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COLUMNISTAS / ¿oportunidad?
domingo 15 marzo, 2020

Una extraña espera

Con la pandemia de coronavirus, vivimos un tiempo ajeno al vértigo argentino, en el que los peligros trascienden fronteras nacionales.

Pasan los minutos. Foto: Pablo Temes
domingo 15 marzo, 2020

Es tiempo de espera. Extraño para el vértigo argentino. El gobierno de Alberto Fernández mostró sus cartas desde la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el Marco de la Emergencia Pública. La premisa planteada es que existe una emergencia, herencia de la administración del gobierno anterior, identificada por el incremento de la pobreza y la indigencia. Frente a esta emergencia se deben generar mecanismos para activar la solidaridad para socorrer a los sectores más vulnerables.

Mesa de situación. Las políticas solidarias fueron básicamente aumentos impositivos (tasa del 30% para compras en el exterior con tarjeta, bienes personales, retenciones a las exportaciones, reposición del IVA para los alimentos que había eliminado Macri) con una lógica redistributiva y a fines de volcar dinero a los más necesitados por medio de la tarjeta alimentaria y aumento de la AUH (que para marzo era de 3.102 pesos). También se produjo la suspensión de la movilidad jubilatoria según la fórmula aprobada hacia fines de 2017 para implementar un sistema de sumas fijas que beneficiaron a quienes cobraban la mínima. La oposición no dudó en denominar a estas políticas como “ajuste”.

Sin embargo, aparte de los mecanismos “solidarios”, el otro corolario era que se debía avanzar en la reactivación productiva. Esto no estaría pasando, o mejor dicho existen algunos tibios atisbos pero que no lograron expandirse a toda la economía. Por ejemplo, el índice de producción industrial manufacturero que dio el Indec para enero de 2020 marcó un incremento sobre el mes de diciembre de 1,5% pero una caída de 0,1% con respecto al año anterior. Este aumento se basa en alimentos y bebidas (3,7%), y automotores (6,7%). Aunque sea temprano para conocer el impacto, quizás la mejora en la producción de alimentos se vincule con la distribución de la tarjeta alimentaria.

Problemas. Como contrapartida, la construcción cayó un 15,6% tanto con respecto al mes anterior como al año anterior. Probablemente la caída de este sector sensible para el empleo sea un subproducto de las restricciones para compra de dólares, la moneda que reina en la compraventa de propiedades. Aquí se puede señalar que las escrituras realizadas el mes pasado en CABA fueron alrededor de 1.300, su piso histórico desde 1998. Habrá que esperar hasta fin de mes para conocer el estimador mensual de actividad económica y los niveles de pobreza e indigencia del segundo semestre de 2019.

Gran parte de la espera se debe a las expectativas sobre la renegociación de la deuda externa. El plazo del 31 de marzo que puso el ministro Martín Guzmán se transformó en el reloj de arena que miran todos los agentes económicos. La negociación tiene dos frentes: los bonistas privados y el FMI. La estrategia de Guzmán es comenzar por los bonistas, bajo la hipótesis de que despejado el frente privado la conversación con el Fondo tendrá rápida solución. La apuesta es lograr una fuerte quita en una situación asimilable a la de 2005, que genere un impacto positivo y logre expandir la inversión privada de las propias empresas argentinas, único camino para una real reactivación no inflacionaria y veloz, aprovechando el 43,9% de capacidad industrial instalada sin uso. Pero claro, todas las previsiones y cálculos se desmoronan a medida que avanza el coronavirus.

Todo virus es político. Con la expansión del Covid-19 o coronavirus se comienzan a cumplir los planteos que hiciera desde mediados de los 80 el sociólogo alemán Ulrich Beck, fallecido en 2015. En su libro La sociedad del riesgo (Paidós, 1998) Beck mostraba que en la posmodernidad (modernidad flexiva, como la llamaba) los peligros trascendían las fronteras nacionales, exponiendo el lado B de la globalización. El accidente de la central nuclear de Chernobyl (ocurrido en 1986) fue el disparador para mostrar cómo naturaleza y sociedad se mezclaban en formas peligrosas, cuando un viento podía arrastrar la nube radiactiva hacia cualquier lugar. En este sentido, el autor explicaba que “muchos de los nuevos riesgos (contaminaciones nucleares o químicas, sustancias nocivas en los alimentos, enfermedades civilizatorias) se sustraen por completo a la percepción humana inmediata” (pág. 33).

Frente a todas las discusiones actuales, Beck denominó “enfermedades civilizatorias” a nuevos tipos de padecimientos globales (como el VIH) que se encuentran fuera de la comprensión individual. Esta ausencia de discernimiento es una de las razones por las cuales muchas personas que tuvieron contacto con infectados o viajaron a países comprometidos demoraron en entender la necesidad de entrar en cuarentena, lo que forzó a que los Estados tomen crecientemente medidas de control policial para limitar la propagación del virus, en una vuelta de rosca del “biopoder” foucaultiano.

Consecuencias. Si bien se desconoce el origen del coronavirus, ya empiezan a identificarse las consecuencias tanto para la salud de los infectados como para la economía mundial y local. Las cuarentenas de ciudades enteras en diversos países del mundo, la paralización de los vuelos internacionales, la suspensión de espectáculos, entre otras medidas que se fueron adoptando, hicieron cambiar la percepción social sobre el asunto en cuestión de horas, para transformarse en una especie de pánico típico de las películas posapocalípticas. La mediatización del fenómeno es un capítulo aparte. Con la multiplicación de la presencia de médicos (infectólogos) en la televisión también se reproducen los consejos y recomendaciones, que algunas veces son contradictorios (como por ejemplo sobre la necesidad o no de usar barbijos).  

Las consecuencias económicas mundiales se observan con claridad y mutan a una velocidad impresionante. A la caída de las bolsas del mundo se suma la baja del precio del petróleo y la amenaza del inicio de una recesión a escala global. En el capítulo argentino, al ascenso del riesgo país, que supera cómodamente los 3 mil puntos, se suma la caída abrupta de los bonos argentinos, justamente los que Guzmán se propone reestructurar. Quizás el ministro tenga la oportunidad de hacer de la necesidad virtud.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis).


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