jueves 08 de diciembre de 2022
CóRDOBA OPINIÓN

Martín Fierro no tenía internet, la educación tampoco

13-11-2022 00:26

Hace ciento cincuenta años, por estos días, un conocido conspirador jordanista daba los toques finales a una obra maestra literaria recluido en su habitación del Hotel Argentino, enfrente de la casa Rosada en Buenos Aires. Desde febrero de ese 1872 se había instalado allí sembrando el misterio y casi no salía por temor a ser detenido. Había conspirado contra el presidente Sarmiento. Sin embargo, la instrucción presidencial fue vigilarlo pero sin importunarlo. Un aviso del diario La República del 28 de noviembre, finalmente, anunció la aparición del volumen: “Muy pronto saldrá a la luz un folleto en versos gauchos, con el título Martín Fierro, escrito por el Sr. D. José Hernández. Entendemos que el gaucho Martín Fierro canta en su estilo nacional, sus aventuras, desdichas y tribulaciones de su vida nómade y del soldado de frontera.” Nacía uno de los mitos de las letras nacionales, aunque todavía pasarían varios años para alcanzar el reconocimiento actual. Por ese entonces lo conocían en la campaña, pero escasamente en la ciudad.

Hernández, que había sido taquígrafo, tenía una memoria prodigiosa y podía repetir de arriba a abajo y de abajo a arriba una lista de cien nombres sin equivocarse en uno solo y sin cambiar el orden. Es pertinente imaginar si en esos meses vigilado por Sarmiento estaba componiendo su “Martín Fierro” o lo había imaginado y memorizado en los ajetreados años anteriores y simplemente lo estaba transcribiendo. Como no existe manuscrito se puede suponer ese modo de composición basado en la memorización, que quizás lo llevó a volcar en el papel durante su reclusión los versos que le brotaban “como agua de manantial”.

Dos observaciones sobre Hernández. La primera es que se festeja el día de la Tradición el 10 de noviembre por su nacimiento, lo cual es una curiosidad saludable en un país necrológico. Y la segunda: es lamentable que una fecha redonda como los 150 años de un libro extraordinario, original en el mundo, esté pasando casi sin pena ni gloria en esta Argentina de la frustración social y la incertidumbre. Un país que baila al ritmo del reality show escandaloso de turno, de los devenires amorosos de modelos y futbolistas y de una vida política huera, nociva, chata y opaca.

Esa memoria prodigiosa del siglo XIX hernandiana, que podía retener nombres y quizás largas tiradas de versos, hoy ya avanzado el primer cuarto del siglo XXI se manifiesta en la inteligencia artificial y el big data. En el presente se replican con tecnología aspectos de lo que puede hacer la mente humana, a la par que se procesan al instante una cantidad impensable de datos, lo cual permite sacar conclusiones, obtener resultados, diseñar posibilidades de acción, etcétera.

Durante la semana que pasó el gobierno nacional, en un acto desangelado con la presencia del presidente, anunció el impulso del Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE). Se trata de una iniciativa del Ministerio de Educación de la Nación de 2012. En ese entonces fue anunciado y luego aprobado por todas las provincias y CABA en el Consejo Federal de Educación en 2014. Poco y nada se ha hecho desde entonces y justo en el momento de la crisis del relato por el severo recorte al presupuesto educativo se hace un anuncio rimbombante que la devaluada palabra presidencial deja en una nube vaporosa de humo y sanas dudas. Como casi todo lo que emite su tono gangoso porteño y arrabalero. Si antes se decía que el papel resiste todo, en la actualidad es una verdad de Perogrullo que los pilotos de sistemas informáticos muestran maravillas que es imposible saber si realmente funcionarán.

Más allá del anuncio, que por momentos resultó desopilante por las alabanzas exageradas del gobernador de Catamarca a la gestión de Alberto, por las dudas del ministro de Educación y del propio presidente de cómo funciona el nuevo sistema y por la presencia en la mesa de una ministra provincial que estuvo de adorno porque nunca participó, es interesante visualizar la construcción de relato usando la ilusión de algo que va a suceder en el futuro como si ya fuera una realidad. ¿No habría que sacar una ley que impida esta suerte de “inauguraciones” de anuncios, propia de los populismos, como si ya fueran realidades, ese corte malsano de cintas de aire? ¿Qué impide trabajar, desarrollar el sistema, ponerlo a funcionar y ahí sí hacer el acto mostrando los resultados?

La provincia de Mendoza tiene un sistema bastante más completo que el anunciado en la Casa Rosada, Gestión Educativa Mendoza, el GEM, desde 2017 en marcha. Con cinco años de funcionamiento, evolución y resultados de esta herramienta de gestión mendocina, el gobierno nacional ha avanzado con un sistema como si esa experiencia no existiera. No han realizado consultas los desarrolladores, ni es claro si saben que existe y cómo funciona. Eso sí, de Nación le pide a Mendoza que adhiera a una ilusión cuando ya tiene una realidad. En 2018 se realizó en la provincia una mesa federal informática con todas las jurisdicciones donde se expuso la experiencia, además de poner a disposición el desarrollo que es abierto. Es difícil, entonces, argumentar desconocimiento. Lo malo de tomar este sistema es que tendrían la seguridad de que funciona.

La principal traba para avanzar en un proyecto de este tipo es que se requiere de una voluntad política de conocer lo que sucede típicamente republicana, que no parece ser el motor que alienta al populismo, afecto a construir un relato que suplanta a lo real. El sistema estadístico en papel usado hasta la actualidad en la educación ha permitido dibujar a gusto las cifras, incluso por el modo en que se reúne la información de modo artesanal por escrito. En las gestiones de los últimos años lo que se ha favorecido es la opacidad de los sistemas de información para posibilitar los peores manejos políticos. Para muestra vale observar lo sucedido esta semana con los planes sociales del “Potenciar Trabajo” y la constatación de que muchos de los beneficiarios son compradores de dólares o tienen bienes que los inhabilitan a tener esos beneficios, entre otras irregularidades.

Lo más grave es que en el mundo de los planes ni siquiera se sabe si es buena la información de las irregularidades. Lo cierto es que los datos son de escasa calidad y no cumplen con la función que deberían. ¿Cuál es el fondo de ambas cuestiones, tanto de la nominalidad digital para la educación como de los datos en las políticas sociales? Que la información de mala calidad es funcional y deseable para un modo de gobierno populista que se basa en un relato que postula cosas que no suceden. Baste recordar la anulación del INDEC o la realización de los últimos dos censos. No se buscan datos de calidad porque ellos revelarían la discrecionalidad con que funcionan, por ejemplo, los movimientos sociales y el pobrismo que se alienta desde distintos ámbitos.

A esta altura de la tecnología y con un régimen de gobierno que impera en el país hace ya casi veinte años, con un sola interrupción de cuatro, es inconcebible que tanto los planes que vienen desde siempre como el gobierno del sistema educativo se gestionen con herramientas informáticas tan deficientes, ancladas en las posibilidades del siglo XX. ¿Es casual o deliberado? ¿Por qué se pudo avanzar con una herramienta excelente como “Mi Argentina” y no con otras? Porque “Mi Argentina” da información que no trae problemas que se conozca como sí lo hace el INDEC. Cabría pensar que los desvelos de los actuales ministros de Desarrollo Social y de Educación parecen más un ademán de la gestualidad populista de amagar modernización y garantizar atraso que reales acciones de buen gobierno de la cosa pública. ¡Claro que se necesitan sistemas que permitan administrar con eficacia y justicia la ayuda social y que es imperativo tener uno de nominal, digital y en tiempo real para la educación! No es esa la discusión, por eso muchos referentes bien intencionados apoyan estas iniciativas. Sin embargo, los antecedentes no hacen muy creíbles los espasmos de los últimos días. Deben existir funcionarios dedicados y bien intencionados, pero no parece la gestión en curso el terreno más fértil para ellos.

Como bien dice Martín Fierro en el Canto 2 de la Ida:

“Viene el hombre ciego al mundo,

cuartiándolo la esperanza,

y a poco andar ya lo alcanzan

las desgracias a empujones;

¡la pucha, que trae liciones

el tiempo con sus mudanzas!”

(*) Esta columna se publica en Mendoza Post

 

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