Perfil
CóRDOBA
El humor al poder

Al ritmo de la nueva ola

1-11-2020-Logo Perfil
. | CEDOC PERFIL

Estuve analizando el discurso del jueves desde todos los puntos de vista y la conclusión a la que llegué es que lo único que justificaría que Alberto Fernández haya hablado en cadena nacional es que lo haya hecho para opacar la pelea entre Sabrina Frederic y Sergio Berni, que le estaban robando cámara. Pero si ese era su objetivo, debió haberle dado un contenido más picante a su alocución. No digo tratar de “asesino” a Jair Bolsonaro, como hizo Joe Biden con Vladimir Putin, pero al menos amenazarlo con que en la próxima Copa América “pagará un precio” por lo que está haciendo. O, de última, hubiese conmemorado el primer aniversario de la ASPO con una cuarentena estricta de 48 horas y una cuenta regresiva al estilo de los Juegos del Hambre.

Pero no. El presidente empleó gran parte de su mensaje para explicar la escasez de vacunas, un problema que la pandemia ha agregado a la escasez de dólares, de pesos, de colectivos, de bicisendas, de honestidad y de sentido común que ya nos venían afectando de antes. Además, el mandatario alertó por la llegada de otras cepas del coronavirus e instó a tomar precauciones ante un inminente segundo brote de la enfermedad. En el entorno presidencial, se temía que, en ese momento, así como se escuchó la música de “Titanic” cuando Fernández anunció el nombre del nuevo Ministro de Justicia, se escuchara a Charly García cantar: “Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”.

También había pánico entre los asesores de imagen de Mauricio Macri durante la presentación de su flamante libro “Primer tiempo”: tenían miedo de que apareciera con unos bigotes truchos y una malla enteriza para tomar el micrófono y entonar “We Will Rock You”. Otros criticaron lo que consideran un exceso de alusiones futboleras en sus memorias. Me dijeron que circulaban otros títulos tentativos como “Gol entra”, “Toco y me voy”, “Hoy te convertís en héroe” y “La tenés adentro”, que al final fueron descartados.

Liberados esta vez del dedo de Macri que tanto los condicionó en las internas de dos años atrás, los radicales cordobeses pudieron ahora dedicarse a hornear la rosca política que tanto les gusta cocinar. En reñidas elecciones para los comités de provincia y capital, el oficialismo ganó por una diferencia mínima, algo que envalentonó a los opositores. “En las PASO les pintamos la cara”, se esperanzaba un dirigente de Sumar, que no sabía si lamentar la derrota, si celebrar el escaso margen o si empezar a anotar nombres para las listas de candidatos, el deporte que más entusiasma a los punteros del centenario partido, que no gobierna la provincia desde el siglo pasado.

Mientras tanto, el gobernador Juan Schiaretti se enfrascó de lleno en el debate nacional por la prórroga de los beneficios para los biocombustibles, una normativa que en un principio podía echarle leña al fuego a la zigzagueante relación entre Hacemos por Córdoba y el Frente de Todos. Se trata, sin duda, de un tema que ha obrado un milagro digno del Cura Brochero, porque sostuvieron posiciones concordantes al respecto tanto Schiaretti como Carlos Caserio y Mario Negri, una conjunción que algunos fanáticos de las teorías conspirativas entendieron como señal del arribo del fin del mundo, mientras que los creyentes religiosos vieron allí el indicio de una probable venida del mesías.

En su cruzada por esta cuestión, la provincia de Córdoba tenía como aliada estratégica a Santa Fe, donde al mismo tiempo se escenificaba un escándalo que terminó con la renuncia del Ministro de Seguridad Marcelo Sain, a partir de la difusión de unos audios discriminatorios. “Batió el récord de malas palabras por minuto que desde hace 30 años estaba en manos de Jorge Corona. Lo debería haber dedicado a la memoria del Negro Fontanarrosa”, me comentaron desde el gabinete santafesino, donde están seguros de que alguien se quiso cobrar venganza contra el funcionario. Pero se ve que como el exabrupto que recibió todos los repudios (“negros pueblerinos”) se limitaba a la jurisdicción provincial, Sain volvió a un cargo en la Nación y listo. De todas formas, habrá que seguir de cerca su promisoria carrera como lanzador de insultos.

(*) Sommelier de la política.