso económico de Alfonsín en 1988-1989, además del de De la Rúa y Macri en menor dimensión. 

Esa sociedad que se rebela al peronismo y a la idea de partido único se asienta en valores culturales más que utilitarios y en una adscripción a ideas más que a personas. Su futuro se analizó en profundidad ayer con los presidentes del PRO nacional y de la provincia de Buenos Aires, Patria Bullrich y Jorge Macri (https://bit.ly/bicoalicionismo). Hoy nos toca hacerlo con el presidente del radicalismo y ex gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y con la sui géneris gobernadora de Río Negro, licenciada en Letras y budista, Arabela Carreras, electa por un partido provincial aunque aliado al peronismo, con componentes también radicales.

Con ellos surge el otro problema irresuelto en estos casi cuarenta años de democracia que quizás sea a la vez causa y consecuencia del fracaso económico: la falta de un federalismo real y la concentración de un tercio de la población y dos tercios de la pobreza estructural en el conurbano bonaerense. 

Cornejo lo plantea con la frontalidad del Mendoexit porque en su provincia al 35% de los habitantes les gustaría que Mendoza se separara del resto de la Argentina y fundamenta ese sentimiento (más simbólico que concreto) en la separación entre un país que produce –el interior– y que sostiene con sus impuestos a un tercio de los habitantes que no trabaja no siendo jubilados y tiene que vivir de subsidios del Estado concentrado en el Conurbano muy mayoritariamente.

La capital de la provincia de Río Negro es Viedma, la ciudad a la que frustradamente  Alfonsín quiso mudar la Capital Federal para detener el crecimiento del Conurbano al igual que con la Ley de Coparticipación Federal, que castigó a la provincia de Buenos Aires en el reparto de fondos federales con el objetivo de apoyar a las provincias con menos recursos propios para que sus habitantes no quisieran migrar a Buenos Aires. Pero terminó todo al revés de lo pensado, reduciendo aún más el federalismo porque  la población del Conurbano se duplicó desde 1983 no solo porque habitantes del interior igual continuaban migrando, sino por la inmigración de países vecinos. Con el doble de población y la mitad de los recursos coparticipables, se hizo a la provincia de Buenos Aires dependiente del gobierno nacional, y ese Conurbano infinito pasó a ser determinante electoralmente por tener la mayor cantidad de votantes. Y las políticas nacionales pasaron a ser conurbanodependientes, aunque perjudicando a las provincias con  muchos menos habitantes que los municipios del Conurbano: solo el municipio de La Matanza tiene la misma cantidad de habitantes que Mendoza y tres veces más que la provincia de Río Negro.

La gobernadora Arabela Carreras dice que los rionegrinos no tienen nostalgia de cuando Alfonsín quería trasladar la Capital Federal a Viedma, quizás temiendo generarse un Conurbano que les absorbiera la provincia, lo mismo que Alfonsín deseaba evitar para su natal provincia de Buenos Aires. 

La Argentina pudo ser un país unido recién cuando pudo superar las diferencias entre la ciudad del Buenos Aires y el resto del país en las batallas de Cepeda y Pavón de 1859 y 1861 que enfrentaron a la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires. Ahora la batalla simbólica que a esta Argentina de casi cuarenta años de democracia le queda por resolver es la distribución de los mismos derechos de aduana por los que peleaban Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre en la segunda mitad del siglo XIX.

Arabela Carreras sostiene que los partidos provinciales son una respuesta al centralismo porteño

Simplificadamente se podría decir que el kirchnerismo es el partido del conurbano bonaerense a diferencia del peronismo, que con el paso de los años, como también le sucedió antes al radicalismo, representa intereses multisectoriales y dispersos por todo el país. El voto en las elecciones presidenciales de 2019, donde la zona centro del país votó contra el kirchnerismo incluyendo a la Ciudad y la provincia de Buenos Aires a excepción del Conurbano, refleja esa tensión que Alfredo Cornejo define como el conflicto entre quienes producen  y quienes viven de subsidios. Probablemente en una década el teletrabajo acelerado por la pandemia cambie la geografía haciendo que no sea necesario vivir en el Conurbano para trabajar en una empresa de la ciudad de Buenos Aires y se lo pueda hacer remoto desde cada provincia sin migrar, pero mientras tanto las batallas de Cepeda y Pavón se seguirán librando para desgracia de todos.


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