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COLUMNISTAS / preocupaciones
sábado 16 febrero, 2019

Noticia bombo

Wyley Simpson nació mujer, pero siempre se sintió hombre y comenzó un tratamiento hormonal para cambiar de sexo; recibía altas dosis de testosterona y hacía años ya que no menstruaba, pero no se decidía aún a realizar la operación de conversión de su vagina a miembro viril, cuando descubrió que estaba embarazada/o de su pareja, Stephan Gaeth.

por Daniel Guebel

default Foto: CEDOC
sábado 16 febrero, 2019

Wyley Simpson nació mujer, pero siempre se sintió hombre y comenzó un tratamiento hormonal para cambiar de sexo; recibía altas dosis de testosterona y hacía años ya que no menstruaba, pero no se decidía aún a realizar la operación de conversión de su vagina a miembro viril, cuando descubrió que estaba embarazada/o de su pareja, Stephan Gaeth. El pequeño Rowan Fox nació en septiembre de 2018 (una pequeña digresión permite dejar constancia de que, salvo que el Google Translate nos engañe, Rowan significa “serbal”, árbol decorativo cuyos frutos se emplean para el vodka ruso, y “fox” es ni más ni menos que zorro. Ya Rowan F. agradecerá el detalle).  

La pareja decidió continuar con el embarazo y las fotos periodísticas muestran a una pareja feliz, que asegura a los medios que siempre soñó con tener hijos y ahora planea dar a conocer su historia para ayudar a otras parejas gay, entre otras actividades como recorrer el país en camioneta junto al bebé y el perro, chocho con el cachorrito humano. Como decía Rubén Giordano, editor inolvidable de la sección Personajes de la revista Noticias, “que la gente se quiera es siempre una buena noticia”.

Pero no todo lo bueno es bueno para los que vierten su opinión en las redes. El sentido común (que naturaliza siempre como verdad la corriente hegemónica de pensamiento fascistoide dominante) postula cosas como “ma qué trans, si no se puso el pedazo es una mina con barba”, y delicadezas semejantes, o “ma qué pareja gay, el tipo se acostó con la señora y listo. Decile que se afeite, flaco”.  Semejantes preocupaciones bolsonaristas por la cuestión de las identidades sexuales ajenas no puede menos que leerse como una pregunta angustiosa (y sí, invertida), respecto de la propia. ¿Sueña el gay que penetra en la vagina de su pareja a la que quiere como hombre que está acostándose con el fantasma de una mujer perdida?


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