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ECONOMIA / Recursos y oportunidades
domingo 29 diciembre, 2019

El 'efecto niña' y las políticas contra la desigualdad

La generación de adolescentes más grande de la historia también sufre las brechas de género. Al impacto del trabajo de cuidado en la educación se suman la violencia y los embarazos adolescentes. Propuestas de “red”.

por Patricia Valli

Mediciones. Si más chicas avanzan en su educación, pueden generar un 68% más de productividad. Foto: shutterstock
domingo 29 diciembre, 2019

La generación de adolescentes actual es la más grande en la historia de la humanidad, según datos de Unicef. Las personas de entre 10 y 19 años llegan a 1.200 millones y representan el 16% de la población mundial. El grupo no escapa a la falta de oportunidades, algo que afecta más a las mujeres: participan menos que sus pares varones en la educación, la fuerza laboral y la sociedad.

Un análisis del “efecto niña” en 14 países halló que, si las niñas logran completar el siguiente nivel de educación, esto podría generar ganancias en productividad equivalentes al 68% del PBI anual, según un documento elaborado por Sedal y el Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer (CIIM).

Mientras se preparan y analizan proyectos para una red de cuidados nacional que ofrezca alternativas para que los roles de cuidado no recaigan sobre las mujeres ni les impida el desarrollo educativo o profesional, el informe recuerda que las niñas de entre 5 y 14 años pasan un 40% más de tiempo realizando tareas hogareñas que los niños de su edad.

“Ni ni”. La disparidad aumenta a medida que crecen, ya que entre los 10 y 14 años pasan un 50% más de tiempo que los niños de su edad en los hogares, donde son relegadas solo a la esfera doméstica, y su tiempo y su movilidad se ven severamente limitados.

En ese contexto, el informe señala que las jóvenes de entre 15 y 24 años corren un riesgo tres veces mayor que los jóvenes (34% frente a 10%) de pertenecer al grupo de personas que ni estudian ni trabajan, los llamados “ni ni”.

El matrimonio y el embarazo precoz plantean barreras adicionales para la participación. Por año, en los países en desarrollo 12 millones de niñas se casan antes de los 18. Cerca de 16 millones de niñas de entre 15 y 19 años y 2,5 millones de chicas menores de 16 tienen hijos o hijas. “Las niñas que se casan jóvenes tienen muchas menos probabilidades de completar sus estudios secundarios, lo cual a su vez disminuye sus potenciales ingresos como adultas y, por lo tanto, reduce el potencial económico de su familia”, plantea el Centro de Investigaciones sobre costumbres que siguen arraigadas en muchos países de la región.

También la violencia de género y el acoso limitan la participación de la vida en la esfera pública. En todo el mundo, la violencia de género afecta la vida de una de cada tres mujeres en el mundo emergente.

Sistema. Frente a ese escenario, la propuesta del Libro Blanco de CIIM y Sedal sostiene que “una red de pares que brinde apoyo es crucial para facilitar el empoderamiento de las niñas y construir sus aspiraciones”.

En ese marco, aseguran que para promover la sororidad es necesario fomentar un entorno alentador para que las niñas puedan reunirse, aprender y debatir los problemas que afectan sus vidas, así como poner en práctica habilidades que las ayuden a desafiar los mandatos de la sociedad que son perjudiciales, sin tener miedo a valoraciones y repercusiones negativas.

Según el informe, esa red de apoyo les da a las niñas el tiempo y el espacio necesarios para que elaboren sus pensamientos y opiniones respecto de lo que pueden hacer.

Pero también hay un sentido de agencia que se basa en brindar recursos, tales como habilidades sociales que pueden usarse para definir su camino y avanzar hacia sus objetivos.

Otra de las herramientas propuestas es la generación de un foro en el que pueden sociabilizar y buscar el apoyo de otras niñas, y aporta un espacio para que desarrollen su confianza y aprendan a defenderse dentro de un entorno seguro y de apoyo.

Desde el lado de la marca involucrada, el objetivo es “desafiar los estereotipos de género” y utilizarlo en roles que las empoderan, “lo que constituye otra forma de generar un entorno favorable para que puedan explorar y crecer”.


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