viernes 09 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS Asuntos internos

Los museos contra los vándalos

20-11-2022 01:57

Desde siempre los museos están preparados para contrarrestar el vandalismo hacia obras de arte valiosas, pero la modalidad empleada por los que últimamente están atentando contra cuadros famosos para poner en evidencia la emergencia climática está tomando al personal de seguridad por sorpresa, simplemente porque no están adiestrados para reconocerlos y responder. El personal de seguridad de los museos estaban habituados a individualizar y anticiparse a la posible acción de sospechosos, pero no pueden hacer nada si los sospechosos se parecen tanto a sus propios hijos, sobrinos o hermanos. 

En un reciente artículo aparecido en el Wall Street Journal, la periodista Kelly Crow cuenta que en los Estados Unidos los museos están recurriendo a empresas de seguridad privadas que habitualmente trabajan en aeropuertos o son contratadas para grandes eventos deportivos con el fin de que entrenen al propio personal de seguridad. La Chameleon Associates es un empresa de seguridad californiana que se caracteriza porque gran parte de su staff son ex miembros del ejército israelí. Ya hay una decena de museos que le paga a esta empresa para que, sin aviso, ciertos sujetos se presenten en el museo simulando ser meros visitantes y se comporten como harían los posibles vándalos, es decir, buscando las cámaras de circuito cerrado emplazadas en las paredes y dirigiéndose súbitamente a un cuadro famoso sin mirar alrededor, como haría cualquier visitante normal, o comunicándose entre ellos con gestos. La idea es que los guardias de los museos aprendan a reconocer rápidamente a los eventuales vándalos ambientalistas y puedan detenerlos a tiempo. Y aparentemente la cosa está funcionando, los guardias entran en acción antes de que el acto vandálico se lleve a cabo.

Como era de imaginar, dado que resulta, de inmediato los museos europeos aplicaron el método. Hace poco los guardias del parisino Museo d’Orsay detuvieron a una mujer que llevaba bajo el abrigo una remera que decía Just Stop Oil y que había entrado llevando escondida una botellita de agua llena de sopa, que le fue confiscada. La mujer se fue como vino, sin que la policía tuviera que intervenir.

Muchos museos europeos están empezando a tener un comportamiento más rígido respecto a lo que los visitantes pueden llevar consigo. A los visitantes se les pide que dejen bolsas, carteras y mochilas en el guardarropas, o que directamente vengan sin ellos y carguen consigo solo lo elemental, y son sometidos a leves, veloces y eficaces controlen valiéndose del cacheo de probada eficacia en otros ámbitos. Claro que aquí lo que se busca no son tanto armas de fuego o armas blancas sino simples recipientes conteniendo líquidos. Como si eso no fuera suficiente, muchos cuadros valiosos fueron sometidos a un cambio de marco que permite agregar un vidrio protector, en el caso de que no lo tuvieran.

John Barelli, jefe de seguridad del Museo Metropolitano de Nueva York, dice que las probabilidades de que los manifestantes ataquen una obra que carezca de vidrio protector son escasas, porque lo que quieren es llamar la atención, no terminar en cana. De manera que aquellos museos que eviten los vidrios protectores no corren mayor peligro. Lo que los vándalos han hecho hasta ahora no es tan grave, nada resultó gravemente dañado, al menos para las leyes estadounidenses y europeas en general. Es por esa razón que existen pocas probabilidades de que se presenten y arrojen sopa o pintura sobre un cuadro expuesto en la Tretyakov Gallery o en el Museo Impresionista de Moscú, porque saben que no van a ser tratados con la amabilidad que se les propició hasta ahora.

En esta Nota