sábado 13 de agosto de 2022
CULTURA muestra en roldán

La invención de Molina Campos

Con su mirada, el artista argentino nacido en 1891 y muerto en 1959 responde a una pregunta contrafáctica: ¿qué habría pasado si no hubiera venido la inmigración que llegó a estas costas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX? Pintaba un campo que en los años 20, luego del proceso de modernización, ya no existía. Hasta el viernes que viene se puede ver una muestra de sus obras.

17-07-2022 09:23

Como Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, Florencio Molina Campos pinta un campo que, en los años 20 del siglo pasado, había dejado de existir. El proceso de modernización había transformado a esas vastas extensiones de horizonte bajo e inmenso en chacras que fueron las unidades económicas, les había pasado el tendido eléctrico y el tren estaba reemplazando a la carreta. Pinta de memoria algo que no puede ver. Un mundo feliz, sin conflicto. Sin malones ni ejércitos. Sin incendios ni persecuciones. Tampoco es el gesto de los escritores que “se fueron a la estancia”, cuando la vida en la ciudad se volvió imposible; cuando Buenos Aires se llenó de los que bajaron de los barcos y fue la Babel del Cono Sur. Molina Campos no se refugia en el campo: lo inventa nuevamente. 

Con su mirada responde a una pregunta contrafáctica: ¿qué habría pasado si no hubiera venido la inmigración que llegó a estas costas entre fines del siglo XIX y comienzos del XX? Pinta esa hipótesis imposible, ya que ese mundo anterior a la inmigración con su ética, su épica, se borra con el proyecto de país europeo. 

“Son múltiples las apropiaciones que ha tenido y tiene Molina Campos” (Valentín Demarco)

Si bien ese postulado puede ser tomado desde la perspectiva tradicionalista, de pensar a Molina Campos como emblema de “lo argentino”, al momento que se sabe de su relación con lo popular, la publicidad y el mercado, sus almanaques y el vínculo con el cine, esa ilusión conservadora se desvanece. El telón de Linajuda mueca moderna, la exhibición del artista nacido en Buenos Aires en 1891, curada por Valentín Demarco, se levanta y Florencio Molina Campos se nos aparece como un artista de vanguardia; a pesar suyo. 

Esta es la lectura que Demarco le interesa hacer: “Son múltiples las apropiaciones que ha tenido y tiene Molina Campos, en diversos ámbitos. La que continúa y exacerba su discurso y que lo coloca en el lugar de emblema de lo argentino, representante sin mediaciones de la vida campera y que hace hincapié en su autenticidad, reforzada por toda la movida de Gutiérrez Zaldívar en los 90 (que lo presentaba como el más argentino de los artistas argentinos). Luego, las reivindicaciones hechas por artistas: Pablo Suárez que lo tiene como referente formal, Benedit que lo recupera como figura incomprendida (y destaca su extracción aristocrática), el Grupo Pintores Argentinos que lo pone como un revolucionario nac & pop y muchos otros (Patricio Larrambebere, Lux Lindner, Toto Dirty, Carlos Servat). Destaco lo que hicieron El Chúcaro Santiago Ayala y Norma Viola para la película Argentinísima (1972): es un cuadro coreográfico bastante camp, con unas caretas grotescas inspiradas en Molina Campos. Refuerza el desajuste entre homenaje y burla que hay en el artista, y además por el traslado de lo pictórico a lo escénico. En mi caso, vuelvo con frecuencia, ya sea para ver sus imágenes (y usarlas de referencia para hacer por ejemplo la foto del anuncio de la muestra Indio vago, gaucho matrero, artista contemporáneo, en 2013), para revisitar un hecho de su biografía temprana en clave gay (una serie de dibujos que hice en 2016 que se llama Un episodio en la vida del artista popular, mezcla humilde de Molina Campos y Tom of Finland). En general para analizar su carrera artística y sus derivas en relación a la tradición y a lo que llamamos “lo argentino”. En especial me resulta útil analizar cómo persiste y cómo reaparece, quién lo reclama para sí”.

Demarco elige que algunas obras de Pablo Accinelli que están en la muestra y refuerzan esta mirada sobre el pintor. En todo caso, sirve para hablar de la relación campo-ciudad que es la que persiste y se evidencia: “Me resulta interesante el tráfico que realiza entre una esfera y otra: gustos y prácticas urbanas, al tiempo de su mirada sobre el mundo rural, además de ser clasista. Su contacto con la vida campera de niño era su fuente de inspiración y su credencial de adscripción a ese universo: le daba autenticidad. Lo interesante es que, al volverse tan popular entre los sectores rurales, su imagen pasa por un proceso de autenticación. Deja de ser la aspiración de un ex miembro de la aristocracia ganadera para ser el reflejo de la gente del campo. Por eso, aunque el título de Pinacoteca de los pobres con que se suele presentar su obra no me gusta mucho, me parece muy poderoso que haya sido en gran medida la educación estética de tanta gente por varias décadas”. Incluso, hasta ser la suya propia: “La obra de Molina Campos marca mi trabajo a partir de dos aristas: con su imagen en sí, y con el modo en que permeó la cultura y el imaginario rural y de los pueblos, en mi caso, del interior bonaerense, al punto de volverse patrimonio popular más allá de la figura de Molina Campos como artista. Otra arista está relacionada con su programa de difusión del mundo gaucho en su obra pictórica y en su veta performática (sus ranchos en Moreno y en California, sus fotos vestido de gaucho pintando, las emisiones radiales, etc.) y su apertura a diversos formatos de circulación que exceden el campo del arte.

Por otra parte, su obra me llega a partir de mi tío abuelo, que de grande tenía el hobby de enmarcar sus almanaques y las reproducciones posteriores (reproducciones de reproducciones). A los viejos de Alpargatas les reservaba los marcos más esmerados. Cuando yo veía esos ejemplares, los veía como el grado cero de la imagen de Molina Campos: no creía que había una pintura original”.
Para Demarco, sin bien Molina Campos no participó abiertamente de debates estéticos ni su obra fue objeto de reflexiones por parte de la crítica de su época, “me atrevo a definir su programa artístico como de vanguardia, que la entiendo como apertura y renovación para construir su imagen, y por esa libertad que tenía para abrirse a los nuevos lenguajes y medios de circulación. Era alguien que tenía como horizonte el cine: el canal de comunicación más eficaz de su tiempo. Eso tenía en mente mientras trabajaba, aunque no haya llegado a concretar ninguna película. Aunque suene raro, me parece muy esclarecedor poner a Molina Campos en diálogo con el diseñador norteamericano Ralph Lauren: ambos tienen un fuerte acento puesto en la nostalgia, en algo anacrónico”.

Linajuda mueca moderna, Florencio Molina Campos
Roldán Moderno, Juncal 743
Hasta el 22 de julio. 
Lunes a viernes, de 10 a 19