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COLUMNISTAS / ECONOMISTA DE LA SEMANA
sábado 28 diciembre, 2019

Los principales desafíos y riesgos del plan económico

por Lorena Giorgio

Respaldo. En 48 horas el Congreso le dio las herramientas clave a la Rosada. Foto: cedoc

La incertidumbre que giraba alrededor de los lineamientos económicos del nuevo gobierno terminó de disiparse con la aprobación de la Ley de Emergencia Económica. El ministro de Economía Martín Guzmán finalmente sacó a la luz su plan para afrontar los grandes desafíos de 2020: incentivar la reactivación económica y despejar dudas acerca de la sostenibilidad de la deuda, para poder allanar el terreno de cara a una inminente negociación con acreedores.      

Los objetivos en esta primera etapa son múltiples: poner en forma las cuentas fiscales a través del aumento de la recaudación y la desindexación del gasto, cuidar las reservas internacionales para demostrar capacidad de pago en moneda extranjera ante la falta de acceso al mercado de crédito, favorecer el ahorro en pesos, alejar temores acerca de un nuevo salto inflacionario e impulsar el despegue del consumo privado como primer paso hacia la reactivación de la economía. En principio, el nuevo gobierno profundizará el proceso de consolidación fiscal fundamentalmente a través de un aumento de los ingresos en lugar de continuar con la baja sostenida del gasto. Asimismo, el plan económico busca alejar los temores de un nuevo salto inflacionario, dejando en claro que reducirá al mínimo nivel posible la utilización de la emisión monetaria como fuente de financiamiento del déficit primario.

Para incrementar los ingresos, el plan incluye medidas como la eliminación del techo de 3 o 4 pesos por dólar para los derechos de exportación y el aumento de la alícuota para varios productos, la introducción de un impuesto del 30% para la compra y los consumos en dólares, y el aumento de la alícuota del impuesto a los Bienes Personales. El nuevo esquema de derechos de exportación aportará a las cuentas del Tesoro casi un punto del PBI el año que viene, mientras que el aumento de la alícuota del impuesto a los bienes personales significará ingresos adicionales por algo más de medio punto del producto, aunque hay que tener en cuenta que más de la mitad se coparticipa a provincias. En cuanto al impuesto del 30% sobre la compra y los consumos en dólares, además de cuidar las reservas se estima que aumentará los ingresos en medio punto del PBI.

Por el lado del gasto, la principal novedad es la suspensión por 180 días de la Ley de Movilidad Jubilatoria, reemplazándola por aumentos discrecionales otorgados por el Ejecutivo, en tanto se debate una nueva fórmula de ajuste. Esta modificación es de suma importancia y fue muy bien vista por el mercado en la medida en que desindexa un componente que explica la mitad del gasto primario, y que al estar completamente ligado a la inflación dejaba pocos grados de libertad a la hora de buscar ajustar el gasto en términos reales.

En cuanto al objetivo de fomentar el ahorro en pesos y cuidar las reservas internacionales para demostrar capacidad de pago en moneda extranjera, se avanzó en esta dirección a partir de la introducción del ya mencionado impuesto del 30% a la compra y consumos en dólares, a la vez que se eliminó el impuesto a la renta financiera para plazos fijos y bonos en moneda local. Asimismo, el Ejecutivo dispuso re-reperfilar los vencimientos de Letes en dólares en manos de institucionales hasta el mes de agosto pero sin dejar de pagar los vencimientos de las letras en pesos, mientras que, aprovechando el buen humor del mercado, desde el Ministerio de Economía reabrieron colocaciones de estas últimas con respuestas favorables de los inversores.         

En este contexto, el gobierno apuesta sus fichas a la reactivación de la economía principalmente a través de tres canales: la redistribución de ingresos hacia sectores más vulnerables que implica el nuevo esquema tributario, el congelamiento temporario de tarifas de luz y gas y el mayor acceso al crédito que seguramente vendrá de la mano de las menores tasas de interés. También se espera que el turismo local se vea ampliamente favorecido por el impuesto a los consumos en dólares que encarecen el turismo en el exterior, y contribuya a sostener la reactivación.    

Con el plan económico (o al menos una gran parte) sobre la mesa, también comenzaron a asomarse los riesgos que se deberán afrontar en el corto plazo. El principal está asociado a la elevada presión tributaria que implica, la cual podría impactar directamente sobre la base imponible y llevar a que los beneficios en materia de ingresos sean menores a los esperados: caída de la inversión, menor actividad, una mayor evasión fiscal, etc. Del mismo modo, la recaudación adicional vía derechos de exportación podría tener que afrontar una sequía que reduzca las cantidades exportadas.  

Por el lado de las erogaciones, el congelamiento temporario de tarifas de luz y gas seguramente ejerza presión adicional sobre el gasto primario, incrementando el porcentaje del precio de la oferta que absorbe el Estado. Al mismo tiempo, si bien contribuiría a moderar la inflación presente, dejaría una gran olla a presión para destapar a futuro si los precios quedan muy atrasados.   

Otro riesgo adicional: con la introducción del impuesto del 30% sobre la compra y los consumos en dólares, se despertó la brecha entre el dólar oficial y el paralelo. Un diferencial muy por encima de la alícuota del nuevo impuesto podría llevar a que los precios locales tomen al dólar paralelo como referencia, con su consecuente impacto sobre la inflación. Al mismo tiempo, una fuerte apreciación del dólar oficial en términos reales comprometería el equilibrio de las cuentas externas.   

Los riesgos son elevados, pero la recompensa es grande. Con una economía en marcha y las cuentas fiscales en mejor forma y aportando previsibilidad sobre la capacidad de pago futura, estarían dadas las condiciones para el desafío final: reestructurar la deuda con acreedores privados y el FMI sin recurrir a un nuevo default. Por ahora, la respuesta del mercado a las nuevas medidas fue positiva, con el riesgo país en baja y bonos al alza; pero esto recién empieza.

*ECONVIEWS


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