jueves 29 de julio de 2021
CóRDOBA UN CLÁSICO PERDURABLE
04-07-2021 00:26

Hazlitt: periodista docto y educador (económico y moral)

04-07-2021 00:26

“Sin la cooperación social, el hombre moderno no podría haber conseguido la más mínima fracción de los fines y satisfacciones que con ella ha conseguido”.

El libro “La economía en una lección” (1946) es la contribución más duradera de Henry Hazlitt (diríamos atemporal), con un millón de copias vendidas en diez idiomas. Es un clásico perdurable.

En esa obra, el economista, educador, periodista y filósofo americano, con ejemplos simples y maestría docente, refuta los sofismas económicos. Esos tan preponderantes en los últimos tiempos, que se han convertido en ortodoxia.

Otro de sus trabajos perdurables es The Failure of the New Economics (1959), una crítica detallada, de la “Teoría General del Empleo, Interés y Dinero” de Keynes, sobre la cual parafrasea una cita Samuel Johnson, en el sentido de que, el británico, fue "incapaz de encontrar una sola doctrina que sea a la vez verdadera y original: “Lo que es original, no es verdad, y lo que es verdad, no es original".

No obstante, en mi opinión, lo más valioso del prolífico columnista, es su trabajo principal en filosofía: The Foundations of Morality (1964), que es un tratado sobre ética. Es “utilitarismo” no tradicional.

Se trata de un trabajo realizado por un agnóstico; las religiones, no obstante, pueden avalar los principios morales que defiende la obra. Pero es útil analizar los fundamentos de la moral separadamente de la religión, que es más amplia.

En los 33 capítulos,  las relaciones sociales se resumen en la definición de Jellinek del derecho: “un mínimo de ética”, interindividual, en principio.

 La relación entre lo que es y lo que debe ser, abre la obra. Las conductas de cooperación social pacífica, benefician a la persona que practican la moral, en las relaciones interindividuales e intraindividuales. La moral alude a lo normativo no a lo descriptivo; es más bien prescriptiva.

Los seres humanos buscan su felicidad, y su acción, que se traduce en un tránsito hacia un mayor valor, debe seguir reglas morales. El egoísta excluye de sus satisfacciones el bienestar de otros; queda fuera de su interés la situación del prójimo. Ya, Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales afirma que en los hombres aparecen “principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la fortuna de otros, lo cual le reporta felicidad aunque no derive en nada para él excepto el placer de constatarla”.

Hazlitt explica que todos actuamos en nuestro interés personal, incluso con fines ruines o nobles. La calidad de los medios que se emplea y los fines que se persigue definen la moral. Respecto al debate si los fines justifican los medios, invita a la reflexión. Medios inmorales no conducen a fines morales.

Finalmente, en esta mínima exposición de la obra, donde he salteado a raudales, presento “La ética del capitalismo” y “La ética del socialismo”.

“La libertad no es éticamente indiferente, por tanto, una condición necesaria de la moralidad”, decía. La división del trabajo requiere de libertad, al efecto de que los precios coordinen información, todo lo cual implica el respeto a los derechos de propiedad. En el otro lado, los socialismos implican coerción, esto es, el uso de la fuerza para torcer los deseos y preferencias de la gente.

El utilitarismo ideal reconoce la belleza, la amistad y el placer como los bienes que las acciones deben maximizar.

Gestor de patrimonios financieros y Contador Público
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