miércoles 10 de agosto de 2022
CULTURA Arte

Claudia del Río en Walden: Avanzando sobre la obra

Hasta el 19 de agosto se presenta “Claroscuro latinoamericano”, de la rosarina Claudia del Río, con la que la artista no solo lleva a cabo una operación vanguardista, volviendo al objeto de consumo una obra de arte, sino que además produce discurso en el contexto del arte latinoamericano. Lecturas desviadas, nueva vida a los objetos que nos rodean, desplazamientos, denuncias y desvíos: todo lo que el arte sabe producir desde Andy Warhol en adelante.

03-07-2022 02:00

"Si el agua hubiera sido inventada después de la Coca-Cola tendría un éxito bárbaro”, teorizó alguna vez Bioy Casares. Sin embargo, esta bebida que marca un antes y un después en la historia no sólo de los alimentos sino del consumo en general, fue inventada en 1885 por John Pemberton, que era farmacéutico y vivía en Atlanta. La fabricó en el jardín de su casa para aliviar los problemas digestivos y, según dicen, la receta original tenía cocaína. Un poquito, nada más; de ahí uno de sus nombres. El otro, Cola, refiere a la nuez de Kola que contiene cafeína, y era el efecto energizante que buscaba el boticario. Se empezó a comercializar entonces por vaso a 5 centavos en la farmacia, hasta que se dieron cuenta de que era muy requerida. 

A once años de este invento, salió por primera vez de Estados Unidos, en 1897, al tiempo que iniciaba un modelo de negocio que la convertiría en la bebida más famosa del mundo: Coca-Cola les suministraba el concentrado y los embotelladores elaboraban la bebida, la distribuían y comercializaban. En 1941, por ejemplo, llegó a la Argentina. (Mi tío abuelo la probó, a instancias de comenzar con esa importación, y dijo: “¿Quién va a querer tomar esto?”. En cambio, Reginald Lee fue un poco más visionario –sabía que el agua ya había sido inventada–, y armó la planta embotelladora más importante de Argentina, en el sur del conurbano. Pero esta es otra historia.) 

La relación de la gaseosa va mucho más allá que con la industria alimenticia, los modelos de negocios, incluso con simpáticas (y fallidas) anécdotas familiares. Con el arte y la publicidad, sobre todo, en tanto, una representación gráfica y un diseño que puede ser contado de manera cronológica. Por lo menos, desde que en 1915 se realizó un concurso para que tenga una misma botella y ganó la Contour o la conocida Coke Bottle. De esa manera, todos los países debieron envasar en ese recipiente (y en los sucesivos) para evitar una deriva de la marca. 

OBRAS. “Coca-Cola es un ejército” remeda al cartel publicitario, al tiempo que concentra un cúmulo de sentidos de su carrera, y su encuentro con estas imágenes.
OBRAS. “Coca-Cola es un ejército” remeda al cartel publicitario, al tiempo que concentra un cúmulo de sentidos de esta etapa de su carrera, a partir del 2000, y su encuentro con estas imágenes.

“Coca-Cola es un ejército”, blanco sobre rojo en un cartel que está en la cabecera de la muestra Claroscuro latinoamericano de Claudia del Río. Una pieza que remeda al cartel publicitario, es esmalte sobre chapa, al tiempo que concentra un cúmulo de sentidos de esta etapa de su carrera, a partir del 2000, y su encuentro personal con estas imágenes. La deriva en la sala de exposición va desde el cartel a la mesa; servida con botellitas de diferentes etapas de diseño: un repertorio y un archivo. La coleccionista de objetos de descarte y la atenta observadora de los cambios culturales y políticos en los pequeños detalles. 

Porque no es sólo ejercer la operación de la segunda vanguardia, sacar de la serie del consumo para volver al objeto una pieza de arte, ni producir collages, juntar objetos, encontrarlos, volver a darles una nueva vida en la re-creación, sino hacer todo esto y producir discurso, como haikus políticos, en el contexto del arte latinoamericano. La impronta local, la periferia del consumo, la relación centro y alrededores.  Los desplazamientos que vienen de la propia historia artística de Claudia del Río y están cifrados en su paso por el arte correo con ese modelo internacionalista de los arrabales, de la impronta menor, de la pequeña guerrilla artística. 

Por eso, ese slogan, como recomienda el curador de la muestra Francisco Lemus, es preferible leerlo menos como “la denuncia en tanto la gaseosa es un objeto icónico del capitalismo”, sino como “cuando Claudia escribe ‘Coca-Cola es un ejército’ está diciendo que la imagen de la gaseosa avanzará sobre su obra como un ejército”. 

A esto se me ocurre agregarle un desplazamiento más, un efecto de lectura desviada que daría: “Coca Cola es un ejercicio”. En el sentido de poner una idea y una imagen en movimiento, pasaje de una cosa a otra, recorrido, ida y vuelta, que copia el efecto burbujeante, el vigor y la energía, para sustraerle algo de esa pregnancia de tipografía y color. Incluso, volver a leer la definición, perfecta y definitiva de Andy Warhol y hacerla suya desde otro lugar del mundo: “Lo que es genial de este país, es que América ha iniciado una tradición en la que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Podés estar viendo tele y ver la Coca Cola, y sabes que el Presidente toma Coca Cola, Liz Taylor toma Coca Cola, y pensás que vos también podés tomar Coca Cola. Una Coca es una Coca y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una Coca mejor que la que está tomándose el mendigo de la esquina. Todas las Cocas son la misma y todas las Cocas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el Presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y vos lo sabés”.’

 

Claudia del Río. Claroscuro latinoamericano.
Walden gallery
Viamonte 452
Hasta el 19 de agosto de 16.30 a 20