CULTURA
Historia y fe

El Negro Manuel: el esclavo africano que se convirtió en el primer custodio del tesoro de Luján

Manuel Costa de los Ríos fue testigo del origen de la devoción a la Virgen de Luján y dedicó más de medio siglo al cuidado de la imagen. Su historia, atravesada por la esclavitud, la fe y la memoria afroargentina, hoy forma parte del camino hacia su beatificación.

El Negro Manuel
El Negro Manuel | captura-redes

La historia de la Virgen de Luján, una de las devociones religiosas más importantes de la Argentina, no puede contarse sin mencionar a Manuel Costa de los Ríos, conocido popularmente como el Negro Manuel. Fue un esclavo africano que, según la tradición histórica y religiosa, estuvo presente en el episodio fundacional de 1630 y se convirtió en el primer custodio de la imagen mariana.

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Nacido en África occidental, Manuel llegó al Río de la Plata en el siglo XVII en el marco del tráfico esclavista. Las investigaciones históricas lo ubican como parte de un lote de personas esclavizadas proveniente de Pernambuco, Brasil, que fue trasladado hacia Buenos Aires. Su vida cambió cuando quedó vinculado a la pequeña imagen de la Inmaculada Concepción que, con el tiempo, sería venerada como Nuestra Señora de Luján.

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Quién fue el Negro Manuel, el esclavo vinculado al origen de la Virgen de Luján

Manuel no ocupaba un lugar de poder en la sociedad colonial. Era un hombre esclavizado, sin derechos plenos y sometido a la voluntad de sus amos. Sin embargo, su figura quedó asociada al nacimiento de una de las devociones más extendidas del país. Su nombre aparece ligado al llamado “milagro de la carreta”, ocurrido cuando dos imágenes de la Virgen eran trasladadas desde Buenos Aires hacia el interior del territorio.

El Negro Manuel

Según la tradición, al llegar a la zona del río Luján, la carreta que transportaba las imágenes no pudo continuar su marcha. Los bueyes no avanzaban hasta que una de las figuras fue retirada. Ese hecho fue interpretado como una señal de que la Virgen quería quedarse en ese lugar. La imagen permaneció allí y comenzó a recibir veneración.

El milagro de la carreta y el nacimiento de la devoción a la Virgen de Luján

A partir de ese episodio, la pequeña imagen comenzó a ser cuidada en un oratorio humilde. Manuel fue designado para atender el culto, mantener encendida la lámpara, limpiar el espacio y recibir a quienes se acercaban a rezar. Con el paso de los años, su tarea dejó de ser solo una obligación impuesta por la esclavitud y pasó a ser vista como una entrega personal a la Virgen.

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La tradición religiosa lo recuerda como el primer gran propagador de la devoción lujanense. Durante décadas, Manuel custodió la imagen, acompañó a los peregrinos y sostuvo el culto cuando todavía no existía la actual Basílica ni la masiva peregrinación que hoy identifica a Luján.

Por qué el Negro Manuel fue considerado el primer custodio del tesoro de Luján

El llamado “tesoro de Luján” no remite solo a un valor material, sino al valor espiritual, histórico y simbólico de la imagen. Manuel fue su primer cuidador estable. Su presencia permitió que la devoción se mantuviera viva en sus primeros años, cuando el culto dependía de un pequeño espacio rural y de la constancia cotidiana de quienes lo sostenían.

De acuerdo con los relatos difundidos por el Santuario y organismos oficiales, Manuel cuidó a la Virgen durante más de 50 años. Esa permanencia lo convirtió en una figura central para comprender el origen del santuario y el crecimiento de la devoción mariana en la Argentina.

La vida de Manuel Costa de los Ríos entre la esclavitud y la fe

La historia del Negro Manuel también permite mirar una dimensión muchas veces silenciada: la presencia afro en la historia argentina. Su figura condensa una contradicción profunda de la época colonial: un hombre esclavizado, privado de libertad, terminó ocupando un lugar decisivo en la memoria religiosa nacional.

Con los años, Manuel quedó unido de manera inseparable a la Virgen. Incluso cuando la imagen fue trasladada a otro sitio, la tradición cuenta que él reclamó seguir junto a ella. Esa insistencia reforzó su fama de servidor fiel y custodio permanente.

El camino a la beatificación del Negro Manuel

En la actualidad, Manuel Costa de los Ríos es reconocido como Siervo de Dios, el primer paso dentro de una causa de beatificación en la Iglesia católica. La causa fue impulsada formalmente en 2016 y busca estudiar su vida, sus virtudes y su importancia dentro de la tradición cristiana argentina.

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Su posible beatificación no solo tiene un significado religioso. También representa una reparación simbólica hacia la memoria afroargentina y hacia quienes, como Manuel, formaron parte de la construcción cultural del país desde lugares históricamente invisibilizados.

El legado del Negro Manuel en la historia argentina

La figura del Negro Manuel sigue viva en Luján porque une tres dimensiones: la fe popular, la historia colonial y la memoria afrodescendiente. Fue esclavo, testigo y custodio. Su vida estuvo marcada por la falta de libertad, pero también por una devoción que lo convirtió en protagonista de una historia que trascendió los siglos.

A casi cuatrocientos años del origen de la devoción, su nombre permanece asociado al inicio de uno de los centros religiosos más importantes del país. En la historia de Luján, Manuel no fue un personaje secundario: fue el hombre que cuidó, protegió y acompañó el primer tesoro espiritual de la Argentina.