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COLUMNISTAS / cultura / opinion
domingo 6 mayo, 2018

Revoluciones esotéricas

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por Quintín

Kodwo Eshun Foto: Cedoc Perfil

Deambulando por los pasillos de la Feria del Libro me detengo frente al stand de Cactus, donde me sorprende una revelación. Siempre me pregunté por qué Cactus editaba libros de cine tan oscuros como los de Jean Epstein o Abel Gance. La respuesta es que la editorial se dedica a seguir “ciertas huellas que es necesario explorar para sobrevivir”. Y esas huellas son las que ha dejado Gilles Deleuze en su vasta y variada bibliografía. Es decir que el nutrido catálogo de Cactus está inspirado en Deleuze e integrado exclusivamente por autores y temas de los que se ocupó el filósofo. Por ejemplo, de Epstein y Gance pero también de Bergson, de Spinoza o de Foucault, entre otros muchos pensadores y artistas. Pregunto quiénes son los responsables de este emprendimiento que intenta hacer algo para humedecer “el desierto de las categorías resecas de la filosofía académica y de la historia abiótica del pensamiento”, y me cuentan que se trata de cuatro traductores deleuzianos. En el sitio web de la editorial se definen como cuatro monjes a salvo de “los prestigios, las jefaturas, las competencias y de la invasión del ruido mental que hace la polis, que no deja pensar”. No dicen sus nombres pero Yasmin, la responsable de prensa, me regala uno de los últimos volúmenes de Cactus: Foucault anonimato, de Erik Bordeleau. Bordeleau, desde luego, cita a Deleuze: “Foucault no es realmente una persona: es una emanación, una irradiación”. El libro es muy interesante y transmite algo de ese misticismo laico que parece impregnar cierta parte de la obra de Foucault, Deleuze y, ciertamente, de Cactus. Pero también revela las dificultades de lo que queda de la izquierda libertaria, es decir de la que intenta resistir al sistema sin caer en el apoyo a los tiranos ni aliarse con sus esbirros. Hay algo atractivo, incluso emocionante, en la idea de lo anónimo como vector de resistencia contra el poder. Bordeleau, me entero por la solapa, tiene otro libro que se llama ¿Cómo salvar lo común del comunismo? El título hace una gran pregunta que, por ahora, sigue sin respuesta.
Unos metros más allá de Cactus está Caja Negra, una editorial que también se especializa en el ensayo no académico. Su colección orientada al post-rock es sustancial y también tiene su toque esotérico. Ezequiel, uno de los responsables, me ofrece un volumen flamante: Más brillante que el sol. Incursiones en la ficción sónica, de Kodwo Eshun, un libro poblado de frases como “La skratchadelia es mutantextura generada por turntabilización”. Pero si uno atraviesa la pared de ripios lingüísticos, hay premio. Eshun propone una revolución que afecta el modo de considerar la música popular desde 1968, es decir, desde que las máquinas y técnicas como el dub, el scratch o el sampleo permitieron aislar las partículas rítmicas y volvieron obsoletos no solo la batería sino conceptos como la nostalgia por el blues, el humanismo musical, la cultura negra y hasta la idea de aura de Walter Benjamin. En 1998, Eshun apuesta al afrofuturismo, la música de un futuro encarnado en la mente y el cuerpo, cuyos predecesores incluyen nombres que van de Sun Ra a Underground Resistance (con su toque de anonimato foucaultiano). La extensa discografía que mezcla épocas, géneros y artistas promete horas de inmersión en un rotundo placer.

 


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