domingo 26 de septiembre de 2021
CóRDOBA Un conflicto de otro siglo
22-08-2021 00:32
22-08-2021 00:32

El “regreso” talibán y el futuro de las afganas

Los fundamentalistas tomaron Kabul, tras casi 20 años de ocupación de EE.UU. y la Otan. Melina Sánchez Blanco, musulmana y feminista, pondera el valor en ese país de las mujeres, cuyo destino marcará el pulso del temido nuevo gobierno.

22-08-2021 00:32

Las imágenes parecieron retroceder el tiempo en más de dos décadas. El talibán o “los talibanes” volvían a tomar Kabul y su ingreso sin resistencia a la capital del país implicaba el control de casi todo el territorio de Afganistán. A menos de un mes del vigésimo aniversario del 11-S y con el final de la retirada de Estados Unidos fijado para esa simbólica fecha, el presidente afgano Ashraf Ghani,  huyó con valijas cargadas de dólares.

La ofensiva llegó más rápido que lo previsto a la occidentalizada capital, cuyo aeropuerto bajo control norteamericano se convirtió en epicentro de un caótico éxodo de diplomáticos extranjeros, asistentes locales y ciudadanos que no creen en las promesas de un talibán moderado y aggiornado al siglo 21. La evacuación de la embajada estadounidense remitió a una idéntica escena acaecida medio siglo atrás en Saigón. La idea de capitulación y la asociación del presente afgano con el pasado en Vietnam dispararon las críticas hacia Joe Biden. Su predecesor, Donald Trump, cuyo gobierno firmó el año pasado en Doha el acuerdo de salida con los talibanes, pidió la renuncia del actual mandatario.

Ninguno de los últimos inquilinos de la Casa Blanca podría arrojar la primera piedra o eludir culpas en el fárrago afgano. No podría George W. Bush, quien sobre los escombros de las Torres Gemelas lanzó su “Guerra contra el terrorismo” y apuntó misiles y bombas contra el Afganistán de los talibanes, por albergar al ex aliado saudí y líder de la red Al Qaeda, Osama Bin Laden. Tampoco Barack Obama, quien prometió una transición democrática a los afganos. La receta de bombas e invasión lejos estuvo de democratizar escenarios recientes de conflicto.

En buena parte de Afganistán, el talibán ya imponía su ley mucho antes de que Kabul cayera. Ahora que controla todo el país, Occidente teme una “involución” fatal y pone el foco en la situación de las mujeres, cuyo futuro marcará cuán verdaderas o falsas son las promesas de un “nuevo” talibán.

No subestimar. “Es muy pronto para ver cómo este regreso va a afectar a las mujeres,  para aventurar afirmaciones; sólo podemos plantear algunas hipótesis en cuanto a lo visto hasta hoy y centrándome en las mujeres que decidieron quedarse. Hasta hoy las empleadas públicas, que son entre el 15 y el 20 por ciento de quienes trabajan en el ámbito estatal, continuaban en sus puestos; la educación no fue suspendida y la alcaldesa del municipio de Midan Sahir, llamada Zafira Ghafari, continúa gobernando pese a que temía ser asesinada o destituida”, dice Melina Sánchez Blanco, psicóloga cordobesa, nieta de sirios, y quien abrazó la fe musulmana y el feminismo.

“Las protestas de las mujeres no fueron hasta ahora reprimidas, como sí lo han sido las de los hombres. Creo que no será nada fácil para el régimen talibán imponer las prohibiciones que antes existían; la coyuntura actual no es la misma y en estas últimas décadas los movimientos de mujeres se han fortalecido mucho y cuentan con apoyo de otras organizaciones de la región, de Irán y Turquía, entre otros”, opina Melina, quien cursa Ciencias Políticas en la Universidad de Villa María y es parte del Programa sobre Medio Oriente del Centro de Estudios Avanzados de la UNC.

“Los talibanes hoy gobiernan y para gobernar se necesita legitimidad y también buena relación con otros países, por lo menos en la región. Aunque los talibán quieran imponer lo mismo de hace décadas no van a poder, porque es más lo que pierden que lo que ganan y no están en posición de perder nada, menos aún si son relaciones comerciales con países que hoy les dan ‘apoyo’ o los escuchan”, resalta Sánchez.

–Pedís no subestimar a las afganas, ¿creés que podrían resistir si se repite el extremismo de los ’90?
–Las mujeres afganas ya han tenido suficiente experiencia en “resistir” y por lo visto no están dispuestas a claudicar, incluso dejando claro, con mucha valentía, que sus derechos fueron otorgados por Alá y que prefieren morir luchando por su país y por sus derechos antes que huir. Esto demuestra que el feminismo islámico y una de sus premisas, la de reapropiarse de los saberes religiosos y reinterpretarlos en perspectiva de género, tuvo sus frutos.

–¿Qué lugar tiene la mujer según las leyes islámicas?
–Reformulo la pregunta, qué lugar según el mensaje revelado. La mujer y el hombre son iguales y rescato lo aprendido de Amina Wadud, en su obra Qur´an and Woman, en la que propone una interpretación diferente sobre ese estatus asignado a la mujer. Allí diferencia el lugar de la mujer como individuo y miembro de una sociedad y aclara que el Corán en su mayoría se refiere a la mujer en su relación con su grupo social, dentro de una sociedad, y al momento de hablar de ella como individuo lo hace exactamente igual que lo hace con el hombre. No hay diferencias, por lo que aquello planteado en relación a esa relación interna e íntima con Dios no implica una distinción de géneros, no hay derechos espirituales diferentes para hombres y mujeres; no hay diferencias en cuanto a capacidades o proyectos personales, son iguales. Es la propia sociedad, en un tiempo histórico determinado, quien marca diferencias en esos aspectos. No pueden hacer, pensar, sentir y desear lo mismo. No hay indicios en el texto coránico que impliquen esta distinción y las diferencias existentes son producto de interpretaciones hechas sobre el texto por los mismos hombres y son ellos quienes las atribuyen al Corán para legitimarlas.

–¿Qué es realmente la Sharia?
–Tema largamente manoseado y manipulado con el propósito de infundir miedo, ¿no? Personalmente sostengo que las interpretaciones no son finales en el Islam y por ende es muy importante tener bien claros dos términos y su diferencia: Sharia y Fiqh. La Sharia representa los valores y principios derivados del Corán –y también de la Sunnah– que forman las enseñanzas morales, religiosas y legales del Islam. El Fiqh (jurisprudencia) es la aplicación práctica de esos principios. O sea que la Sharia es el espíritu de la ley, mientras que el Fiqh es la aplicación de la ley. Los valores de la Sharia son: Justicia, misericordia, bienestar y sabiduría. Desde estos valores los ulemas han interpretado los objetivos legales de la Sharia, que siempre deben apuntar al bienestar. Las leyes derivadas de la Sharia deben ser acordes a los siguientes derechos humanos: vida, libertad de religión, propiedad privada, libertad de intelecto y protección de la familia. Si hay una ley islámica que en su aplicación no proteja estos derechos, esa ley no puede considerarse parte de la Sharia, aunque se base en la aplicación literal de alguna sura/aleya del Corán o los hadices. La distinción entre Sharia y Fiqh permite que en nuestra religión haya diversidad de opiniones en asuntos legales y este hecho no representa algo negativo. La Sharia no es un código único de la ley que se impone. Su esencia es inmutable y su aplicación puede cambiar según el tiempo, lugar y las circunstancias. La Sharia es la ley divina e inmutable expresada en valores morales eternos (ética coránica), pero el Fiqh debe surgir del esfuerzo humano para comprender, interpretar y aplicar esos valores en la vida.

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