domingo 29 de enero de 2023
COLUMNISTAS opinión

Un equipo de pasiones y temperamento

10-12-2022 04:33

Recuerdo un viejo aforismo de Kafka: “Leopardos irrumpen en el templo y cambian la ceremonia. Eso ocurre una y otra vez, hasta que pasan a formar parte de la ceremonia”. Me parece que algo así fue pasando con el VAR. O dicho de otro modo: creo que en el Mundial de Qatar se vio, explícitamente, el sentido que la FIFA quiere darle al fútbol, que implica, a través de la tecnología y otros métodos, un cambio radical en su esencia. Una búsqueda de convertir al fútbol en lo que no es: algo más cercano a los deportes norteamericanos y a su capacidad de espectacularización mediática, hecha de adrenalina antes que de técnica. Como todos sabemos, el fútbol fue creado en Inglaterra, pero luego no triunfó en Estados Unidos y sí en Europa continental y en América latina. Es que la idea del deporte en Estados Unidos en todo se opone al fútbol. Por ejemplo, en el tenis (deporte también en inglés que sí prendió en USA) y en el básquet: no existe el empate. Siempre alguien tiene que ganar y otro que perder. Se dirá que lo propio del deporte es eso, pero en el fútbol no ocurre con esa brutalidad. Otro aspecto: los tanteadores siempre son inmensos. En el tenis a un simple 3 a 2, se lo llama 40-30. ¿Porqué? ¿Y porque en el básquet los puntos velen 2 (o incluso 3)? El deporte norteamericano se impone por la idea de que en cada juego hay un ganador y que el tanteo es inmenso. Todo se convierte por lo tanto en hiper mediático, pragmático y, sobre todo, super espectacular. Pero el fútbol es (por ahora) un juego que puede salir cero a cero, y cuyos resultados más comunes son 1 a 0, 1 a 1 ó 2 a 1. Un juego en que valoramos tirar un caño en mitad de cancha que no sirve para nada. Contra todo eso viene la FIFA y los grandes medios (alcanza con ver las publicidades de los partidos en ESPN, con música adrenalínica, imágenes a altísima velocidad, contactos físicos y piruetas varias, para saber que eso no es el fútbol).

Durante un tiempo no entendí, entonces, la función del VAR. La demora en saber si fue gol o no, el haber gritado un gol que terminaba anulado, todo conspiraba contra la espectacularización. Pero Quatar me lo aclaró. El VAR, como en la frase de Kafka, pasó a ser parte (central) en la ceremonia. Es un inmenso sistema narrativo, lleno de suspenso y rebotes inesperados. Esos minutos que parecen muertos y aburridos, son en realidad la inclusión de un sistema de máxima alerta, de extrema tensión que apuntala aún más la idea del deporte como algo extra-ordinario, fuera de lo común, espectacular, donde todo puede cambiar en un segundo. Como en el básquet, se busca que en el fútbol tampoco haya tiempos muertos. En Qatar la FIFA mostró que quiere llevar al fútbol hacia un espectáculo total. Pero ya no el fútbol total, como se le decía a la táctica del Holanda del 74, sino que la FIFA, con el VAR (y todo lo que nos vaya dejando Qatar) tocó la regla misma del fútbol, su esencia, para convertirlo en espectáculo total, sin resquicios. La referencia literaria habría que buscarla en 1984 de Orwell. 

Entre tanto, Argentina ganó en un partido muy raro: con el resultado puesto, hizo un faul tonto en la puerta del área, faltando un minuto, y le hicieron un gol de jugada preparada (más raro fue lo de Brasil: ganando uno a cero, en el último minuto del alargue se comió un gol de contragolpe) y terminó yendo a un alargue que mereció ganar. Argentina, con sus limitaciones -que no son pocas- se convirtió, desde ya hace un tiempo, en un equipo de pasiones, temperamento, huevo. ¿Cómo fue que Messi llegó a eso? No lo sé. Pero así como un Guevera Lynch terminó siendo el máximo revolucionario del siglo XX, ¿por qué Messi no iba a terminar generando ante todo empatía sentimental?

Luego, al futbol: triunfo merecido, con esas desconcentraciones atrás -como contra Arabia saudita- que lo pueden dejar fuera de un Mundial en un segundo. Con mucha diferencia entre titulares y suplementes (ese es un problema): Tagliafico no es Acuña, Pezzela no es Romero y Lautaro Martínez no es Álvarez. Ahora Argentina es semifinalista con un muy serio y firme 5-3-2: para un bilardista como yo, éxito asegurado.

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