lunes 06 de febrero de 2023
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Los traductores de Ovidio

04-12-2022 01:54

En el suplemento La Lettura del Corriere della Sera la periodista Costanza Rizzacassa D’Orsogna entrevista a Stephanie McCarter, la traductora sobre quien recayó la última versión inglesa de Las metamorfosis de Ovidio, el poema de 11.995 hexámetros escrito en el año 8 d.C., una suerte de compendio de mitología greco-latina, la narración de cerca de doscientos cincuenta mitos griegos que tienen en común el tema de la metamorfosis. McCarter enseña a Ovidio desde hace veinte años, primero en la Universidad de Tennessee y luego en la de Virginia. En determinado momento decidió que valía la pena dar un curso sobre las mujeres y los estudios de género en el mundo antiguo. Era 2008 y leían Las metamorfosis en la traducción de Rolfe Humphries (un traductor, poeta y profesor fallecido en 1969), más específicamente leían la violación de Leucótoe. Lo raro es que la traducción no hablaba de violación. Escribió entonces un ensayo, “Cómo los traductores de Las metamorfosis transformaron la violencia sexual en un encuentro consentido”, que concluía diciendo: “Es hora de que una mujer traduzca a Ovidio”. Un día recibió un email de Penguin Classics ofreciéndole hacerlo. Stephanie se cayó de la silla.

Casi todos los traductores de Ovidio fueron hombres, profesores universitarios prestigiosos que luego de años de enseñar literatura clásica decidieron incursionar en la traducción. Solo una mujer, la escocesa Mary Innes, había traducido a Ovidio en 1955. Innes no era poeta como Humphries, de modo que no se atrevió a lidiar con la rima y tradujo a Ovidio en prosa, lo que no le dio la visibilidad merecida. Cuando por ejemplo la joven virgen Céneo es violada por Neptuno, Ovidio utiliza la palabra vis, “fuerza”, de donde procede la palabra “violencia”, lo que significa provocar un daño físico. Las traducciones anteriores utilizan eufemismos: A.D. Melville utiliza ravished her, una expresión muy presente en las novelas rosas y que significa éxtasis, extremo placer, lo que sugiere un encuentro excitante. Años antes, Horace Gregory utiliza la palabra “montar”: “El dios del mar la montó”, agregando incluso que Neptuno “estaba muy complacido y pensaba que también lo estaba Céneo”. Pero Ovidio es muy claro: no confunde violación con sexo, es decir no ve la escena desde el punto de vista del violador.

Resumiendo: hace dos mil años Ovidio hablaba claro, los que confunden las cosas son sus traductores. Ovidio está del lado de la víctima, sus traductores del lado del victimario. En la traducción de Gregory, Céneo dice: “Nunca más tomaré a un hombre”, como si hubiese sido ella la que tomó a Neptuno. Melville, agrega la palabra wrong, reconociendo al menos que algo desagradable acaba de ocurrirle a Céneo. En el mismo pasaje, Ovidio habla de pati, término que McCarter traduce por “sufir”, haciendo explícita referencia al estupro.

Cuando los traductores hablan de “éxtasis” es porque sencillamente no son capaces de reconocer la violación, dice la traductora: “No es que eso lo diga Ovidio, es que a los traductores les enseñaron a describir de ese modo la violencia sexual”. Ovidio (los romanos de entonces en general), tenía una visión muy sofisticada de la sexualidad, tenían mucho más claro que nosotros la relación entre identidad y forma: Céneo está tan traumatizada que le pide a Neptuno que la transforme en hombre para no volver a pasar nunca más por una experiencia semejante. Pero su identidad sigue intacta. No se trata de adecuar la lengua de Ovidio al mundo contemporáneo, se trata de correr los velos que ocultan un lenguaje que ya está presente en Ovidio.

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