sábado 21 de mayo de 2022
DOMINGO La depresión y sus aspectos
24-04-2022 03:49

El todopoderoso

24-04-2022 03:49

Preguntémonos ahora qué es la depresión. Podemos definirla desde dos puntos de vista distintos y complementarios: el descriptivo y el psicoanalítico. Desde el punto de vista descriptivo, la depresión es un conjunto de síntomas observables, entre los cuales el más importante es un humor anormalmente triste. La fórmula consagrada que encontramos en la mayoría de los libros sobre el tema es la siguiente: la depresión es un trastorno del humor, es decir, un trastorno del estado emocional. Esta es una definición sumamente restringida, ya que se limita a caracterizar la depresión por lo que vemos en el paciente: un humor triste. En efecto, el punto de vista descriptivo se contenta con constatar la presencia de una tristeza patológica sin tratar de averiguar la causa que la provoca. Aquí, la depresión es simplemente lo que se percibe de ella.

Luego, tenemos el punto de vista psicoanalítico –tal como yo lo concibo– que, al contrario, define la depresión a partir de las causas que la generan. Aquí, la depresión es sin duda lo que se ve pero, sobre todo, lo que suponemos que está por detrás de lo que se ve. ¿Y qué es lo que suponemos? ¿Qué es lo que yo supongo? Justamente, yo supongo las causas invisibles del humor anormalmente triste de la persona que está sentada frente a mí. Así, cuando la veo triste, abrumada, y la oigo quejarse de los otros y de sí misma, me digo que su tristeza ha sido provocada por una pérdida, la pérdida no solo de un objeto exterior sino también la de un objeto interior, de algo dentro de sí misma, de algo de ella misma, y para decirlo todo, la pérdida de una ilusión. En verdad, el deprimido está triste no solo porque ha perdido lo que tenía sino porque ha perdido lo que era o, debería decir, porque ha perdido la ilusión que le daba la fuerza de ser lo que era.

Yo supongo entonces que quien me habla está triste porque ha perdido una ilusión. ¿Qué ilusión? La de ser todopoderoso e invulnerable frente a la desgracia. Como si el deprimido de hoy, mucho antes de su depresión actual, desde su infancia, hubiese vivido encerrado en una burbuja de ilusión narcisista que lo hacía sentirse omnipotente y lo aislaba de la realidad: “Mientras sueñe con ser fuerte, me siento fuerte, soy fuerte, y nada puede ocurrirme”. Esta es la ilusión, el espejismo infantil que el deprimido ha perdido.

La depresión es una tristeza anormal provocada por la pérdida de una ilusión Probablemente, ustedes tienen la impresión de que voy demasiado rápido, pero quería darles a conocer cuanto antes lo esencial de mi interpretación del fenómeno depresivo. Para mí, más que un trastorno del humor, la depresión es el resultado del pasaje de una ilusión infantil de omnipotencia narcisista a una desilusión devastadora de sentirse no ser nada. Así, querría mostrarles que la depresión es ante todo una patología de la desilusión. Esta es entonces la idea directriz de nuestras lecciones, idea que iré desarrollando a medida que avancemos. Por el momento, quedémonos con esta propuesta dinámica de que la depresión es la reacción ante la pérdida de una ilusión egocéntrica, el pasaje de un estado emocional ya frágil –el de un ser henchido de ilusión– a un estado emocional francamente enfermo –el de un ser vaciado de su ilusión–. Para decirlo en una frase, la depresión es una tristeza anormal provocada por una amarga desilusión. Esta será nuestra primera y más importante definición de depresión. Les pido que retengan la palabra “desilusión” porque designa lo esencial: el movimiento de una caída. En efecto, cuanto más alta haya estado la ilusión narcisista, más dura será la caída en la desilusión. (…)

Ahora bien, la caída de la ilusión narcisista es vivida por la persona que se deprime como un choque emocional. Este choque puede producirse por ejemplo en el caso del descubrimiento de una infidelidad insospechada, de un duelo repentino y muy doloroso, de una quiebra inesperada o incluso frente a un despido arbitrario.

En todas estas situaciones podemos identificar el choque emocional, pero otras veces nos es difícil localizarlo, sobre todo cuando no se trata de un acontecimiento único sino de una acumulación de decepciones o de humillaciones como, por ejemplo, puede ocurrirle a un empleado que sufre continuas vejaciones de parte de su jefe.

No obstante, si pienso ahora en la infancia del paciente, debo añadir que, para que este se haya deprimido, no solo ha sido necesario que sufriese un choque emocional, sino también un psicotraumatismo infantil, como puede ser el abandono, los maltratos o el abuso sexual.

Tenemos entonces dos conmociones que han estremecido el yo del futuro deprimido. Primero, un psicotraumatismo ocurrido antes de los 16 años, cuyo violento impacto removió los cimientos de una psique aún en gestación. Luego, la otra conmoción es el choque emocional, conmoción ocurrida mucho más tarde, en la edad adulta, cuyo impacto ha hecho perder al sujeto su ilusión de omnipotencia, ilusión que compensaba, mal que mal, el desequilibrio que el psicotraumatismo había instalado en su infancia. Para que se entienda mejor, recurramos a una alegoría. Una cosa es la poliomielitis que paraliza la pierna de un niño; otra es, en el adulto inválido, la pérdida de la muleta que le permitía moverse. Una cosa es el daño en la sustancia gris de la médula espinal de un niño –esto sería el psicotraumatismo–; otra, la pérdida de la muleta que hace caer al adulto inválido, es decir, la pérdida de la ilusión que lo equilibraba –este sería el choque emocional–. El traumatismo hiere al niño, quien, para sobrevivir, se aferra a una ilusión; y, veinte años después, el choque emocional le arranca al adulto esa ilusión y lo precipita en la depresión. (…)

La depresión no es una entidad en sí, aislada, sino el derrumbe de otra entidad llamada neurosis, neurosis patológica y más bien severa. Hace un rato les decía que la depresión era el pasaje de un estado emocional ya frágil –el de un ser henchido de ilusión– a un estado emocional francamente enfermo –el del mismo ser vaciado de su ilusión–. Ahora, remplazo “estado emocional ya frágil”por “neurosis”; “pasaje” por “derrumbe de la neurosis”, derrumbe que con otro vocabulario hemos caracterizado como “pérdida de una ilusión de omnipotencia” o, alegóricamente, como “pérdida de la muleta”; y, por último, remplazo “estado emocional francamente enfermo” por “depresión”. 

*Autor de La depresión es la pérdida de una ilusión, editorial Paidós.

(Fragmento).

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