jueves 24 de junio de 2021
COLUMNISTAS sueños
08-05-2021 01:02

Sin casa, sin hogar

08-05-2021 01:02

En un arranque súbito de culpa porque no vi ninguna de las candidatas al Oscar decido poner fichas en Nomadland aún sin saber que sería la ganadora y me la miro en dos o tres sentadas, que es la manera en la que se ve el cine ahora, con niños, home office y barbijos. Si está Frances McDormand, no me puede ir mal, pienso.

Pienso también en esta actriz fuera de serie que para filmar esta película debió hacer como que no actuaba, mentirles a los otros un drama íntimo para sonsacarles diálogos reales, fusionarse con los “nómades”, esos estadounidenses que viven en camionetas en busca de trabajo o de una forma de dignidad alternativa, al borde de un sistema férreo en promesas y flacucho en concreciones. Imagino a Frances saliendo de la precariedad del set (la vida misma) para irse a dormir en una probable motorhome de lujo al borde de la ruta. Me equivoco: parece que no hubo tal cosa, la querida McDormand encarnó por todas partes. Y parece que eso se ve en cada respiro de la cinta.

Un asunto interesante es la diferencia entre estar houseless (sin casa) y homeless (sin hogar), que es la manera eufemística de referirse a la gente en situación de calle, que es la manera metaeufemística de referirse al que se ha caído del sistema por sus muchas hendiduras. Se puede estar sin casa y no ser homeless si uno considera que se está de todos modos en un hogar, que puede ser un país, o un estado, o una familia, o una superficie sobre esta tierra arrugada. Por algún motivo latinoamericano y denunciante, me frustra que la decisión del personaje sea enteramente personal. Inscripta en un paisaje donde cada vez son más los americanos ya caídos, con las rutas de California plagadas de asentamientos de quienes no pueden acceder al techo quieto y viven a cuatro ruedas, espero que la película calque este drama personal sobre el social. Pero Chloé Zhao, la directora china a la que fueron a buscar para esta obra, tiene otros planes, que mucho me perturban. ¿Por qué si tenía a mano un lugar favorito para el Oscar (la denuncia, casi siempre inocua y autocancelada) opta en cambio por el cuento de hadas invertido?

Me voy acomodando a la incomodidad; el film es bueno aunque abuse de atardeceres y cielos limpios para mostrar con poesía el desamparo. Igual me pregunto sin parar cómo sería filmar acá un dramón individual superpuesto al entorno de Guernica, o por qué no lo hacemos ni lo hicimos ni lo haríamos.

Hollywood sigue siendo una fábrica de sueños. Que nos aproveche.

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