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COLUMNISTAS / GRIETA, MERCADOS Y DOLAR
domingo 18 agosto, 2019

Nos lleva tiempo dejar de ser boludos

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por Jairo Straccia

HONDA. Mientras discutimos dólar e inflación, se levantan plantas de autos. Foto: cedoc

Déjenme usar la palabra boludo, boluda, bolude como sinónimo abreviado coloquial de un montón de otros adjetivos que en todo caso podrían sumarle matices o especificidades, como (boludo) soberbio, (boludo) ambicioso, (boludo) caprichoso, (boludo) ideológico, (boludo) mesiánico. La disparada del dólar esta semana y su estabilización al menos temporaria después reveló el precio que estamos dispuestos a pagar por tardar más de la cuenta en, justamente, dejar de ser boludos, un mal que hemos repetido hasta la derrota siempre.

“No hay ningún emergente que caiga en default por necesidades de financiamiento de 5,2% del PBI. ¿Por qué estamos hablando de default? Porque estamos locos. Uno gana una elección y el Presidente no lo llama. El Presidente lo llama, el otro no lo atiende. El mundo dice ‘tienen la plata para pagar, pero están locos’”, soltó Emmanuel Alvarez Agis, ex viceministro de Axel Kicillof y hoy consultor border del equipo económico del candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández. “Por los fundamentals de la Argentina, no estamos ni cerca de una crisis como la de 2001. Si vamos a una crisis, es porque somos tontos, y de los dos lados lo digo”, coincide Luis Caputo, ex jefe del Banco Central, sentado a metros de Agis frente a un auditorio como el de la Bolsa de Comercio. En una hora y cincuenta minutos, este miércoles dejaron en claro cómo hemos sido capaces de complicar con grieta sin sentido nuestros quilombos estructurales de siempre porque (lo dijeron de otra forma) nos lleva tiempo dejar de ser boludos.

Es como si el susto nos hubiera actualizado el software, al menos por un par de días. El chat de La Moncloa que hizo Macri después del mamarracho original del lunes; la respuesta uruguaya de un Fernández que habló de llevar tranquilidad ya lejos de poner en duda el pago de las Leliq en la campaña. Ambas señales nos regalaron un halo noruego en medio del caos que a algunos puede ilusionar con que a nuestro ritmo tal vez estemos entendiendo que no se puede gobernar  para siempre gritando en Intratables, con memes barderos o tuits ácidos. Que los problemas que se repiten los profundizan los delirios a ambos lados de la grieta hasta que a fuerza de palos reiterados nos vamos dando cuenta de que pagamos el costo de ser boludos duraderos. Como los profundizaron hace mucho los que podían ir de a poco haciendo correcciones en 2006 mientras había superávit gemelos y prefirieron chocarla hasta que se quedaron sin dólares y cavaron su fosa para una década más tarde ir a buscar al que criticaba toda esa curva para que los haga competitivos en las elecciones. O como los profundizaron ahora también los que la cancherearon levantando toda restricción cambiaria porque se venía la nueva Argentina y eliminaron las retenciones de un saque porque la tenían grande y ahora discuten meter algún control de capitales y reimplantaron los impuestos a la exportación porque se los impuso la necesidad.

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Lejos de estas minucias, la banca internacional ya puso primera para entablar vínculos con el que ya consagraron puertas adentro como el nuevo presidente desde el 10 de diciembre. Además de la carta membretada del Citi que le enviaron a Fernández, el capo del JP Morgan en la Argentina, Facundo Gómez Minujin le dejó un mensaje al asesor del Frente de Todos, Matías Kulfas, también tratando de llegar, como tantos otros popes del establishment, al aún candidato. En la banca preparan hasta una broma para ablandar los diálogos y dejar atrás posibles espantos. La nomenclatura financiera del bono dual que vence el año que viene les hace un guiño: es el AF20.

Ojalá que lo que se vio esta semana sea el arranque de menos humo y más mesas compartidas para resolver problemas básicos que nos permitan atender otros nuevos que aunque parezcan futuristas nos pegan al mismo tiempo. Esta semana la automotriz japonesa Honda anunció que levanta su planta  de Campana que tiene mil empleados porque dejará de hacer autos chicos ante el cambio global en el mundo de las cuatro ruedas, donde crecen el uso compartido de vehículos de alquiler, por ejemplo. Giladas para los que vivimos en loop discutiendo el dólar y la inflación.


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