jueves 20 de enero de 2022
COLUMNISTAS brechas
29-10-2021 23:55
29-10-2021 23:55

Nada por dos pesos

29-10-2021 23:55

Pobre de mí. Billete de arrugar. Me juntan en bolsillos, ando suelto en las carteras. Soy tan antiguo que en cualquier momento desaparezco. Cada vez valgo menos, me devalúo al cambiar de mano. Soy peso argentino sin ningún peso. Todo lo que puedan obtener es más que lo que yo consigo al día siguiente. Preferible quedarse con provisiones que conmigo. Nadie me guarda, hasta los chanchitos andan flacos. No tengo fecha de vencimiento y sin embargo me siento vencido. No hay política que me sostenga, como si quemara más que el calor mismo. Condenado al descenso, soy peso sin ningún piso. O siempre hacia abajo. ¿Cómo se construye cayendo? Envidio al verde, como le dicen. Más bien lo cuestiono. Ese aroma metálico, especulador. Lo tienen afuera o por lo general anda guardado. Lo usan en otra parte o es ahorro obligado. Verde que no te quiero ver. Tan poco verde árbol. Es billete ajeno, y aprovecha la distancia. Sin embargo se alimenta del cambio. Rige destituyéndome. Cada vez más elevado, como si la brecha le diera vuelo, deja desposeídos a los que solo cuentan conmigo: el peso argentino, el vapuleado, casi inútil, indefenso. Y encima al otro lo llaman blue, color de cielo monetario. 

No pretendo alcanzarlo, solo quisiera alcanzarle a la gente. Soy la razón de la pobreza porque no valgo lo suficiente. Juntan unos billetes y enseguida desaparezco. El salario recobra su etimología, pero invertida: en épocas remotas se pagaba con sal, hoy la vida se puso más salada que nunca… No hay bolsillo que me retenga ni billetera que aguante. La realidad está famélica, la inflación la vuelve insaciable, engulle las horas de trabajo y las devuelve agujereadas. ¿Cómo valer lo suficiente para que puedan seguir comprando? Tanta belleza y necesidad al alcance de los ojos, a veces tan lejos de las manos… Un durazno, frutillas, lechuga fresca. Las verdulerías cambian los precios todos los días, y según las cuadras. Qué culpa tiene el tomate de que lo remarquen todas las mañanas; cuántos pesos hay que dar por el fruto que hace mixta la ensalada. Los huevos ya se venden sueltos (si las gallinas supieran con lo que las maltratan, el destino explosivamente oneroso de sus horas empollando…). Ni tiempo en los restaurantes tienen de anotar las alzas. Por lo que valgo hoy, no se come igual la siguiente semana. 

Mi debilidad es flagrante, nadie logra rescatarme. Ni con diseño nuevo adquiero valor de recambio. Me sacaron los próceres, me pusieron animales. El yaguareté en los de quinientos, el hornero en los más altos. Si fuera peso para aplacar el hambre, construir el nido… Pero no hay representación que me salve, estoy a merced de la paridad cambiaria. Engañoso oxímoron, cambio constante del cambio, no hay paridad que aguante. Definición cada vez más indefinida: “La paridad cambiara es la situación en la que dos monedas de distinto valor presentan una relación equitativa en lo que a poder adquisitivo se refiere”. Buen chiste, la teoría.

Lo que antes era “todo por dos pesos”, ahora es nada por lo mismo. Los billetes más bajos no llegamos ni a caramelos. Uno de los nuestros andaba tirado, a la espera de una sonrisa que lo recogiera advirtiendo su buena fortuna, y así pasaron más de diez ignorándolo. Llegaron a pisarlo, y por unas cuadras anduvo pegado. En la bajeza de una suela yacía sin reclamo. Ni para agacharse valía… Más que peso, parecía centavo. 

¿Recobraremos valor en esta cruzada del mango? ¿Cuánto más alejados podrán estar los discursos de las necesidades básicas? Hasta nos miran con desgano en los supermercados, implorando una tarjeta o Mercado Pago… ¿La virtualidad desmerece nuestra naturaleza contante? Dicen que solo un 8% del dinero existe en forma física. Ya ni valemos para el tacto. Convertidos en reliquia de intercambio desde que comenzaron los pagos electrónicos a fines del siglo pasado, ahora nos desvalijan nuevos parientes intangibles y bastardos, tan oscuramente llamados. Criptomonedas.  Bitcoin, litecoin o dogcoin. Hasta el nombre perdemos en el cambio. ¿La devaluación alcanza al significado? Por otros pesos más pesados –extrañamente volátiles– nos están dejando de lado.

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