30 oct 2020
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viernes 28 agosto, 2020

Tender manos

Foto: Cedoc
viernes 28 agosto, 2020

En un movimiento inédito el Fondo Nacional de las Artes, la Anses y el Ministerio de Cultura de la Nación salieron al ruedo con las Becas Sostener Cultura II. Los trabajadores de la cultura no sobrevivirán a la presente coyuntura. Los artistas, pensadores y artesanos son autónomos o monotributistas sin relación de dependencia y malviven de aquello que pueda generar como “producto” una actividad que no se basa en la producción sino en otra cosa. No los alcanza la mano corta del IFE y pocos pueden pagar créditos a tasa cero si lo que hacen no se vende ni se venderá.

El FNA recibió más de 650 millones y armó un jurado de unos 75 miembros para ver cómo llegar a más de 15.000 almas. La experiencia de las miles de carpetas de estos desesperados no se la deseo a nadie. Es un panorama desolador y los artistas ya lo conocíamos pero pocas veces se te da una herramientita (un destornillador para arreglar un avión en picada) para aligerar el daño.

El daño es sempiterno: los Estados no piensan en la cultura más que como decoración accesoria de la gran fiesta de la economía, rectora de los valores de las democracias capitalistas zigzagueantes. Los jurados sentimos lo que los médicos en pandemia: que se trataba de sacarle el pulmotor a un enfermo para dárselo a algún otro.

Pero hay al menos una constatación que juzgo urgente: tanto los más marginales tejedores al crochet como los mejores actores del país están en la misma situación, que se define en una sola palabra: precariedad. El talento real y aplastante de los solicitantes y la costura aficionada y colorinche de los que viven al borde del sistema están en el mismo plano ontológico y lo estarán hasta que se entienda que no se puede pensar el futuro sin incluir a la política cultural en la política general. Separar arte de artesanía o de diseño tampoco parece ser útil a la hora de salvar vidas. Y tarde o temprano de eso se trata todo lo que hacemos.

Sépase que los países que han entendido esto disponen de fondos de desempleo para actores entre trabajos esporádicos o conatos de RBU (Renta Básica Universal) por el solo hecho de haber nacido en un planeta que no te consultó si querías venir a hacerte rico o simplemente a estar en armonía con tu entorno, sin contaminar, sin dañar, sin envilecer. Y ojo que no hablo de Cuba o Venezuela, sino de Noruega, Finlandia o la mismísima España. Ninguno de ellos ha quebrado. No al menos por sostener a sus artistas como valores humanos imprescindibles para dignificar la vida.


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