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COLUMNISTAS / PANORAMA / EL OPTIMISMO tonto DE LOS FINANCISTAS
domingo 8 julio, 2018

Todo va a estar bien

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por Jairo Straccia

En dolares. De Sampaoli a Bulgheroni, todos quieren mantener lo que firmaron. Foto: CEDOC PERFIL

Imaginen esta última semana una comida en un piso veintipico de alguna torre vidriada de la ciudad de Buenos Aires, de esas donde se ve de un lado el río y del otro un tetris de edificios más altos y más bajos. Representantes top del sistema financiero, de los que cortan el bacalao (aunque sea a pedido de dueños de pescaderías del exterior), comen y son todo optimismo. Sí, leyeron bien, optimismo, fe, esperanza, como decía Daniel. El dólar, es cierto, ofrece las horas más tranquilas desde la asunción de Luis Caputo en el Banco Central, pero escucharlos de todas maneras llama más a la sorpresa que al entusiasmo. “Soy optimista, aunque cada vez estoy más acostumbrado a que me llamen ‘tonto’ por estarlo”, sintetiza uno de ellos.
Dejemos de lado cualquier lectura del estilo “más vale que van a ser optimistas porque se la llevan toda” y otras conspiranoias. Dan motivos. Los resumo: la economía venía creciendo a full al 3,8% en el primer trimestre y con un salto de la inversión del 22% interanual; la crisis cambiaria de la Argentina se explica más por motivos externos que locales, solo que como tenemos mayores desequilibrios, acá el sacudón fue más grande; “el mundo sigue confiando, por eso tenemos el plan consensuado con el FMI”; hay una “exageración de pesimismo en el microclima porteño”; los cheques rechazados crecen pero desde una base muy baja, “no sé por qué ahora está de moda ese indicador”; la sequía fue tremenda pero ni un productor agropecuario dejó de pagar sus créditos; la economía se va a frenar pero únicamente por dos trimestres, y a fin de año vamos a estar creciendo “por Vaca Muerta, que está explotando, por el boom de pickups, porque una sola empresa de telecomunicaciones va a invertir US$ 1.000 millones, e imaginate el resto”; y, en líneas generales todo va a estar bien porque  “el rumbo sigue siendo el correcto, seguimos yendo a Mar del Plata en un auto que sabíamos que estaba destartalado, y si bien un viento nos sacó una rueda y la estamos arreglando, seguimos yendo a Mar del Plata, no giramos otra vez hacia Rosario”.

Hay 2019. El “todo va a estar bien” también lo extienden a la política. La reelección de Mauricio Macri, que para el mundo de los negocios estaba descontada y auguraba “total normalidad sin populismos” por ocho años, ahora aparece al menos brumosa, pero, dicen, tampoco es un problema. Ya le pusieron nombre a lo que sigue si no es Cambiemos. Se llama El Moderado que Venga. ¿Massa? “Si gana no aplica ninguna de las medidas que anunció estos días”, afirma con fuerza de verdad uno de ellos. Mencionan casi como un hashtag el #peronismoracional. “¿Pero qué es?”. ¿Y si a la mayoría le parece bien votar a Cristina? “A mí me echan”, exagera otro. “No lo descarto, pero sería un desastre”, abunda otro más, que no puede creer estar respondiendo sobre eso.

Cuando ya promedia el postre, alguno mira el celular y avisa entre risas: “Soltaron al Gordo Valor, ¿dejaron todo bien cerrado?”. Como si fuera un recordatorio de que al fin y al cabo esto es Argentina, hay un momento más realista: “Sabemos que estamos mal, pero estamos hablando de un año de crecimiento de 0,5% y de 2% el año que viene”, razonan.
Hay un problema para confiar en el optimismo de los financistas con Cambiemos: también predicaban un futuro venturoso en otra comida similar el año pasado, tras las elecciones. Y desde entonces todo mutó: el tipo de cambio flotante se transformó en subiente, el “empezamos veinte años de crecimiento sostenido” como mínimo fue a boxes, y el proceso de desinflación por ahora se desinfló.

El reseteo del modelo Macri en pocas áreas se ve tan claro como en la energética, donde el tándem baja-de-subsidios, garantía-de-precio e inversión que mandaba hasta ahora se fue con el ministro Juan José Aranguren, y ha convertido a empresarios petroleros de la talla de Alejandro Bulgheroni en una especie de Jorges Sampaolis que solo piden que les respeten los contratos firmados (en dólares).


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