COLUMNISTAS
ENTRE EL CONSENSO Y LAS "RATAS DE LABORATORIO"

¿Quién conmueve a Larry Fink?

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Celebrity. Embolsó más de US$ 25 millones por su trabajo en BlackRock en 2019. | WEF

—Wow! So Pablo Gerchunoff just signed a letter supporting Argentina? Really? Then it’s serious. We must do something.

Nadie sabe si Laurence Fink, el número uno de BlackRock –el mayor fondo de inversión del mundo– y uno de los interlocutores más poderosos con los que Argentina está renegociando su deuda, habrá recibido esta semana una copia traducida de la carta abierta de los economistas argentinos que respaldaron la propuesta del Gobierno. Pero seguramente le debe haber llegado su versión original, la de los galácticos del pensamiento económico convocados por el premio Nobel Joseph Stiglitz para bancar a su discípulo en la Universidad de Columbia y actual ministro de Economía, Martín Guzmán, que se publicó en el portal Project Syndicate. Y si tampoco se anotició de eso, alguien sí le habrá arrimado otro artículo de uno de sus firmantes, el profesor también de Columbia, Jeffrey Sachs, que directamente lo interpeló en público: “En el pánico de 1907, fueron John Pierpont Morgan y su banco quienes guiaron al sistema financiero de vuelta desde el borde del abismo. En 2020, (...) BlackRock podría guiar a los bonistas a refinanciar la deuda argentina con una tasa segura y hacer lo mismo con otros prestatarios soberanos afectados por la pandemia. Tu turno, Larry Fink, te toca ayudar a evitar una catástrofe financiera mundial”.

El fondo de inversión que es conocido como “el dueño de todo” por sus ramificaciones en acciones de todo tipo de empresas en el planeta y porque maneja unos 7,3 millones de millones de dólares –un número inmedible pero algo así como 10 a 15 veces el PBI de Argentina– quedó en el centro de la pelea del Gobierno con los acreedores. No se sabe si por la bronca luego del destrato de su representante, el mexicano Gerardo Rodríguez, hacia los funcionarios argentinos durante las charlas por Zoom, o como parte de una estrategia, la de doblegar al más fuerte para que luego se alinee el resto. Pero en la última semana, el propio Ministerio de Economía divulgó al periodismo los detalles de la contraoferta que le habían rechazado para mostrar que pedían una exageración y al mismo tiempo, en las últimas horas del viernes, luego del muy bajo nivel de adhesión cosechado por la propuesta al menos hasta su primer corte, se esforzaban por hacer trascender que BlackRock había vuelto a la mesa de discusiones.

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Dado el peso de la compañía que fundó en 1994, Fink hoy es una celebridad de alto perfil en el mundo de las finanzas, más cercano por lo cerebral a Marty Byrde, de Ozark, que a las locuras de Bobby Axelrod, de Billions, sin que esto implique decir nada sobre el origen de los fondos que maneja. Lo reciben jefes de Estado, ministros y todo tipo de CEOs, y tiene una agenda como de presidente. Es noticia cada vez que informa cuánta se lleva: en enero cobró US$ 25,5 millones del ejercicio 2019, repartidos en casi US$ 8 millones cash, US$ 16 millones en acciones y su salario base de US$ 1,5 millones, según informó a la Comisión Nacional de Valores yanqui, la SEC. Suele aparecer también en las páginas del real estate cada vez que se muda por lo que salen sus monoambientes, como un bulito de Manhattan que vendió en 2018. Ahí sí lo hicieron morder el polvo. Anotá, Guzmán: lo había valuado en US$ 17 millones y terminó entregándolo por 12. Últimamente también escaló en las coberturas por la coronacrisis: la Reserva Federal escogió a BlackRock para manejar la compra de títulos ligada al rescate de empresas.

En su última carta a socios y clientes se mostró preocupado por el cambio climático

Es cierto. Al Gobierno le quedan muchas cartas para conseguir que Fink y sus gerentes se conmuevan y agarren viaje. ¿Una carta de apoyo firmada por actores y actrices tipo Alejandra Darín? ¿Un tuit de Marcelo Tinelli que le diga “metete con uno de tu tamaño”? Va a estar difícil, igual. Cuando el príncipe saudí Mohammed bin Salman estaba siendo acusado de matar y descuartizar al periodista de The Washington Post Jamal Khashoggi, Fink rápidamente aclaró que seguiría haciendo negocios con su socio de turbante. En todo caso, hay que entrarle por la vía ecologista, Martín. Que Nicole Neumann lo arrobe en un posteo animalista, donde asocie la quita con algún beneficio de la naturaleza. Porque en la última carta anual a sus socios y clientes, Fink aseguró que su fondo desde ahora se va a retirar de todas las empresas que no cumplan con estándares ambientales. The Wall Street Journal publicó un editorial titulado “El último sermón de Fink”, y entre tomarle el pelo y recordarle que sigue invirtiendo en petróleo y carbón, se preguntaba si ahora habla de “sustentabilidad” porque quiere ser secretario del Tesoro.

Más allá de todo, que la oferta de Guzmán concite el aval de economistas que van desde Fernando Navajas, de Fiel, o el propio Gerchunoff, que apoyó la gestión de Cambiemos a puro tuit, hasta Emmanuel Álvarez Agis, que trabajó con Cristina Kirchner, habla de que no hay locuras en el planteo de buscar oxígeno un par de años sin romper todo, una idea que se aprecia detrás de la extensión del diálogo aparentemente hasta el 22. Eso sí, también es atendible el planteo de la economista Marina Dal Poggetto, que en un artículo de El Cronista el viernes advirtió sobre los riesgos de ser “ratas de laboratorio” de la academia internacional, que necesite tensar un casi default como caso testigo para una nueva arquitectura global que reclaman opinators desde sus deptos del primer mundo sin brecha cambiaria.

Un párrafo aparte en este contexto merece la reacción de los hombres de negocios más importantes de la Argentina nucleados en el sello AEA, que después de no haber dicho ni mu hasta ahora sobre ninguna medida de la pandemia emitieron un comunicado pidiendo “mantener vivo al aparato productivo” y advirtieron sobre los peligros del corte de la cadena de pagos y de entrar en default. La Asociación Empresaria Argentina es la agrupación donde tallan los grandes dueños del capital. Tiene hitos históricos desde su nacimiento para lograr la pesificación de las deudas en 2002 que reclamaba Héctor Magnetto, del Grupo Clarín, hasta el acompañamiento a Paolo Rocca, de Techint, el día de 2018 en que admitió haber pagado coimas a ministros de Cristina Kirchner. La novedad del comunicado, que incluso enojó a más de un miembro por la falta de tacto, es que tuvo entre sus impulsores a Enrique Cristofani, un banquero retirado y ferviente votante del macrismo, que se fue del banco Santander tras una larga carrera, coronada al inaugurar una millonaria torre corporativa en la eesquina porteña de Paseo Colón y Brasil. Salvando las distancias, algo así como un Larry Fink del Parque Lezama.