sábado 24 de julio de 2021
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18-07-2020 23:58

Las creencias y la ciencia

La pospandemia puede dar espacio a los cyber-amish que piden más estado, más opresión, menos libertad para los trabajadores y los productores. También tal vez triunfen algunos estrafalarios apoyados por grupos racistas y antisemitas. Pero a mediano plazo, se impondrán las ideas de avanzada que nos conducirán a un mundo con más valores, alejado de la violencia.

18-07-2020 23:58

Vivimos en mundo imaginarios y eso es lo que nos distingue de otros primates. Durante doscientos mil años actuamos como todos ellos: si encontrábamos una cabeza de bananos en la selva nos la comíamos. Según Harari, hace unos 30.000 años alguno convenció a los otros de que si le dejaban llevarse todos lo bananos, un dios les gratificaría con comida por toda la eternidad. Cuando fueron muchos los que creyeron que lo simbólico podía manejar a lo real, pudimos armar hordas de más de cien ejemplares, las creencias nos hicieron poderosos y exterminamos a los otros seres humanos. No dominamos el mundo porque se incrementó nuestra fuerza física, sino  gracias a nuestra fe en seres imaginarios.

Símbolos. Los símbolos ordenaron nuestra vida en torno a seres que existen más en nuestra imaginación que en la realidad como la Peugeot, los partidos políticos, los clubes deportivos, la ONU. Si se congregan en un estadio 50.000 monos se matan. Si se reúnen 50.000 humanos, no pasa nada porque se organizan usan realidades simbólicas imposibles de imaginar para los simios: la autoridad, las entradas, el campeonato, Boca, River. Es por eso que la mayoría respeta a los creyentes y teme a los que piensan críticamente: los mitos transmitidos por nuestros mayores nos ubican en el  mundo, nos tranquilizan, aunque nos alejan de la realidad objetiva si nuestras creencias prevalecen sobre la experiencia empírica.

No dominamos el mundo porque se incrementó nuestra fuerza física, sino gracias a nuestra fe en seres imaginarios

Desde nuestros orígenes organizamos el poder como los otros animales: un macho alfa corría a los otros y dirigía la horda. Cuando creamos sociedades complejas se conservó básicamente ese esquema que rige en buena parte de la Tierra, gobernada por regímenes totalitarios y machistas. Los rusos tuvieron siempre zares con corona o con corbata, los islámicos tienden a confundir religión y política, los países influidos por Confucio, Lao Tse y Buda cultivan la obediencia. Ninguno de ellos está gobernado por una mujer.

Con la revolución industrial surgió  la idea de que el poder debía proceder  de la mayoría de los habitantes de estas sociedades enormes y complejas. Inicialmente los revolucionarios idealizaron a Estados Unidos, un país sin nobles, en el que los trabajadores podían ser presidentes. Carlos Marx estuvo entre ellos. Escribía para el New York Tribune y en la correspondencia con Engels apoyó a los norteamericanos en la guerra con México porque los latinos necesitaban experimentar la “misión civilizadora del capital”. Escribió una biografía despectiva de Bolivar que haría temblar de furia a los militares bolivarianos que saquean Venezuela en nombre de la izquierda.

Revoluciones. En el imaginario creado a partir de la Revolución Francesa usamos los términos “izquierda” y “derecha” para diferenciar a quienes defienden ideas progresistas de los reaccionarios. Inicialmente la “derecha” oscurantista  eran la Iglesia, los nobles, los terratenientes y la “izquierda” los burgueses y trabajadores que defendían el laicismo, y la justicia social. Con la revolución sovietica la  “izquierda” se asoció al comunismo y al socialismo. El PCUS controló el discurso de quienes  combatían al imperialismo norteamericano mientras Rusia “liberaba” a Europa Oriental y convertía a Koenigsberg, antigua capital de Prusia, en Kalinigrado, ciudad habitada exclusivamente por rusos. Desde la izquierda ese fue un triunfo del proletariado, desde el imaginario de los invadidos un atropello. El discurso revolucionario se asentó en la contradicción entre imperialismo y comunismo, y entre capitalismo y liberación. Fue la discusión vigente hasta 1990.

La democracia occidental es una institución reciente. En su forma presidencialista ha durado más de un siglo en Estados Unidos y México. En Chile, Uruguay y Colombia tuvo pocas interrupciones y en Argentina está tierna: durante más de 80 años solo cuatro Presidentes elegidos han terminado su período.

En Occidente surgieron revoluciones que tuvieron que ver con los temas que son hoy el núcleo de lo que se llama “progresismo”: los derechos de la mujer, de las minorías sexuales, los derechos civiles, la ecología, la defensa de la vida en el planeta, temas que fueron prohibidos en los países socialistas.

Capítalismo y tecnología. En los países capitalistas encabezados por Estados Unidos, China, Japón, la Unión Europea, se produce  un desarrollo exponencial de la ciencia y la tecnología, base de la Revolución de la Inteligencia, que está transformando radicalmente al mundo. Los conocimientos científicos de toda la historia de la especie se duplicaron entre el 1900 y 1950.  Esto ocurre cada vez con más frecuencia, en los  primeros  173 días de este año volverá a duplicarse, y lo hará nuevamente antes de que termine el año.

John Pugliano, en The Robots are Coming: A Human’s Survival Guide to Profiting in the Age of Automation afirma que en cinco años, todos los trabajos rutinarios serán ejecutados por algoritmos matemáticos. Las máquinas se encargarán de la acumulación y procesamiento de datos, de redacción de documento en estudios de abogados y otros profesionales. Habrá menos trabajo para los arquitectos que diseñan construcciones seriales y crecerá la demanda de profesionales con capacidad creativa, algo en lo que los humanos somos mejores.

Los adelantos tecnológicos siempre suscitaron el temor de que llevarían al desempleo, pero nunca fue así. En los países con tecnologías avanzadas hay más empleo porque aparecen nuevas ocupaciones, de más calidad, se produce más riqueza y la gente vive mejor. Nadie trata de huir de Silicon Valley para instalarse en Venezuela o Nicaragua, muchos latinoamericanos dan la vida por ingresar a los Estados Unidos.

No tiene sentido empantanarse discusiones sobre fantasmas que desaparecieron con la Guerra Fría, mientras sus protagonistas progresan. Algunos latinoamericanos siguen protestando en contra del imperialismo por la invasión a Vietnam, que es un país que crece gracias a una economía capitalista y una organización eficiente con la que no tuvo un solo muerto en la pandemia, a pesar de sus 100 millones de habitantes y una frontera de 1.400 kilómetros con China. Es un país integrado a la revolución tecnológica

Educación. Un tema central del momento  es la necesidad de cambio radical en la educación. La memorización no tiene sentido cuando los ordenadores almacenan y procesan información con una eficiencia con la que no podemos competir. Hay que estimular la imaginación. En el mundo que viene tendrán mejores oportunidades quienes puedan resolver problemas imprevistos, anticiparse al futuro y generar respuestas creativas. Si Trump y Bolsonaro hubiesen recibido una educación de ese tipo se habrían ahorrado decenas de miles de vidas.

La robótica y la inteligencia artificial avanzan a pasos agigantados estimuladas por la pandemia. En países como Corea del Sur, Alemania, Japón, trabajaban al iniciarse este desastre cerca de 500 robots por cada 10.000 trabajadores. Ahora son 800. Usando el Programa de Oxford sobre Tecnología y Empleo, el Banco Mundial calcula que el porcentaje de trabajadores amenazados por el desempleo será mayor en países como Argentina (65%), India (69%) y China (77%). En Estados Unidos está amenazado el 47% de la fuerza laboral.

La robótica y la inteligencia artificial avanzan a pasos agigantados estimuladas por la pandemia

No podemos solucionar los problemas del futuro atacando con camiones a las empresas argentinas que están en la cabeza tecnológica del mundo. Son parte importante del futuro de todos. Mercado Libre, Globant, OLX, y Despegar, son unicornios que se cotizan en bolsa por encima de los mil millones de dólares. Satellogic es un orgullo para la inteligencia argentina, tendrá pronto ocho satélites en órbita. Durante la pandemia Mercado Libre fue vital para decenas de miles de latinoamericanos, que lo usaron para romper el aislamiento.

Las personas con mente arcaica y envidiosa dicen que estas empresas han crecido demasiado, que hay que limitar su prosperidad, pero son empresas que nacieron en Argentina, se volvieron internacionales y pueden irse a cualquier país que les ofrezca garantías. Ojalá lleguen a ser más grandes que Amazon y se multipliquen por cien.

Las discusiones del siglo pasado carecen de sentido. Los trotskistas no lograrán que se enderece el curso de la revolución sovietica, simplemente porque la URSS desapareció. Tampoco será posible que el falangismo vuelva al poder en España porque algunos obispos celebren misas en su memoria. Esas ideas murieron con la caída del Muro de Berlín. Tenemos que  discutir los riesgos y ventajas de la revolución de la inteligencia, un tsunami que se acerca inevitablemente, que puede ser una gran oportunidad de salir adelante o una enorme tragedia. Los robots y cyborgs que controlarán el mundo en pocos años, no se acordarán de los populistas y los antipopulistas, la izquierda y la derecha, Mao, Franco, Pol Pot, Stalin y Trump. La contradicción del momento está entre la ciencia y la libertad enfrentadas a la magia y al corporativismo.

En el corto plazo la pospandemia puede dar espacio a los cyber-amish que piden más estado, más opresión, menos libertad para los trabajadores y los productores. También es posible que, triunfen algunos estrafalarios apoyados por grupos racistas y antisemitas. De todas maneras, en el mediano plazo, se impondrán las ideas de avanzada que nos conducirán a un mundo con más valores, alejado de la violencia, que se lanzará a la conquista del cosmos.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.