COLUMNISTAS

Recuerdo de bancos

310 políticos radicales aceptaron el cargo de intendente de diversas ciudades y pueblos durante la dictadura.

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Cada vez va quedando más lejos, se habla poco del tema, o directamente nada. Pero a mí, las fechas cercanas al 19 y 20 diciembre me recuerdan indefectiblemente el estallido de 2001. Los casi 40 muertos durante la represión final del gobierno de la UCR. Partido que se autopercibe como democrático y republicano, durante gobiernos radicales ocurrieron la semana trágica de 1919, los fusilamientos en la Patagonia en 1921, y el primer progrom antijudío del que se tenga memoria en América Latina, también en 1919. Luego muchos radicales participaron como comandos civiles antiperonistas, apoyaron y jamás condenaron los bombardeos a civiles en Plaza de Mayo en el 55, participaron de las elecciones del 58 y el 63 con el peronismo proscripto (en las escuelas aún enseñan que esos gobiernos fueron democráticos), finalmente 310 políticos radicales aceptaron el cargo de intendente de diversas ciudades y pueblos durante la dictadura de Videla. Pues, ¿de qué forma otra iba a terminar las manifestaciones populares de 2001?

Pero no solo recuerdo eso. Recuerdo algo más, algo novedoso en la vida pública argentina, una serie de eventos extraordinarios, maravillosos, inolvidables: recuerdo a los bancos tapiados, con la gente (muchas veces jubilados, viejos, pobres) martillando contra las chapas que pusieron para protegerse. Especie de gigantesco happening mezclado con activismo contracultural fue, tal vez, el último gran momento en que sentí una inmensa felicidad ante un hecho político. La escena de los bancos rodeados, del pueblo en la calle cercándolos, es de una potencia crítica que se mantiene intacta en la memoria subterránea de la ciudad. Como es sabido, duró lo que un suspiro. ¿Qué esperábamos, que la clase media dé la revolución? Esa misma clase media que había apoyado a Martínez de Hoz y a Menem, que luego apoyaría a Macri. Yo duré dos o tres asambleas barriales en darme cuenta que nada interesante iba a salir de allí. Luego vinieron las elecciones de 2003, cuyos resultados son aún clave para entender el presente. Menem sacó 24, 4%, Kirchner 22, 2%. Tercero salió López Murphy, con 16, 3%. Como es conocido, Menem no se presentó al ballotage y asumió Kirchner. Pero la clave está en otra parte: después de la tragedia social que implicó el neoliberalismo de Menem, con el recuerdo bien fresquito de los daños irreparables para la economía y la vida en común, solo unos años después, entonces, esa política económica y ese modo de vida (porque el neoliberalismo es eso: un modo de estar en el mundo) sacó casi el 40% de los votos, si sumamos, como corresponde, los votos de Menem con los de López Murphy, que económica y hasta ideológicamente expresaban lo mismo (las diferencias eran solo de orden cosmético: temas como la corrupción, etc. Hoy ya no hay diferencias, están todos en el mismo partido). Después de Martínez de Hoz es falso seguir pensando que es el peronismo quien vertebra la vida política argentina: es el neoliberalismo. En esa elección ya estaba presente eso que hoy se llama Macrismo, que incluye el voto de inmensos sectores de clases populares. Se esconde un enigma allí sobre el que nunca hay que dejar de indagar.

Sin embargo, en mí, el recuerdo de los bancos rodeados, aunque aparentemente olvidado, reaparece cada año con la fuerza cultural de lo reprimido, casi en un sentido psicoanalítico.

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