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CóRDOBA / POR AMENAZAS
domingo 18 febrero, 2018

Desde mañana juzgan al exjefe de la Policía Julio César Suárez

Es por amenazas al periodista Dante Leguizamón, tras la cobertura periodística por un caso de gatillo fácil. La causa estuvo a punto de naufragar varias veces.

por María Ester Romero

CUESTIONADO. Suárez fue foco de varios escándalos durante los dos años en los que estuvo al frente de la Policía de Córdoba. Foto: Cedoc Perfil
domingo 18 febrero, 2018

Mañana, en la Cámara 4ª del Crimen se iniciará el primer juicio oral y público a un exjefe de la Policía de la Provincia de Córdoba. El comisario Julio César Suárez enfrenta la acusación por coacción. 

Estuvo al frente de la fuerza desde diciembre de 2013, días después de las agitadas jornadas que marcaron el autoacuartelamiento policial en reclamo por mejores salarios y condiciones laborales. Permaneció en el puesto dos años, durante la gobernación de José Manuel de la Sota, hasta diciembre de 2015. 

Durante su gestión sucedieron varios hechos que lo colocaron en el centro de la escena. Como las detenciones masivas que produjo en diferentes sectores de la ciudad, que culminaron con severas advertencias de jueces al proceder policial en por lo menos cuatro habeas corpus. De hecho, en la fiscalía Anticorrupción Nº 2 hay una causa que todavía debe dilucidar si las aprehensiones masivas invocando el Código de Faltas -en el caso de menores sin informar ni siquiera a la Justicia- fueron conductas reprochables desde el punto de vista penal. 

El otro escándalo fue la desaparición de 72 armas del subsuelo de la Jefatura de la Policía, hecho que lejos está aún de ser esclarecido. Y varios casos de gatillo fácil que terminaron en condenas judiciales. 

De hecho, la cobertura periodística que enardeció a Suárez fue la que realizó el periodista Dante Leguizamón a fines de julio de 2014 sobre la muerte del joven Güere Pellico y las heridas a su primo, mientras se trasladaban en moto. Ambos fueron perseguidos después de medianoche y atacados con armas de fuego por la espalda, en barrio Los Cortaderos. El hecho motivó numerosas movilizaciones de la comunidad del sector para pedir justicia. Finalmente, en diciembre de 2016, los policías Lucas Chávez y Rubén Leiva fueron condenados a prisión perpetua por el homicidio.

 Aquel informe realizado por Leguizamón, en los Servicios de Radio y Televisión (SRT) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), motivó llamados de Suárez a compañeros del periodista y un mensaje en el que le advertía, al propio Leguizamón, que se ocuparía de él. 

No pocas veces la causa estuvo a punto de naufragar después de la imputación que realizó el fiscal de Instrucción, Alfredo Villegas. Apelaciones, oposiciones de la defensa de Suárez, a cargo del abogado Ernesto Gavier, denuncia penal contra el propio Villegas, recusaciones de la querella en la Cámara de Acusación y hasta la intervención del Tribunal Superior de Justicia, explican la demora en llegar al juicio. Para el defensor del exjefe policial la causa siempre “estuvo inflada”. 

La Cámara 4a del Crimen, donde se debatirá la conducta de Suárez, estará presidida por María Antonia De la Rúa e integrada por Mario Capdevila y Luis Miguel Nassiz. El fiscal que debe llevar adelante la acusación es Raúl Gualda. Por la querella estarán el abogado Claudio Orosz y un representante del Círculo Sindical de la Prensa. Las audiencias se han dispuesto desde mañana, durante toda la semana, con el posible dictado de la sentencia el viernes próximo. 


Opinión

FUE SUÁREZ

Por DANTE LEGUIZAMÓN*

Un Policía retirado comentaba el viernes pasado, a las 8 de la mañana, que el asalto en Nueva Córdoba lo habían perpetrado Rolando Hidalgo y Ricardo Serravalle. A esa hora la Policía aún no había logrado identificar a los ladrones. Le pregunté, entonces, cómo sabía eso y el viejo policía contó que por un mes los vio a ambos -más de 10 veces y a distintas horas- sentados en un bar ubicado a metros del edificio donde el viernes, junto a otros tres ladrones, Hidalgo y Serravalle protagonizaron el tiroteo que terminó con un policía muerto. 

Cuando Julio César Suárez asumió como Jefe de Policía la imagen de la institución -después del autoacuartelamiento- era del 72% negativa. En apenas seis meses esa imagen negativa se redujo al 34%. ¿Fue una buena gestión? Todo lo contrario: a Suárez no le importó la política de seguridad, solo se concentró en una perversa polí- tica de comunicación que todavía trae gravísimas consecuencias a la sociedad y a la institución. 

Lo primero que hizo Suárez al llegar a la jefatura, bajo la muletilla de “sacar la Policía a la calle”, fue desarticular todas las áreas de investigaciones criminales que se encargan de resolver -y prevenir- delitos complejos como secuestros, asaltos, robos, hurtos, homicidios, delitos contra las personas y narcotráfico. Los mejores investigadores fueron enviados a hacer controles en la vía pública. No interesaba detener el delito, solo mostrar gente en la calle. Aquellos investigadores que se oponían eran pasados a retiro. Si no podía retirarlos eran enviados al interior o a la Policía Caminera. 

Cuando fue evidente que los controles no servían, a Suárez se le ocurrió otra idea brillante: detener inocentes y mostrarlos (esposados, con sus remeras cubriéndoles el rostro) como si fueran delincuentes. Con el Código de Faltas y las figuras de “merodeo” y “averiguación de antecedentes” se demoraba a cualquiera. Todos eran llevados a alguna plaza transitada del barrio para que los vecinos los vieran. Suárez llamaba a esas detenciones “Operativos Saturación”. En Canal 10 les pusimos otro nombre: “Operativos Humillación”. En uno de esos operativos encontré a un investigador que me contó que había tenido que dejar de trabajar en un homicidio vinculado al narcotráfico, que podía derivar en una venganza, para participar de ese circo. Cuando esos operativos no sirvieron, comenzaron a sucederse hechos de gatillo fácil. 

El más conocido fue el de Güere Pellico. Suárez defendió públicamente a los policías Rubén Leiva y Lucas Chávez, luego condenados a perpetua por el crimen. En Canal 10 denunciamos toda esta situación que desmembraba a la institución policial. 

Lo que intentó Suárez con su coacción fue silenciar a todo el periodismo que daba a conocer el fracaso de su política de seguridad. No quería que lo dijéramos en los SRT, ni que lo escribiera Clarín (cuando ese diario contó que en las narices de la Jefatura se robaron -y ocultaron el robo por orden de Suárez- 72 armas reglamentarias. Mis colegas lo entendieron y, si no hubiera sido por ellos y el apoyo de los medios, el ex jefe no se sentaría mañana en el banquillo de los acusados. 

Lamentablemente, los más de 50 policías de investigaciones criminales que fueron retirados antes de tiempo por no ser sumisos a Suárez, ya no estaban de servicio el viernes para reconocer a Hidalgo y Serravalle preparando el asalto que terminó en homicidio. Lamentablemente, no pudieron hacer nada para evitar que una de las armas que le robaron a Suárez fuera usada por los asaltantes que mataron al joven cabo Franco Ferraro el viernes pasado.

*Periodista SRT


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