martes 18 de mayo de 2021
CULTURA Novedad editorial
25-10-2020 03:47

Argentina: ese sueño inviable

Un libro de reciente aparición recupera fotografías del artista suizo-argentino Gaston Bourquin, que retrató como ningún otro el país que se gestaba en la primera mitad del siglo XX.

25-10-2020 03:47

Una playa de río, poblada de gente que disfruta sus aguas mansas y otros cientos, vestidos de domingo, mirando la escena. La rambla iluminada al anochecer, que se asemeja a un paisaje europeo. Unas cataratas rebosantes de agua y espuma blanquísima. Una luna a lo lejos, con reflejos ensoñados que recuerdan a una pintura romántica. Viñedos y trabajadores, antes, mucho antes de la explosión de la ruta del vino. La plaza de un pueblo bonaerense, bordeada de canteros y al fondo, un edificio gubernamental, con una traza similar a tantas y tantas plazas. Paseos, a lo largo y ancho del país; escenas de trabajadores y sus familias, que miran a la cámara, recelosos. La riqueza y la pobreza de un país en desarrollo. Estampas, postales desplegadas de un viajero indómito: el fotógrafo suizo-argentino Gaston Bourquin.

La historia de la fotografía argentina que va del daguerrotipo en el siglo XIX a las primeras experiencias del siglo XX es la historia de curiosos que rápidamente sacaron el invento modular del estudio –salieron de la toma para las clases pudientes– y comenzaron a registrar sus lugares de residencia o a viajar a otras geografías para dar cuenta de un país que comenzaba a expandirse, a industrializarse y a explotar sus ricos recursos naturales. Muchos de ellos pertenecen a las oleadas de inmigrantes europeos que llegaron a nuestro suelo, desde 1880 en adelante, con fuertes flujos en los períodos de las guerras mundiales. 

De ese momento y de ese contexto, que empieza en las primeras décadas del siglo XX, da cuenta el libro De Tierra del Fuego a Misiones. Fotografías de Gaston Bourquin. 1914-1950, editado por José Martini y Luis Priamo, en la imprescindible Ediciones de la Antorcha, cuyos rescates y puestas en valor son lo mejor que les ha podido pasar a los archivos fotográficos argentinos. 

De Tierra del Fuego a Misiones... no es solo un compendio de imágenes, muchas de ellas reconocibles. Es la puesta en contexto de un desarrollo de la fotografía que va de la mano de los cambios que habían empezado a operarse en la vida argentina, con la llegada de inmigrantes de diversa índole. Por eso, el volumen abre con un ensayo atinado de la historiadora Lila Caimari, que nos permite comprender el impulso de una actividad comercial muy particular para viajeros y residentes. 

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El desarrollo de los álbumes y postales, junto con el desarrollo del turismo. Y es tan incipiente esa actividad que, vistas a la luz del tiempo, esas postales se han convertido en materia de estudio, porque paralelamente a esa toma, al registro del paisaje exuberante, de una planicie inquietante o del edificio público, aparecen trabajadores, paseantes desinteresados, observadores de las actividades más diversas. Y es ahí, también, donde ancla el interés por estos ricos archivos. Una sociología de la imagen. Esto fuimos, esto pudimos ser. Porque en medio del desarrollo del país, de cambios coyunturales de raíz económica y productiva, ahí hay una caja, con un ojo detrás, que capta el instante decisivo para la posteridad.

Los curadores del material fotográfico de la obra de Gaston Bourquin son los investigadores Luis Priamo y Verónica Tell. De Priamo es menester subrayar que le debemos muchos de los trabajos más importantes sobre fotografía argentina del siglo XIX y comienzos del XX: desde los años del daguerrotipo o el invaluable trabajo sobre la obra de H. G. Olds; del inmenso Fernando Paillet y la vida en Esperanza, Santa Fe; o las vistas mendocinas de Juan Pi, por mencionar algunos. Verónica Tell es doctora en Historia del Arte, coordina el área de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes, es autora del libro El lado visible. Fotografía y progreso en la Argentina a fines del siglo XIX (editado por Unsam), y también es la nieta de Gaston Bourquin: se aúnan en estos mínimos datos el interés académico con el resguardo familiar de archivos imprescindibles. 

Gaston Bourquin (Suiza, 1890-Buenos Aires, 1950) llega a nuestro país instado por un colega que ya está afincado en el territorio, su compatriota Juan Pi (Suiza, 1975-Mendoza, 1942). El desarrollo de la fotografía comercial ya estaba dando sus frutos: los nombres de Samuel Rimathé, Enrique Avanzi, la casa A.W. Boote y Cía., cuyo fotógrafo era Enrique Moody, H.G. Olds, producen muchas fotos para postales o álbumes, a la vez que siguen desarrollando retratos en estudio. La característica particular de Bourquin es que solo se dedicará a la fotografía comercial y será su propio editor, aun cuando se asocie en la década de 1930 con otro pionero, Federico Kohlmann

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En diálogo con PERFIL, Luis Priamo destaca: “Bourquin le agregó valor cultural a su producción comercial. En 1921 compuso un almanaque ilustrado con fotografías de lugares o monumentos con significación histórica nacional importante, tomadas en todo el país y comentadas por escritores notables. Lo llamó Almanaque Patria y recibió elogios de intelectuales del mayor nivel como Leopoldo Lugones o Ricardo Rojas. Además de fotógrafo excelente, Bourquin era un hombre culto y hondamente integrado a nuestra cultura; un verdadero gaucho suizo, glosando a Gerchunoff”.

¿Qué viene a reponer este libro en la historia cultural argentina, entonces? Verónica Tell asevera: “Este libro recupera el trabajo y la trayectoria de un fotógrafo con una obra de gran calidad visual y testimonial y de un fuerte impacto, dada su amplia difusión contemporánea. Pero además se inserta en una colección fundamental sobre la fotografía histórica argentina, y con ello participa de ese relato amplio sobre la iconografía fotográfica en nuestro país construido desde la editorial y con el trabajo sustancial de Luis Priamo”.

Desde un punto de vista que aúna lo personal y lo profesional, Verónica Tell declara: “No encaré el relevamiento que hicimos con Luis en el archivo fotográfico (conservado en el Museo de la Ciudad) de un modo distinto, en lo profesional, a como abordé antes otras colecciones o archivos. Pero fue diferente con lo conservado por mi madre. Algunos documentos, particularmente el diario de su viaje a la Argentina o fotos personales, claramente tenían que ver conmigo: ese hombre que viajó, escribió y fotografió ahí sí se convertía en mi abuelo. Y ahora con el libro terminado, en mis manos, siento que es un eslabón que nos une. Quizás un tributo, quizás un diálogo...”

Los rastros y los rostros del siglo XIX

El daguerrotipo llega a la Argentina muy poco tiempo después de su descubrimiento. Esa innovación revolucionaria –y sus derivaciones técnicas– atravesará buena parte de la segunda mitad del siglo XIX retratando a la dirigencia política, soldados, familias adineradas, vivos y muertos. También habrá paisajes y registros de actividades varias. Un momento inaugural de una disciplina que aúna ciencia y arte, aficionados y nuevos profesionales.

Siguiendo esos pasos, el realizador Darío Schvarzstein (Buenos Aires, 1975) es el ojo detrás de la lente que registra momentos particulares de nuestra historia cultural en la serie La huella en la imagen, que por estos días se puede ver en Canal Encuentro. Una investigación profunda y atenta del fenómeno (de la que Schvarzstein también es responsable junto a un equipo de reconocidos especialistas), que recorrerá en ocho capítulos los momentos más significativos de la fotografía de la segunda mitad del siglo XIX, ilustrando los testimonios con piezas invaluables que dan cuenta de los intereses de la época. Unitarios y federales; el general San Martín en un retrato emblemático; mujeres de la alta sociedad y sus hijos; indios, gauchos, gringos; los álbumes familiares, las vistas de paisajes nunca antes registrados. Ahí está una parte esencial de nuestra historia. Y el trabajo que se muestra en La huella en la imagen confirma un desafío que revela una pasión y la valoración de un patrimonio que siempre es digno traer al presente.