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COLUMNISTAS / peliculas
sábado 16 noviembre, 2019

Opiniones sobre un payaso

por Fabián Casas

default Foto: CEDOC

Cuando cumplí ocho años un payaso vino a animar mi fiestita. Era malísimo y mis compañeritos de colegio me preguntaban: “¿Quién es este tarado que hace chistes tan malos?” “Es mi papá”, les decía en voz baja. Mis padres quisieron darme una sorpresa, ahorrarse al animador y sacar adelante mi cumpleaños.

En ese mismo momento, en la ciudad de Nueva York empezaba una década letal: David Berkowitz, que pasó a la historia conocido como “El hijo de Sam”, asesinaba a tiros a parejas que se besaban en los autos y tenía tiempo para mandarle cartas a la policía –no había Twitter–, donde decía cosas como esta: “Saludos desde las alcantarillas de la ciudad de Nueva York llenas de caca de perro, vómito, vino picado y sangre”.

En La historia secreta del disco, Peter Shapiro cita a Vincent Canby, un crítico de cine que habla de la situación de Nueva York para esa época, antes de que mataran a John Lennon: “La ciudad de Nueva York parece una metáfora de lo que parecen ser los últimos días de la civilización americana. Está dirigida por ineptos. Sus ciudadanos están a merced de los criminales que, la mitad de las veces, están protegidos por una alianza profana entre libertarios civiles y policías corruptos. El aire está viciado. El tráfico es imposible. Y los servicios no cesan de retraerse y la moral es tal que pedir una taza de café en un comedor cualquiera puede volverse rápidamente una invitación a que a uno le dejen un labio morado”.

En fin, asesinos, ratas gigantes, paro de recolectores de basura y hasta un gran apagón. En el medio, los Stones van allá para componer su ultimo gran disco: Some Girls.

Sobre esta polis desquiciada se mueven los personajes de dos grandes películas de Martin Scorsese: Taxi Driver y El rey de la comedia. Y también Joker, la película de Todd Phillips que está causando furor en los espectadores que aún van al cine.

Hace poco presencié una discusión sobre las bondades o defectos de esta película y daba la impresión de que la gente que discutía lo hacía sobre algo más, sobre algo secreto y recóndito que estaba en juego cuando te definías sobre de qué lado estabas en la apreciación del film. ¿Qué será?

En El fin de lo nuevo, el crítico Domin Choi era lapidario con la película Birdman. Decía que después de verla había pensado en dejar de ir al cine porque la operación del director –Alejandro González Iñárritu– lo había desquiciado. ¿Cuál era la operación? Construir una película arty, de autor, de manera deliberada, sin riesgo.

La película de Todd Phillips tiene algo de eso, pero todavía va por más. Se propuso tener una pata en el mainstream y otra en el cine de culto y, al ver los resultados, debemos decir que la rompió: ganó en el Festival de Venecia y reventó las taquillas como el mejor tanque de Hollywood. La película es más un solo de actor que un film complejo como Taxi Driver.

Joaquin Phoenix encarna a un Guasón que resulta empático con cierto sentir social de esta época y logra zanjar el peligro de inconclusión dialéctica que tenía el film: Batman no está, no hay contracara. Solo un Bruce Wayne con cierto rostro reganiano que muere una y otra vez a la salida del teatro o del cine, no me acuerdo. Creo que hay una escena central en el film donde se dividen las aguas: ahí la seguís o desconectás. Es cuando el Guasón vacía una heladera y se mete adentro. Dicen que la escena no estaba en el guion y fue improvisada.

El flashback donde el director te explica que el Guasón se imaginó su relación amorosa con una vecina es lamentable. Otra escena icónica es la danza del Joker mientras baja escaleras larguísimas. Para que la disfrutemos, el director ralenta la imagen. Es un videoclip.

Ya sabemos que Zizek en español suena a “sí, sé”: el esloveno sabe todo y opina sobre todo. Con respecto al Joker se quejó de que algunos críticos compararan al payaso con Trump. Para él, la mascara del Guasón tenía cierta potencia política, como las caretas de V de venganza que se han visto en varias manifestaciones. Que la cara de Ernesto Guevara o de Ho Chi Min o Antonio Gramsci hayan sido sustituidas en las manifestaciones por los personajes de cómics habla bastante de nuestra época.

Estamos esperando por un nuevo rostro humano.


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