domingo 18 de abril del 2021
COLUMNISTAS virus
01-02-2020 01:10

Homo Rugbier

01-02-2020 01:10

De día estamos en la Noche de las Ideas, una rendez-vous de las mentes en la costa argentina, y cuando cae el sol la antropóloga Florencia Tola me inicia en una práctica amerindia nueva: la reinvención del machismo. Poco a poco, accedo a su filosofía feminista de raíces Qom: El machismo no desaparece, solo se transforma. Se posa en individuos nuevos, muta y se traslada. Sé bastante poco de los Qom –quisiera saberlo todo–, pero cuando Florencia me habla no puedo dejar de pensar en la reinvención del machismo como la mutación de una infección que salta y se inocula en nuevos tipos humanos, como los virus contagiosos que organizan multitudes. Para los Qom, la persona no se termina en el límite de la piel: abarca la saliva, la ropa, la sombra. Como el halo de los gérmenes.

Cuando una sociedad encuentra un tipo humano para aniquilar, es motivo de celebración interior. Existe un nuevo tipo humano desechable: el rugbier. Pato Bullrich puede alabar sin problemas las virtudes de la pistola Taser si se le aplica a un rugbier: “Con una Taser al rugbier fortachón, violento y animal lo dejás sin recursos”. Hebe de Bonafini está con Pato; le suma su retórica experta en desear el dolor del enemigo. El crimen grupal de los muchachos de Villa Gesell trasciende a esos jóvenes, se traslada a un tipo humano señalado como portador de valores falsos, contra quienes la violencia se justifica.

Pero los rugbiers están en retirada: hace tiempo han perdido la lucha de clases simbólica. La meritocracia fue el primer golpe; clásicos juveniles como La venganza de los nerds fueron premonitorios de cómo los nerds de Silicon Valley han triunfado sobre las facciones dominantes de antaño –los fornidos mejor dotados que ellos para intercambiar fluidos con el sexo opuesto. Pero para generar un tipo humano deseable ya no es necesaria la carne humana; la humanidad prefiere los bienes fluidos, lábiles, de la información. En la épica nerd, conocimiento técnico y opresión inicial avanzan necesariamente hacia el cálido núcleo de la aceptación sexual.

La fascinación con la que la sociedad encuentra un nuevo tipo humano al que odiar puede observarse en las redes, donde cada uno puede participar personalmente del ataque. Es el duelo colectivo de la víctima: cada uno hace su aporte en el linchamiento de lo que sueña es una clase social, un tipo racial, una forma de superioridad que desprecia.

El hashtag se cristaliza, pero los virus no tienen barreras de contención; un nuevo virus surge en China de un murciélago que contagió a una civeta; el ADN del virus muta en una letrita, y pasa a los humanos. En Google, las búsquedas por “virus cerveza corona” son furor; el virus del mensaje mutó, la gente cree que el virus se puede contagiar tomando Corona, la bebida favorita de los rugbiers. Todo es posible en la estupidez real provista por la inteligencia artificial.

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