jueves 16 de septiembre de 2021
CULTURA Entrevista a Minae Mizumura
05-09-2021 03:22

La herencia de una lengua

Nació en Tokio en 1951, pero a los doce años se trasladó junto a su familia a Nueva York. Estudió en la escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, más tarde francés en la Sorbona de París, para finalmente volver a graduarse en Yale. Con dos novelas editadas en nuestro país por Adriana Hidalgo –además fue invitada a participar de la próxima edición del Festival de Literatura de Buenos Aires (Filba)–, dialogamos en exclusiva con una de las voces más frescas y originales de la literatura japonesa contemporánea.

05-09-2021 03:22

Mizumura es el aire fresco de la literatura japonesa contemporánea. Despojada de barroquismos, su narrativa es su propio reflejo: una mujer moderna que ficciona un texto, una historia significativa donde sabe que el lector es oyente y también hablante. Casi un ejercicio lingüístico que apela tanto a la sensibilidad como al contexto situacional. Invitada al Filba 2021 (del 20 al 24 de octubre), tendremos la oportunidad de ver a Minae Mizumura participando del festival literario donde apreciaremos su amabilidad tan característica de una cultura que la envuelve pero no la ahoga. Sabe alejarse y acercarse según las circunstancias y eso es el resultado de una lectura ágil y de representación social. Y aunque ya visitó la ciudad de Buenos Aires, no ve el momento de volver. Como todos.

Sus dos títulos, Una novela real (2011) y La herencia de la Madre (2015), ambas editadas en nuestro país por Adriana Hidalgo, así lo demuestran: un despliegue de ficciones donde se adivina una relación intertextual en la que, aunque en diferentes direcciones, las relaciones familiares son el desencadenador de historias y emociones. Cuenta además con un ensayo sobre la lengua inglesa no traducido al español aún: The Fall of Language in the Age of English, que resulta una llamada reveladora a la conciencia sobre el papel del idioma; lo que significa para el destino de los idiomas nacionales en un momento en que el inglés se ha convertido en el idioma dominante del mundo. Es que Mizumura, nacida en Tokio en 1951, se trasladó junto a su familia a Nueva York a los doce años. Allí estudió en la escuela del Museo de Bellas Artes de Boston y más tarde francés en la Sorbona de París, para finalmente volver a graduarse en Yale con especialización en francés. Además, Mizumura dictó clases en la universidad de Princeton, en la de Michigan y en la de Stanford. Bilingüe, entonces, prefiere escribir en su idioma materno pero entiende y ha vivido ambos mundos: Oriente y Occidente como propios. Y los leemos en sus libros.

—Borges solía decir que el acto de leer debe darnos felicidad pero no estoy muy de acuerdo. La mayor parte de la literatura japonesa que leo es realmente triste y, sin embargo, es una de mis favoritas (“Arrancad las semillas, fusilad a los niños”, de Kenzaburo Oé, o “Samurai”, de Matsubara son definitivamente las novelas más tristes que he leído, todo Mishima también). Lo suyo es muy, digamos, profundo, me atrevería a decir con aires de melancolía.

—Lo importante, creo, son las líneas que preceden a las palabras de Borges sobre cómo el acto de leer debe darnos felicidad: “Pero si un libro te resulta tedioso, no lo leas; ese libro no fue escrito para ti. La lectura debería ser una forma de felicidad". Así que no deberíamos leer lo que no disfrutamos. Y no podría estar más de acuerdo. Creo que también estarías de acuerdo con él si te das cuenta de que nadie te obligó a leer esas obras de literatura japonesa. Los leíste por voluntad propia y no los consideraste tediosos. Más bien, los viste tristes pero lo suficientemente atractivos como para seguir leyendo e incluso se convirtieron en algunos de tus favoritos. La felicidad adquiere muchas formas y el placer que uno siente al leer puede ser perverso. ¡Puede que estés llorando como un bebé y aún disfrutes del libro! Dicho esto, puede que tengas razón al pensar que los escritores japoneses tienden a preferir las historias tristes. Los animés japoneses a veces tienen dos finales diferentes, uno triste para la audiencia japonesa y otro feliz para el resto del mundo. ¿No es increíble eso? Con respecto a mi propia escritura, te sorprenderá saber que definitivamente estoy a favor de los finales felices. Releo obsesivamente y siempre elijo historias que me hacen feliz al final. Mis novelas pueden parecer melancólicas pero todas terminan con un rayo de esperanza o, al menos, con una tranquila sensación de aceptar y valorar la vida tal como es. No tengo idea de cómo se “clasifican” mis escritos. Sé que no son para todos, no escribir lo es, pero estoy agradecida de que haya lectores a quienes no les resultan tediosos e incluso les agradan.

“No es posible hablar de temas profundos con una persona que tal vez no volvamos a ver” dirá casi al final de La herencia de la Madre, Minae Mizumura. Dos hermanas muy distintas entre sí, una madre moribunda (Natsuki y Mitsuki Katsura enfrentan la decisión de cumplir con la voluntad de su Madre: una muerte asistida.), un matrimonio fallido, casi una herencia maldita. Pero esa muerte no resulta un final sino el retroceso memorioso o pensamiento retrospectivo de esa relación maternal.

—En “La herencia de la Madre” escribió “Mi Madre morirá/ Esa Madre morirá/ Finalmente morirá”. y luego “No llores la madre”. ¿Por qué mamá está siempre en mayúsculas y por qué uno tiene que ser lo suficientemente fuerte (¿tal vez?) para no llorar su muerte? ¿Es un guiño freudiano?

—Tuve que sonreír cuando me preguntaste por qué la palabra “madre” siempre está en mayúsculas. La escritura japonesa no distingue entre mayúsculas y minúsculas, por lo que el uso de mayúsculas fue una decisión que tomó mi editora, Adriana Hidalgo. Aunque no leo español y me resulta difícil evaluar el efecto literario de las mayúsculas, me parece una idea excelente. La madre parece manifestarse con más fuerza como una figura exigente y a menudo insoportable, lo que acentúa el agotamiento de la protagonista Mitsuki. Al mismo tiempo, las mayúsculas parecen honrar de alguna manera a todas las madres del mundo. Después de todo, solo tenemos una madre, nuestra madre, y somos su hijo, nos guste o no. Cuando la madre de uno muere, se puede llorar tanto como quiera. Todo es muy natural. No hice llorar a Mitsuki simplemente porque yo misma no lloré. No sé si hay un “guiño freudiano” involucrado. Estaba claramente agotada por el cuidado y aliviada de que todo hubiera terminado. Recientemente, es decir, más de diez años después de la muerte de mi madre, a veces lloro cuando la recuerdo. Pero no es exactamente porque la extrañe. Extraño mi infancia. Extraño los años en que era joven, bonita y feliz.

—En la misma novela, usted (Mitsuki, en realidad, la protagonista, un alter ego) comienza diciendo algo así como que las mujeres con un gran sentido de la ética no tienen derecho a considerarse infelices. Primero lo entendí mal y “leí” feliz y estuve de acuerdo con eso. Me tomó un tiempo pensarlo y analizarlo. ¿Es una cosa de la cultura oriental o solo un pensamiento? Porque creo que usted cuestiona bastante los límites convencionales de su, llamémosla, literatura nacional.

—No creo que su reflejo (o mi reflejo) sea algo cultural. Desde la era de la Ilustración, la noción de que todos los seres humanos tienen derecho a disfrutar de la igualdad y el mismo grado de felicidad se extendió lentamente por todo el mundo. Mitsuki, como mujer moderna que vive en Japón, sabe que es una privilegiada en comparación con quienes viven en países más pobres, menos justos y menos libres. También sabe que es una privilegiada en comparación con muchos de sus compatriotas porque su familia estaba relativamente acomodada en un sentido económico. También es consciente de que sus problemas –su mala salud, su madre exigente, su marido inconstante, su carrera frustrada– no son grandes tragedias. Por infeliz que sea, piensa que no tiene ningún derecho real a considerarse infeliz; hay quienes tienen razones más sustantivas para quejarse. No traté de hacerla excepcionalmente moral. Solo quería que mis lectores entendieran que Mitsuki es consciente de la trivialidad de sus problemas. Como sabrás, La herencia de la Madre se publicó por entregas en el periódico nacional más grande, Yomiuri, ¡cuya circulación se dice que es de siete millones y medio! Entre mis lectores, ciertamente habría habido quienes realmente habían sufrido.”

”Mizumura ha escrito tres novelas en los últimos quince años. La primera fue un intento de terminar una novela dejada sin terminar por otro escritor, Light and Darkness Continued, una, diremos, secuela de Natsume Sōseki quien murió sin terminar su obra y Mizumura logra recrear brillantemente el lenguaje y estilo idiosincrásico del maestro. Esto creó un gran revuelo entre los lectores de Japón, por supuesto, la polémica fue un gran disparador. Dirá al respecto: “No se me habría ocurrido completar una novela tan santificada si las palabras de Sōseki me pareció que representaba su alma más íntima. No me hubiera atrevido. En cambio sus palabras eran para mí, ante todo, el idioma japonés, algo que a nosotros, los usuarios del idioma, nos pertenece. Las oraciones de Sōseki, aunque idiosincrásicas, no pertenecían a Sōseki pero la lengua japonesa ayudó a moldear y enriquecer. ¿Cómo habría terminado él la novela? Nadie puede decirlo, ni siquiera su cerebro. Sin embargo, sus palabras y oraciones direccionaban el rumbo, estaba allí para que todos los escritores japoneses lo utilizaran, si hubieran sido maldecidos y bendecido con el ‘conocimiento infeliz’ como he sido”.

”Su segundo título, An I-Novel, que mezcla inglés y japonés, es una obra que vendría bajo la rúbrica de autobiografía, originalmente publicada en 1995 bajo el título de Shishōsetsu, palabra que designa un género autobiográfico confesional, la “novela yo”, que ha jugado un papel clave en la literatura japonesa moderna. El original, basado en las experiencias de la autora al crecer en Estados Unidos y Japón, mezcla libremente el inglés con el japonés. En una ruptura con la antigua tradición de las novelas japonesas, el libro se escribió e imprimió no verticalmente sino horizontalmente, de izquierda a derecha, para que los lectores no tuvieran que estirar el cuello o dar la vuelta al libro cada vez que se encontraban con una palabra en inglés. Luego, Una novela real, resulta un recuento de Cumbres borrascosas de Emily Brontë en el Japón de posguerra.

—De “Una novela real” podemos decir que es una obra maestra. La estructura del libro es muy particular, como un ejercicio de desarrollo del tiempo a través de la historia misma. Sin embargo, ¿diría que es una especie de crónica, que significa algo real, algo que realmente sucedió, con estos maravillosos giros literarios y significados profundos? Existe esta brillante descripción de un Japón de posguerra que ilumina toda la novela. ¿Cómo lo describiría?

—¡Gracias por hacer esta pregunta sobre la crónica del Japón de la posguerra! Una novela real está inspirada en Cumbres borrascosas de Emily Brontë, pero es, por supuesto, una obra bastante diferente, tanto formalista como temáticamente. Hay, por ejemplo, una capa narrativa adicional, lo que la convierte en una historia de tres capas en lugar de dos; la doncella/narradora que se transforma en un personaje importante porque reformula la historia bajo una luz completamente alterada. Sin embargo, la diferencia más significativa radica en cómo quería que la historia desempeñara un papel importante en Una novela real. Cumbres borrascosas es una historia de amor increíblemente hermosa y sobrenatural. Una verdadera novela no lo es. Soy una escritora prosaica. Sin embargo, aprecio mucho el recuerdo de mi infancia. Quería dejar una crónica de aquellos años en los que el país se estaba transformando de una nación devastada por la guerra y la pobreza en una nación estable y próspera, mientras que rápida y, a veces, incluso descaradamente, tiraba por la borda las formas en que el pueblo japonés había estado viviendo durante siglos. No solo los acontecimientos históricos importantes, como los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, sino también los pequeños detalles de cómo la gente aún conservaba las viejas formas de vida están cuidadosamente entretejidos en la historia. En definitiva, la novela es un homenaje a esa época.

”Desde marzo del año pasado se ha torcido la vida de todos, sin excepción. La pandemia hizo mella en el colectivo imaginario y en lo que respecta a la lectura, el ánimo quizá no lo permitió en un primer momento y luego nos ahogamos en libros. Lo mismo con la escritura: “Hay buenos y malos momentos para la lectura. Hace unos años, mientras trabajaba con mi traductora, Juliet Winters Carpenter, en las traducciones al inglés de mi trabajo, una colección de veinticinco volúmenes de Tanizaki comenzó a salir mensualmente y las leí una tras otra a medida que se publicaban, mientras no estuviera trabajando. La experiencia continuó durante un par de años y fue simplemente estimulante. Ahora, habiendo finalmente comenzado a publicar una nueva novela, paso mucho tiempo investigando, especialmente porque esta novela incluye historias de los japoneses que emigraron a Brasil antes de la Segunda Guerra Mundial, un tema del que no sé nada. De hecho, estaba planeando visitar Brasil solo para sentir lo que es estar en ese país, y posiblemente incluso hacer un viaje a Argentina, hasta que la pandemia hizo que la idea fuera poco realista. Como costumbre, antes de acostarme, me aseguro de leer algo que no tenga nada que ver con mi trabajo. A menudo hojeo el New Yorker y el New York Review of Books, pero recientemente, comencé a leer poesía japonesa antigua y, por alguna razón, Tocqueville, para dejar de pensar en todas las preocupaciones deprimentes que plagan el mundo ahora.

”En cuanto a los efectos de la pandemia, los escritores de ficción son de las personas menos afectadas en lo que a su vida cotidiana refiera. Como yo, básicamente se quedan en casa y pasan sus días escribiendo solos, con o sin una pandemia. La forma en que esta pandemia afectaría su escritura probablemente dependa de cómo los afectó personalmente y cómo afectó a su país. No conozco a nadie personalmente que haya sido hospitalizado, y mucho menos muerto. Actualmente, Japón solo tiene menos de 150 muertes por millón, mientras que Argentina tiene casi 2.500. Si la tendencia continúa, supongo que los escritores argentinos estarían lidiando más con las implicaciones de la pandemia, aunque la relación entre la literatura y una tragedia humana a gran escala como la que estamos sufriendo en este momento nunca es sencilla. La peste negra nos dejó el Decamerón.. La gripe española apenas dio lugar a una literatura significativa”.

—Formará parte de Filba 2021 en Argentina (lamento mucho que no venga) y eso es algo que los lectores argentinos valoramos mucho, este tipo de vínculos entre nuestras culturas. ¿Qué significa para usted?

—Yo también lamento no tener la oportunidad de estar en tu país físicamente, pero estoy emocionada de participar en Filba 2021, aunque sea de manera virtual. Es muy generoso de tu parte decir que los lectores agradecerán que yo forme parte del festival. Nunca olvidaré el viaje que hice a Argentina hace diez años en 2011 cuando mi editora Adriana Hidalgo me invitó amablemente. Fue una experiencia mágica. La propia ciudad de Buenos Aires, con sus hermosos edificios clásicos, tenía una sensación mágica. Y las personas que conocí me hicieron sentir agradecida de formas que nunca soñé que fueran posibles. Recordar ese viaje, que me conectó con una parte del mundo previamente desconocida para mí, debe ser una de las razones por las que comencé a escribir una novela que tiene historias sobre aquellos que habían salido de Japón hace casi un siglo para dirigirse a Sudamérica, la más lejana. lugar en la tierra para nosotros los japoneses, entonces y ahora.

”Estoy especialmente emocionada de que el festival me vuelva a conectar con los lectores argentinos que podrían estar interesados ​​en leer mi novela semi-autobiográfica, An I-Novel, que saldrá en español en un futuro cercano. La novela se desarrolla en un solo día, el día con una fuerte nevada que marca el vigésimo aniversario desde que la protagonista, Minae, se fue de Japón con su familia a los Estados Unidos. Ahora es una mujer joven que estudia literatura francesa en una ciudad universitaria de la costa este. Nunca se había reconciliado con la vida en suelo extranjero y está a punto de decidir el hecho de regresar a casa para convertirse en novelista en su lengua materna. Sus reflexiones solitarias y largas conversaciones con su hermana sobre las dos décadas de vida expatriada en los Estados Unidos son a veces sombrías pero a menudo divertidas. Me gusta el libro y espero que a algunos lectores argentinos también les guste.

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