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COLUMNISTAS / opinion
sábado 15 junio, 2019

‘Triunfó’ Corea del Centro

Con Pichetto por un lado y Alberto Fernández por el otro, no solo la tercera vía se hizo más angosta, también la grieta se hizo más angosta. Como titula esta columna con cierta ironía: “triunfó” Corea del Centro.

por Jorge Fontevecchia

POLARIZADOs pero hibridizados. La tercera vía se fue diluyendo pero los polos se acercaron. Foto: Gustavo D’Andraia

Puede ser un error de varios analistas interpretar la elección de Pichetto como candidato a vicepresidente de la fórmula de Cambiemos como una derrota de Marcos Peña y Jaime Duran Barba. Como resulta prematuro considerar que fue un acierto la decisión de Cristina Kirchner de colocarse ella misma como candidata a vicepresidenta. Pero ambas decisiones comparten un elemento en común: ambos extremos de la grieta tuvieron que reconocer que había una demanda (como la llamaba Lavagna en el espacio que él mismo no pudo terminar de maximizar) de centro en la sociedad. Con Pichetto por un lado y Alberto Fernández por el otro, no solo la tercera vía se hizo más angosta, también la grieta se hizo más angosta. Como titula esta columna con cierta ironía: “triunfó” Corea del Centro.

Alfonsín solía decir que algunas derrotas tienen grandezas de las que muchos triunfos carecen y –por defección– la precipitada derrota electoral de Alternativa Federal fue una transfusión de moderación a los extremos. Su inanición nutrió a Cambiemos y al kirchnerismo.
Tanto en la elección de Alberto Fernández como en la de Pichetto hay una explícita autocrítica. No es que Cristina Kirchner, segura de su triunfo, colocó a Alberto Fernández para ahorrarse tareas en las que ella podía ser reemplazada o que esa fuera la única manera de cooptar a Massa y varios gobernadores vaciando al peronismo no K. Como tampoco es que, seguros de su derrota, hubo en Cambiemos un “golpe de Estado” del ala política por el cual Monzó, Frigerio, Caputo (Nicky) y los radicales les torcieron el brazo a Peña y a Duran Barba. Tanto Cristina Kirchner como el tándem Peña-Duran Barba están tratando de satisfacer la demanda de la sociedad y no resolviendo una interna que siempre tuvieron ganada.

Forumulas màs moderadas no expresan que un sector de Cambiemos o de los K le ganó a otro sino que la demanda se lo impuso

El kirchnerismo tuvo que reconocer que una fórmula electoral puramente cristinista no alcanzaba y Cambiemos, que otra pura PRO tampoco. Una parte de la sociedad que podría votar por el kirchnerismo porque su economía personal estaba mejor antes de Macri le hizo notar que de cualquier manera rechaza la corrupción y la beligerancia. Y una parte de la sociedad que podría votar por Cambiemos por cuestiones republicanas le hizo notar que sin acuerdos legislativos con el peronismo la economía no mejorará y no está dispuesta a pasar otros cuatro años esperando.

La idea de pureza en Cambiemos como el “vamos por todo” del kirchnerismo fueron resultado de momentos de embriaguez de cada uno frente a su mejor triunfo electoral, que los hicieron creer que podían ser hegemónicos. Antes de sus cénit electorales, ya el kirchnerismo había buscado la transversalidad sumando radicales y a Cobos como vicepresidente, y el macrismo ya había hecho una alianza electoral en la provincia de Buenos Aires con Felipe Solá y De Narváez en 2009, y con Sergio Massa en 2013. Eran los mismos Marcos Peña y Duran Barba quienes se aliaron a parte del panperonismo, como fue el mismo Alberto Fernández el operador de la transversalidad del kirchnerismo en 2007.

La última demanda de una tercera vía fue síntoma de la carencia de los dos principales jugadores. Y la reducción de una “ancha avenida del medio” –otra metáfora– se puede producir por dos situaciones: la polarización se extremó derivando en un gobierno dictatorial que sobrevive con represión, o la cura de lo patológico de la antinomia derivó en el gobierno de negociación.


Las PASO serán casi un ballotage, adelantando la segunda vuelta, donde siempre el centro se reparte en los extremos

Tanto Cambiemos como el kirchnerismo parecieran haber reconocido que no hay espacio para un gobierno que sobreviva con dosis cada vez mayores de represión u otras formas de violencia. Y a su manera tratan de crear su consenso.
El simbólico país de la concordia bautizado como Corea del Centro no es un lugar a alcanzar donde confluyan para siempre todos los caminos a modo de síntesis final o fin de la historia, sino un espacio de eterno intercambio, mutua influencia y continua retroalimentación. Corea del Centro es un faro que guía la navegación de buques con distintos destinos y no un puerto donde amarrar. Su papel, como el del periodismo, no es el de enriquecerse a sí misma sino el de enriquecer a los otros con ideas. Porque la terceridad de la síntesis surge de la dialéctica donde confronten dos ideas y de sus chispas nazca una nueva. Y así, en lugar de un eterno péndulo donde la fuerza del opuesto sea el opuesto, se pueda cambiar el círculo vicioso que retorna siempre al mismo lugar por una espiral ascendente donde haya vueltas pero no se regrese al punto de partida: un tirabuzón que sirva para elevar el debate, que nunca debe cesar.

Argentina está mejor con la inclusión de Pichetto en la fórmula de Cambiemos y sin Cristina Kirchner encabezando la del kirchnerismo. Que esté mejor es una señal de que la tercera vía germinó en sus bordes y que Corea del Centro continúa siendo muy productiva intelectualmente.


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