domingo 01 de agosto de 2021
COLUMNISTAS Dichos de Acuña
22-11-2020 00:27

Temor a la educación

22-11-2020 00:27

La Ministra de Educación Soledad Acuña acusó a los docentes de fracasados, pobres e ideologizados. Sostiene que la raíz del problema se encuentra en la formación docente, porque allí se forjan militantes en lugar de futuros maestros. Además, afirma que quienes elegimos la docencia lo hacemos por descarte, luego de fracasos en otras carreras. Desde ese perfil, lo que harían en el aula los docentes sería adoctrinar. Con esas declaraciones, Acuña no solo hace gala de su macartismo sino que además evidencia un profundo desconocimiento de lo que implica dar clases en cualquier aula real promedio.

¿Por qué macartismo? Acuña alude a la extracción social de la futura docencia, encuentra allí una explicación para la crisis educativa. Pero de esa crisis, real por cierto, es tan responsable ella como el personal político de todo color. Obviamente, para salvarse, Acuña construye un chivo expiatorio: la materia prima de los futuros docentes es una manga de pobres, brutos e ideologizados. Sus declaraciones llegan en un contexto en que la mitad de las chicas y chicos del país son pobres. El mensaje de Acuña es claro: los pobres deben quedarse en su lugar. Así, la pobreza es un destino en el que la educación no puede hacer nada. La ministra reconoce su fracaso y renuncia a cualquier utopía educativa.

Las declaraciones de Acuña tienen una segunda arista igual de grave: su repudio a la política. Así, quien debe dirigir los designios de la educación porteña muestra desconocer completamente el funcionamiento real de un aula y las inquietudes de los que las habitan cada día. La política ingresa al aula con la propia vida real de nuestros alumnos. Por eso, no puede censurarse y mucho menos delatarse esa parte viva del currículum. Son nuestros alumnos quienes preguntan, piden explicaciones, buscan conocer y entender el mundo en el que viven. ¿O vamos a creer que esos miles que se movilizan, por ejemplo, por la interrupción voluntaria del aborto no trasladan esas inquietudes al aula? Si un alumno le pregunta a su profesor/a cuál es su posición, ¿no es un acto de honestidad intelectual responderle? ¿No se está construyendo así un vínculo pedagógico que no subestima la capacidad de juicio propia de ese alumno que pregunta?

Creer que estamos ante una mera “bajada de línea” es una completa subestimación de la inteligencia de las y los estudiantes. Pero, además, quienes construyeron un currículum profundamente ideológico, bajo las ideas de una ciudadanía e igualdad que la economía contradice a cada paso, ahora nos hablan de purismo. Acuña razona desconociendo el desarrollo real del currículum escolar.

Llegados a este punto, conviene preguntarse: ¿cómo enseñar formación ética y ciudadana sin hablar de política? ¿Cómo enseñar la historia de un país sin examinar su proceso? Ignorando el “abc” de la pedagogía y el rol docente, la ministra propone reeditar otro “con mis hijos no te metas”.

Como la discriminación, la subestimación, la ignorancia y el macartismo no son virtudes de nadie, mucho menos pueden tolerarse en quien se erige como representante del conjunto de la docencia. No caben dudas: Soledad Acuña debe renunciar.

*Historiadora de la Educación, autora del libro Brutos y baratos.

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