6th de March de 2021
DOMINGO Cambios y libertades en el siglo XXI
20-12-2020 01:49

La sexualidad se reinventa

Florencia Salort*
20-12-2020 01:49

Cada día más, se entiende que el placer es nuestro derecho y que todas las mujeres somos dignas de otorgárnoslo cuando cada una así lo decida. Pero, durante mucho tiempo, el disfrute de la mujer no le importó a nadie: ni siquiera a nosotras mismas. Y en algunos casos, todavía hoy sigue estando mal visto.

En cambio, el placer masculino siempre estuvo socialmente aceptado. Los hombres tienen culturalmente aprobado el derecho a gozar. Y, además, la naturaleza les dio la posibilidad de conocerse más rápido, casi sin tener que proponérselo. (…)

Cuántas veces nos decimos y les decimos a los demás: “No soy buena en la cama”, “no puedo”, “nunca me atreví a probar tal cosa”, “soy conservadora”, “soy miedosa”, “no soy sexy”. Se entiende a qué me refiero: a eso de contar y contarnos siempre el mismo cuento.

Cuando transitamos el camino de la vida nos etiquetamos y nos etiquetan, de manera que nos rotulamos y definimos quiénes y cómo somos. Y qué debemos ser o hacer.

Así los “siempre” o los “nunca” pasan a formar parte de nuestra descripción cuando hablamos de nosotras. Damos estas frases por ciertas, nos sentenciamos. Pareciera que eso que decimos resulta inamovible. Los “no debo”, “no puedo” o “no debería” nos limitan a cada paso. Estas creencias nos imposibilitan el cambio, nos definen, nos obstruyen, nos opacan. Nos pesan.

Por eso, queridas amigas, les pregunto: ¿cuántas etiquetas nos pusimos que no son nuestras? ¿Cuántas creencias sobre lo que somos tampoco son elegidas, ni deseadas, ni adoptadas conscientemente por nosotras?

Las invito a que tomen conciencia de dónde vienen para hacer algo al respecto ¡Y créanme que es posible! Porque el cambio es una decisión. Es un instante en el que tenemos que declarar y confiar en que somos mujeres poderosas, seres que nos animamos a transformarnos. Que podemos hacerlo, que no somos lo que nos hicieron creer o “compramos” que somos, como una verdad.

Por eso, cuando nos encontremos ante una creencia o un deber ser, diciéndonos “yo soy así”, recomiendo empezar a cambiar por: “en esta situación determinada yo me comportaba de esta manera, pero no soy así”.

Y luego las animo a preguntarse:

◆ ¿Me gusta cómo era y cómo soy?

◆ ¿Quiero seguir siendo así?

◆ ¿Me hace feliz comportarme de ese modo?

◆ ¿Siempre, siempre, siempre en esa situación o en otras parecidas me comporté así?

◆ ¿Hubo alguna ocasión en la que actué de otra manera?

◆ ¿Qué pasa si a partir de hoy elijo comportarme de ésta u otra manera, que tiene más que ver con lo que hoy quiero ser?

A partir de hoy, sabiendo que traemos de muy lejos y desde muy chiquitas frases, creencias, mandatos, límites que no son nuestros y que nos señalaron o nos inculcaron y terminamos tomando como propios, les propongo que estemos atentas y nos detengamos a reflexionar antes de exclamar: “¡yo no sé seducir!”, “¡yo no puedo!”, “¡yo no debo!” o “¡tengo que!”.

Las motivo a que seamos conscientes de estas creencias y que, ante ellas, nos aflojemos, respiremos, nos detengamos a explorar en nuestro ser, buscando aquello que realmente queremos.

La sexualidad es dinámica, activa, se reinventa. No nos quedemos estáticas en una forma de ser sexual porque “siempre fuimos así”.

La riqueza está en la transformación, en la diversidad, en aceptar los cambios. Sumerjámonos en nuestro sentir y en nuestro ser consciente ¿Qué nos pasa cuando nos miramos sexualmente? ¿Nos encontramos? ¿O nos miramos desde afuera y nos desconocemos?

Esta mirada que deviene de múltiples factores aprendidos, heredados, incorporados, arraigados y agrietados la tenemos que observar, desmenuzar, profundizar, modelar a nuestro ser de hoy. Observarnos en silencio, con pausa, sin juzgarnos. Mirémonos con apertura, con amor, con comprensión. La sexualidad se siente, se transita, se aprende, se percibe, se modifica, se plasma, se disfruta, se recrea, se explora, se vive. (…)

Transité tantos cambios, tantas maneras de pensarme mujer y percibir a las mujeres. A veces me pregunto si existe una manera de ser, de una u otra forma sexual.

Más bien, una única manera de ser mujer en todos los ámbitos. Yo estoy convencida de que no ¡Somos tantas versiones! Por eso les hablo a todas esas que somos. Tenemos etapas o tiempos en los que no nos encontramos, que no estamos para el placer. No estamos disponibles. Ni siquiera nos lo planteamos. A veces no tenemos ganas o quizá estamos así por diferentes situaciones complejas que estamos transitando. Lo elegimos y estamos bien.

Otras veces, podemos estar encendidas, y lo digo en serio. Nos excitamos y enamoramos como locas y estamos desatadas porque queremos probar todo. Nos animamos a eso ante lo que tanto temor y prejuicio teníamos.

También nos puede ocurrir que un día nos emocionemos con personas o situaciones que no pensábamos posibles y que otro día, pasado un tiempo, necesitemos parar, detenernos y decir “hasta acá”. (…)

En la sexualidad no hay secretos ni normas. Hay vida, sentires, pasiones, miedos, ansiedades, gustos, elecciones, hábitos, desenfrenos, cambios, autoestima.

Existe compartir, comunicarse, conectar con alguien, pero, principalmente, con nosotras mismas. Ese es el secreto. Es que estés en sintonía con tu ser, que te conozcas, que confíes. Que te replantees, que te escuches. Es poder reírte frente a lo que nunca pudiste hacer para, en cambio, ser, sentir, elegir y recalcular, como lo hace un GPS. Porque el único GPS de la vida, el que señala hacia dónde ir o no, está dentro de nosotras. Cada una sabe cuál es el menú que prefiere. Cada una gozará de su propio Sexo sentido. 

*Autora de Sexo sentido, Editorial El Ateneo. (Fragmento).

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