Según los registros censales de Argentina el promedio de hijos por mujer bajó de 1,7 en 2001 a 1,4 en 2022. Entre los hallazgos se destaca que las mujeres que tienen mayor nivel educativo tienden a tener menos hijos. A pesar de que los datos sean de Argentina, la tendencia parece estar extendida por todo Occidente, con el movimiento Childfree (libre de hijos) del Reino Unido, o No Mo (no mother, no madre) en Estados Unidos.
El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) afirma que mientras en 2001 el 32% de los nacimientos eran de mujeres de 30 años o más, en 2016 el porcentaje subió al 38% y sigue en alza. La maternidad, evidentemente, se está postergando. En diversas encuestas, las respuestas más repetidas entre las mujeres que decidieron no ser madres, o retrasaron la decisión, se encuentran la falta de estabilidad económica, el cambio climático, el alargamiento de la vida, o, simplemente, el desinterés.
Cippec también afirma que la brecha de participación laboral entre varones y mujeres aumenta entre aquellos que tienen hijos. “Desde 2003, los varones con hijos son el grupo que alcanza mayores niveles de participación laboral (en torno al 95%), le siguen los varones sin hijos (entre el 85% y 90%). Muy por debajo se encuentran las mujeres sin hijos (entre el 65% y 70%) y quienes menos participan del mercado de trabajo son las mujeres madres (en torno al 60%)”, asegura el Centro en su página web.
Historias: una decisión tomada. “Nunca me sentí negada a ser madre. Nunca dije: ‘Me opongo rotundamente a tener hijos’. Pero siempre fui muy libre y puse en el centro a mi vida laboral. Me gusta mucho viajar y decidir cualquier cosa sin tener que consultarle a nadie. Si me dicen que tengo una oportunidad laboral en Australia en dos días, yo voy”, dice Noelia Fraguela, de 40 años, que hace cuatro años vive y trabaja en Galicia, España, a donde llegó para realizar un máster.
“Siempre escapé de todo lo que me pueda atar: un trabajo largo, un casamiento, un hijo. Jamás me sentí presionada, ni fuera de lugar. Mi familia nunca sacó el tema ni me lo sugirió. Al contrario. Y eso que mi mamá desde los cuatro años sabía que quería ser dos cosas: médica y madre. A mí, por el contrario, en cuarenta años jamás me surgió el instinto materno y creo que, si una no siente un deseo muy fuerte por ser madre, no debería serlo. Conozco a mujeres que fueron madres y después no se hicieron verdaderamente cargo de sus hijos. Eso es un acto de egoísmo. Un hijo cambia todo y una tiene que entenderlo antes de tomar la decisión”, afirma Fraguela, periodista nacida en la ciudad de Ensenada.
Noelia, que está en pareja hace once años, comparte la misma forma de pensar que su compañero: “Si hubiera querido ser padre, ya no estaríamos juntos, dice. ¿Me arrepentiré alguna vez? Puede ser. Pero eso será un problema de la Noelia del futuro. No tendría un hijo solo por el miedo a que me pase la hora. Ni congelaría óvulos, ni nada por el estilo. Uno tiene que hacer lo que cree que es correcto y lo que le hace sentir bien”, concluye.
“Cuando era niña, como todas, jugaba a ser madre, pero a medida que fui creciendo fue un rol que dejé de lado y que empecé a cuestionar. Cuando me comenzaron a preguntar sobre qué quería ser de grande, hablaba de viajes, de profesión, pero no de matrimonio o hijos”, cuenta sobre su proceso Micaela Aguirre, de 27 años, de Mendoza.
“Empecé a pensar en ‘formar una familia’, y mis respuestas eran solo ‘peros’. Cada vez que pienso en el futuro, no me veo maternando. Sé que es un papel que llevaría con mucho amor, respeto y conciencia, pero no lo deseo”, sostiene.
Llegando a los treinta, su familia empezó con las preguntas. “Los comentarios son que soy joven todavía y que tengo que aprovechar, o mi mamá pidiéndome nietos. Ahora soy firme con mi respuesta de no querer ser madre y por ello me juzgan. Algunas mujeres me dicen que piense en qué pasaría si yo me enamoro y esa persona me rechaza, porque no quiero ser madre. Y yo me pregunto: ¿por qué debo pensar en los deseos de los demás antes que en los míos?”, cuestiona Aguirre.
“Los modelos femeninos de mi familia, como mi mamá, mi abuela y mis tías tuvieron hijos después de los treinta, 35 años y siempre hicieron hincapié en que antes de parir tenía que tener una carrera y una vida ‘armada’. Es por eso que la decisión y el deseo de no ser madre se dio orgánicamente y no fue una contradicción ni un conflicto en mi vida”, cuenta Sofía Alzaibar, de 25 años, y estudiante de Locución.
“Creo que en mi decisión hay algo que tiene que ver con lo generacional, con que la adolescencia se ‘estiró’. Pensar en tener un hijo se me hace como ser dos criaturas en un mundo bastante hostil, a pesar de mi inminente adultez”, bromea Alzaibar, residente de Capital Federal.
“Antes que ser madre deseo ser independiente, profesional y autosuficiente. Y, por lo menos en mi círculo, percibo que se piensa similar. Hay una consciencia más amplia sobre el verdadero trabajo que implica ser madre y cómo ese trabajo recae mayormente en las mujeres, lo que no lo hace un destino muy deseable. Y un factor muy importante es el económico. No resulta financieramente solvente el tiempo fuera de la actividad económica y la carga de cuidados que implica un hijo”, opina Sofía. En consonancia con sus impresiones, según diversas organizaciones feministas, las mujeres trabajan siete horas más por semana que los hombres si se suma el trabajo formal y el de cuidados.
“No hablo mucho al respecto porque es una decisión muy íntima. Una escucha de todo, desde chicas que están de acuerdo, a mujeres que son madres y sin embargo, comprenden y comparten mi postura, y hasta personas que te miran con cara de ‘ya te van a dar ganas’”, señala.
“Respecto a la igualación entre ser madre igual ser mujer, me resulta reduccionista y vetusta. Me parece cansador tener que explicar, otra vez, que nuestra condición biológica no implica que tengamos que ser madres, o que tengamos ‘instinto materno’. Y que al osar a no seguir ese mandato, que no es nuestro destino biológico, se nos tilde de incompletas y cargar con un estigma por eso. Somos personas que tenemos nuestros deseos y proyectos que pueden, o no, pasar por esa posibilidad biológica de gestar vida”, sostiene la joven estudiante.
En comunidad. Nunca Madres es una comunidad que acompaña a mujeres que están en el proceso de decisión sobre si quieren o no tener hijos, así como a las mujeres completamente ya decididas a no ejercer la maternidad.
Parece necesario recordar que ser verdaderamente feminista significa poder elegir. “Esto no es un antagonismo con las mamás y sus crías; al contrario, hay que ver cómo nos reencontramos con ellas y cómo dejamos un mejor planeta para los que vienen. Nosotras partimos de que la biología no es destino. No por el hecho de nacer con útero significa que quieras usarlo. Podés ser una mujer completa, plena y feliz y haber decidido no ejercer la maternidad”, dice Irán, cofundadora del proyecto que tiene seguidoras de todas las nacionalidades de habla hispana.
¿Cuáles son los prejuicios más escuchados? “Normalmente los cuestionamientos sobre la no maternidad elegida vienen del exterior; sin embargo, algunas veces también son presiones internas. En sociedades un poco más tradicionales, conservadoras y religiosas, como algunas latinoamericanas, el estigma se hace sentir desde la creencia de que sos una mujer incompleta. Tu función como mujer es ser madre, y cuando decidís no hacerlo, entonces algo está mal”, responden las creadoras de la comunidad, que se define como “mujeres no madres por elección”.
Continúan: “Poco a poco esas creencias empiezan a llenar de miedo: ¿quién te va a cuidar cuando seas grande?, ¿te vas a quedar sola?, ¿y si te arrepentís de no ser madre? La idea central es que nunca podrás realmente ser feliz ni experimentar el amor máximo que hay en la vida”.
¿Y cómo enfrentar el tic tac? “Para las mujeres que están en el proceso de decisión, el reloj biológico es uno de los principales factores que las hacen sentir presionadas. Lo primero que debemos entender para desarticular esta presión es que hay diferentes formas de ser madre. En ese sentido, si querés ser madre biológica, podés, entonces, congelar tus óvulos y postergar la decisión. Pero si estás abierta a otras formas, entonces se puede continuar la exploración de esta decisión sin sentir presión y sin tener que pagar por el procedimiento de congelación de óvulos”, responden.
La policrisis que se sufren en diversos países toman fuerza a la hora de decidir crear una vida. “Hay dos temas recurrentes que hacen que las mujeres se detengan a reflexionar sobre si quieren o no, ser madres: la situación económica y la situación medioambiental”, notan las creadoras de Nunca Madres.
“Considero que la construcción social que se le dio al instinto maternal ayudó no solo a romantizar e idealizar la maternidad, sino también a que muchas mujeres acaben ejerciendo la tarea de cuidados y crianza casi en su totalidad, porque: ¿quién mejor que mamá sabe cuidar? Por nombrar un ejemplo, el trabajo de cuidados y crianza en México representa el 26% del Producto Bruto. No solo es un trabajo no agradecido, sino que tampoco es remunerado, bajo la esfera ‘lo hace por amor’”, dice Irán. “Es así que muchas mujeres tienen hasta triple o cuádruple jornada laboral: la de ser profesional, la de ser madre, la de ser administradora del hogar y muchas veces la de ser la profesora por las tardes de sus hijos”, reconocen las Nunca Madres.