lunes 21 de junio de 2021
COLUMNISTAS crisis
15-05-2021 23:40

Gira la calesita

15-05-2021 23:40

Simón es periodista. Está parado en la puerta del diario La Crónica, en Lima, donde trabaja. Corren los años 60. Es un mediodía gris y Simón mira el paisaje viejo, desigual, descolorido de la avenida Tacna. ¿En qué momento se había jodido el Perú?, se pregunta. Y se ve a sí mismo tan derruido como su propio país. Comienza una de las grandes novelas del siglo veinte. Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, obra que teje con inspirada maestría los destinos de un país y la vida privada y las pasiones de sus protagonistas. La pregunta de Simón se repite una y mil veces desde entonces, aplicada a otras situaciones, a otros momentos, a otros países. Si alguien se preguntara hoy en qué momento se empezó a joder la Argentina podría hallar algunas pistas para la respuesta en una novela que no es de las más recordadas entre las obras de ficción que explican al país con más verosimilitud que muchos ensayos, como son, entre otras, Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, No habrá más penas ni olvidos, de Osvaldo Soriano, Megafón o la guerra, de Leopoldo Marechal, Los salvadores de la patria, de Silvina Bullrich, o Vivir afuera, de Fogwill. Esa novela es Las leyes del juego, de Manuel Peyrou, cuyo reciente rescate y reedición, junto a la obra completa del autor, deben ser celebrados. 

Manuel Peyrou nació en 1902 en San Nicolás y murió en 1974 en Buenos Aires. Fue muy amigo de Borges, que a su muerte le dedicó un poema en el que dice: “Era el hermano / a quien podemos, en la hora adversa, / confiarle todo, sin decirle nada”. Era abogado (profesión que no ejerció) y periodista (profesión a la que enalteció). Estuvo cercano a Bioy Casares, a Cortázar, a Victoria y Silvina Ocampo, escribió cinco novelas y cuatro libros de cuentos, dos ellos premiados, y fue relegado al casillero de “autor de novelas policiales”, etiqueta con la cual las elites literarias pretenden minimizar a extraordinarios escritores a los que no entienden o cuya popularidad envidian. Las leyes del juego fue publicada en 1959 y tiene, efectivamente, una trama policial desde la que se abren miradas de gran sensibilidad y profundidad psicológica sobre la vida de sus personajes y una implacable disección de la Argentina del primer peronismo y de la manera en que éste inseminó a eso que se suele llamar “el ser nacional”. Su protagonista, Francisco Berthier, un ex periodista devenido socio de una agencia publicitaria, marcha, como los héroes de las tragedias clásicas, hacia un final infausto y en su viaje se mezclarán amores tóxicos, un crimen, traiciones, corrupción política, persecución ideológica, violencia del Estado, negociados y enjuagues económicos, contrabando y matufias varias, todo en una Buenos Aires donde muchos de cuyos escenarios, hábitos y tics del lenguaje han desaparecido, aunque en la novela están vivos, mientras que otros perduran y son reconocibles todavía hoy.

Es habitual y natural que quienes atraviesan extremas situaciones de crisis y desaliento, como nosotros ahora, piensen y sientan que les ha tocado vivir en el peor tiempo y lugar posibles. Porque la vivencia en carne propia es más fuerte que el más crudo y expresionista relato sobre malos tiempos anteriores. La lectura de Las leyes del juego (un ejercicio apasionante, porque su trama es rica en acontecimientos y ramificaciones y su estilo es depurado y certero) evidencia, sin embargo, que al menos los últimos setenta años de la vida argentina constituyen una continuidad, un tiempo único, sin cortes ni respiros (como eran las funciones del cine Novedades, al que concurren los personajes), una calesita que gira eternamente sin que nadie se saque la sortija, salvo los corruptos de cada década o de cada gobierno que, al final del día, parece ser siempre el mismo gobierno. Cuarenta y siete años después de su muerte, Manuel Peyrou, un enorme escritor, da testimonio y ofrece pistas para explorar respuestas a la versión local de la pregunta que inaugura Conversación La Catedral. Su novela muestra que la Argentina de hoy no es solo de hoy y no nació virgen.

*Escritor y periodista.

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