martes 22 de junio de 2021
CULTURA Aniversario
30-04-2020 09:33

90 años de Félix Guattari

Vinculado en un principio a Jacques Lacan, este notable filósofo, activista y psicoterapeuta francés adquirió reconocimiento planetario al promover, junto a Gilles Deleuze, conceptos clave para comprender el mundo en el que vivimos.

30-04-2020 09:33

Hoy se cumplen noventa años del nacimiento del amigo de la filosofía, activista, psicoterapeuta y creador de conceptos Félix Guattari (1930-1992), reconocido en el mundo como el coautor, junto con Gilles Deleuze, de El Anti-Edipo, Mil mesetas y el imperecedero Kafka. Por una literatura menor, entre otros clásicos del pensamiento francés del siglo XX. Guattari estuvo inicialmente vinculado a Jacques Lacan, del que fue paciente, pero se distanció del psicoanálisis a partir de su trabajo institucional en La Borde, “clínica-castillo” dirigida por Jean Oury. “De la misma manera que en otras épocas el teatro griego, el amor cortés o las novelas de caballerías se impusieron como modelo, o más bien como módulo de subjetivación, hoy el freudismo sigue habitando nuestras formas de sostener la existencia de la sexualidad, de la infancia, de la neurosis”, escribió. Fue también lector y crítico del marxismo y de las teorías estructuralistas, que “modularon” la conciencia y la acción en la segunda mitad del siglo pasado.

Teórico experimental

En Gilles Deleuze y Félix Guattari. Biografía cruzada, François Dosse explora la formación individual y el trabajo conjunto de ambos pensadores en la historia intelectual de Francia. “Entre los dúos más celebres de todos los tiempos, se encuentran Deleuze, el santo sabio, siempre mencionado primero -esta no es la excepción- que Guattari, el profeta inclasificable cuya obra no depende toda de la máquina D&G, aunque cueste, y muchas veces no sea necesario, singularizarlo –dice la filósofa Leonor Silvestri-. A la vista de la coyuntura, dos de sus últimos textos, Las tres ecologías, de 1989, y Caosmosis, publicado en 1992, el año de su muerte, adquieren una relevancia insoslayable, pese a su inocencia humanista por construir otra sociedad que lo coloca más cerca de Charles Fourier o Ursula K. Le Guin”.

Para Silvestri, conviene adentrarse en el lenguaje neologista guattariano, “como si fuera (ciencia) ficción experimental para maquinar, parafraseándolo, una supervivencia en este planeta amenazado no sólo por degradaciones ambientales, sino también por la del tejido de solidaridades sociales y de los modos de vida psíquicos que literalmente él arenga a reinventar mediante la promoción de un nuevo arte de vivir que socave la estandarización de los comportamientos y que se oponga a utilizar la censura y la contención en nombre de grandes principios morales”. Según la autora de Enemiga pública, “la apelación a construir otros mundos posibles, una ecología social, mental y ambiental, una práctica ético-estética contra los módulos de subjetivación modélicos freudianos (entre otros), convierte a Guattari en un autor insoslayable para quienes deseamos repeler las formas fascistizantes a nivel macro y micro”. Las preguntas de Guattari fueron similares a las de varios de sus coetáneos franceses, entre las que sobresale una: cómo vivir juntos. “La diferencia estriba en que Félix nos legó una propuesta que en muchos puntos aún hoy resuena crítica, incómoda y fundamental”, concluye esta autora, a la que se puede seguir en su cuenta de Instagram @haciendoamigxs.

La filosofía de A a B y de B a A

Crítico del psicoanálisis

Sobre Guattari, dijo Gilles Deleuze: “Félix era un hombre de grupo, de bandas o de tribus, y sin embargo es un hombre solo, un desierto poblado de todos sus devenires”. El “devenir guattariano” del pensamiento ecológico, la acción política y el arte, es una vía por seguir e investigar. Para el filósofo Luis Diego Fernández, Guattari fue filósofo menor, con el significado abierto que se le dio a este adjetivo en Kafka. Por una literatura menor y Mil mesetas. “Porque era psicoanalista, y su ensamble con Deleuze lo colocó con el tiempo en un lugar de veladura, de omisión permanente a la hora de repasar los tres textos centrales que escribieron juntos: El Anti-Edipo, Mil mesetas y ¿Qué es la filosofía? –señala-. La obra en solitario de Guattari es más acotada, menos traducida y cuenta con notables bombas libertarias: Revolución molecular, Las verdades nómades, Las tres ecologías, Cartografías esquizoanalíticas  y Caosmosis. Poco sentido tiene discernir qué aportó Deleuze y qué Guattari en las obras en conjunto, precisamente porque pretendían el entrecruce de subjetividades al modo de un agenciamiento, por emplear una de sus categorías”. No obstante, Fernández indica que los aportes de Guattari se revelan en la correlación que establece entre procesos sociales e inconscientes. “La micropolítica que piensa implícitamente Guattari busca desactivar tanto al marxismo normalizador como al capitalismo neurotizante. El aporte de la izquierda libertaria guattariana marcó luchas específicas de minorías: palestinos, obreristas, feminismo, homosexuales y transexuales. Guattari politizó a Deleuze, que antes del 68 y de conocer a Guattari en el 69, había permanecido ajeno a modas filosóficas”.

“Sin Deleuze, Guattari es la centralidad de lo molecular –agrega el autor de Libertinos plebeyos-. Su pensamiento quizás haya sido, de modo más encubierto que en los casos de Michel Foucault y Deleuze, la piedra angular de Mayo del 68, es decir, la evolución postanalítica, postpolítica, en favor de una revolución molecular y anarquizante. El pensamiento de Guattari es en gran medida la arquitectura del espíritu de Mayo del 68, movimiento de rebelión contra toda cadena: explotación, opresión, imperialismo, familiarismo, Estado y significado. Ligada a esta crítica en pos de la creación de comunidades amistosas, está el aporte capital de Félix: el esquizoanálisis. Aquí no sólo tenemos una terapia sino además un modo de concebir la relación entre la singularidad (o individualidad) y la caosmosis (o el mundo)”. Con la “esquizoterapia”, Guattari se opuso al psicoanálisis freudiano, que consideraba elitista, de alto costo y larga duración, y propulsor del modelo edípico. “El problema central del psicoanálisis habrá sido, según Guattari, expandir una categoría como el complejo de Edipo de modo universal cuando, en rigor, era contextual a la familia burguesa y el sentimiento de culpa propio del judeocristianismo de la Europa de fines del siglo XIX y principios de siglo XX. Mientras que la cura para el psicoanálisis implicaba la reducción del psiquismo a las normas de comportamiento social y la familia normalizante, en el esquizoanálisis se pretenderá seguir el ‘delirio’ del paciente para volverlo coherente y compartible con otros”.

Derrumbes

Guattari hoy

Chernobil y el sida nos han revelado brutalmente los límites de los poderes técnico-científicos de la humanidad y las ‘sorpresas’ que puede reservamos la ‘naturaleza’ –escribió Guattari-. Sin duda alguna, se impone una responsabilidad y una gestión más colectiva para orientar las ciencias y las técnicas hacia finalidades más humanas. No podemos abandonarnos ciegamente a los tecnócratas de los aparatos de Estado para controlar las evoluciones y conjurar los peligros en esos dominios, regidos, en lo esencial, por los principios de la economía del beneficio”. En plena pandemia vivida en tiempo real, estas palabras resuenan hoy de modo profético.

Para Emiliano Exposto, docente de Filosofía, militante e integrante de la Cátedra Abierta Félix Guattari, creada en 2019 en la Universidad de los Trabajadores del IMPA (en Facebook: https://www.facebook.com/C%C3%A1tedra-Abierta-F%C3%A9lix-Guattari-2151573261603668/), el siglo XXI es guattariano.

“Michel Foucault cierta vez vaticinó que el siglo XXI sería deleuziano, refiriéndose a la importancia que tendría la obra del filósofo francés en estos tiempos –dice Exposto-. Sin embargo, teniendo en cuenta las luchas y dinámicas del capitalismo de las primeras dos décadas del siglo habría que rectificarlo y afirmar que el siglo XXI ya está siendo guattariano. Remitiéndonos así a la figura de Guattari, coautor con Deleuze de conocidos libros, el suyo es el nombre de una multiplicidad: activista de izquierda, admirador de Jean-Paul Sartre, díscolo lector de Lacan, coinventor del esquizoanálisis, compañero de algunos viajes junto con Toni Negri, militante revolucionario toda su vida”.

Para Exposto, Guattari construyó un pensamiento abocado a la creación de conceptos situados históricamente entre los que se destacan inconsciente maquínico, revolución molecular y transversalidad. “Mi selección no es inocente –advierte-. Los tres problemas fundamentales de Guattari son lo inconsciente, esto es los procesos históricos del deseo, la imaginación, los signos y los síntomas; la revolución, es decir, la transformación micro y macropolítica de la sociedad capitalista, patriarcal y colonial; y por último, la institución de organizaciones sociales y políticas acordes a los nuevos conflictos históricos”. Coincide en que Las tres ecologías es el mejor texto para conocer al Guattari solista. “Ofrece los saberes prácticos más fértiles para atravesar las crisis generalizadas que estamos viviendo: crisis ecológicas, sanitarias, reproductivas, subjetivas, económicas. Justo en el año de la caída del Muro de Berlín, Guattari planteaba la necesidad de recomponer los lenguajes, sensibilidades y métodos del movimiento revolucionario de masas en la encrucijada entre los feminismos y luchas por las diversidades, el clasismo del movimiento obrero y el precariado organizado, y los ecologismos antisistema. En momentos donde se agudizan las crisis del capitalismo mundial integrado, como llamaba Guattari al ‘nuevo orden mundial’, esa transversalidad entre resistencias, formas de vidas y modos de organización resultan elementales para impugnar la supuesta normalidad capitalista”, agrega.

En la Argentina, la editorial Cactus publicó varios títulos para conocer la obra de Guattari: Líneas de fuga. Por otro mundo de posibles, ¿Qué es la ecosofía?, Escritos para el Anti-Edipo y Un amor de UIQ. Guion para un film que falta en coedición con el sello Caja Negra.