COLUMNISTAS
cuando escribir es un peligro

Quiénes son los escritores cuyas vidas corrieron peligro

El ataque ocurrido el viernes 12 en la localidad de Chautauqua, en el estado de Nueva York, es terrible, pero no es nuevo. Salman Rushdie fue acuchillado reiteradas veces por Hadi Matar, de 24 años. ¿La razón? La novela Los versos satánicos, por la que pesa sobre su autor una condena a muerte sentenciada en Irán que estuvo a punto de ser cumplida. Pero hubo con anterioridad más revanchas de ese tipo: los egipcios Naguib Mafhuz y Farag Foda, el argelino Tahar Djaout y la marroquí Zineb El Rhazoui, quien escapó de milagro a la matanza de Charlie Hebdo. Y de los vivos, el turco Orhan Pamuk.

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Salman Rushdie, atacado el viernes 12. | cedoc

Hadi Matar (24 años), quien el pasado viernes 12 apuñaló en Estados Unidos al escritor británico Salman Rushdie, se ha declarado inocente ante la Justicia que lo acusa de intento de asesinato. Seguramente su “misión divina” está lejos de la apreciación de los hombres occidentales, más si llevó a cabo la fatwa ordenada por el ayatolá iraní Ruhollah Jomeini tan solo cuatro meses antes de su muerte en 1989, medida política que trasciende el tiempo de todos los hombres, forma siniestra en la que podemos leer que Alá es más grande. No obstante, el atentado a Rushdie tiene varios antecedentes, comencemos por uno tan similar como espeluznante.

En 1994, el escritor egipcio Naguib Mahfuz –Premio Nobel de Literatura 1988– fue apuñalado en su país por dos extremistas islámicos (Mohamed Nafi Mustafá y Mohamed Al Mahlaui), quienes consideraban su obra como blasfemia contra la religión musulmana. El autor de Trilogía del Cairo (conformada por las novelas Entre dos Palacios, Palacio del deseo y La azucarera) –con una producción que superó las cincuenta novelas–, sufrió terribles secuelas por las heridas en su cuello, como pérdida de visión, problemas auditivos y parálisis en el brazo derecho, que casi anularon su actividad literaria. Un año después, los dos atacantes fueron ahorcados en una cárcel del Cairo, luego de un proceso donde reconocieron no haber leído una sola página escrita por la víctima. No obstante, en 1996, Mahfuz volvió a ser amenazado por grupos radicales islámicos que lo sentenciaron a muerte por herejía. Murió en 2006, alejado de la vida pública, a los 94 años. Al día de hoy su novela Hijos de nuestro barrio, 1957, sigue prohibida en Egipto.

Pero el atentado a Mahfuz ya estaba ensayado con efectividad: el 8 de junio de 1992, el escritor y activista de derechos humanos egipcio Farag Foda fue asesinado a tiros por dos activistas islámicos del grupo Al-Gama’a al-Islamiyya, luego de ser acusado de blasfemo por el comité de eruditos, o ulama, en al-Azhar. A fines de ese año sus obras fueron prohibidas por el mismo círculo de fanáticos. 

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El crimen de Foda se incluyó entre los 202 que ocurrieron entre marzo de 1992 y septiembre de 1993, todos bajo el señalamiento religioso. Su defensa de un islamismo moderado lo llevó a enfrentar, por ejemplo, la condena por inmoral a la transmisión televisiva del ballet El lago de los cisnes, señalando que el problema se encuentra en el espectador más que en el acto de ver o en lo que se ve, sugiriendo que así como la legislación religiosa indica que los hombres eviten mirar a mujeres como a hombres, también se abstengan de hacerlo con los niños. Un año después, fue asesinado en Argel el poeta y escritor de dicho país, Tahar Djaout, con tan solo 39 años y una obra que incluye diez novelas, entre ellas un título inquietante: La invención del desierto, publicada en francés en 1987. El Grupo Islámico Armado se adjudicó el crimen y uno de sus ejecutores adujo que manejaba “una temible pluma”. 

Pero a esta serie de crímenes se deben sumar amenazas y persecución donde también concurren cuestiones políticas. El premio Nobel de Literatura 2006, el turco Orhan Pamuk, es un ejemplo viviente. Exiliado en Estados Unidos, escapó a un complot para su asesinato tramado por la red Ergenekon que aglutina a militares, magistrados, mafiosos, académicos y periodistas, todos nacionalistas conservadores. No solo fue el primer escritor del mundo islámico en apoyar a Rushdie, también denunció la falta de libertad de expresión, el giro al islamismo fanático como la injusticia social en su país. Ya en 2005 adjudica a Turquía la responsabilidad histórica en las masacres de los kurdos y el genocidio armenio, de allí sufre un intento de proceso judicial.

Las mujeres no están fuera de la mira extremista religiosa. Zineb El Rhazoui (40 años), periodista y ensayista marroquí, especializada en sociología de las religiones en La Sorbonne, sobrevivió al ataque terrorista de Charlie Ebdo de 2015 por encontrarse en Casablanca. Conocida como la mujer más protegida de Francia, califica su existencia como una prisión ambulante. Algo que la diferencia de J.K. Rowling, autora de la saga de Harry Potter, amenazada por Twitter por un supuesto fanático pakistaní que ante su adhesión a Rushdie expresó: “serás la próxima”, hecho que investiga la policía de Escocia. Zineb, corresponsal de guerra en la Franja de Gaza entre 2008 y 2009, incitó a que la lectura de Los versos satánicos de Rushdie sea obligatoria, una respuesta efectiva a tanta sangre contra la tinta.