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ECONOMIA / U$S 8 mil millones en juego
domingo 4 noviembre, 2018

El Gobierno y la industria esperan señales de Bolsonaro

Para los privados, la recuperación llegará antes por Brasil que por el mercado local pero hay alerta por proteccionismo y el “riesgo ajuste”.

Patricia Valli / Mirta Fernández

Balanza equilibrada por la recesión. Foto: S.U.
domingo 4 noviembre, 2018

Mientras que los economistas creen que la llegada de Jair Bolsonaro disipa las dudas del mercado sobre la senda de reformas y ajuste de Brasil, en la industria local, golpeada por la recesión propia, se preguntan si el plan de achique no traerá el mismo efecto en lugar de generar condiciones para que crezcan las exportaciones al país vecino.

El mantra se mantiene. “Lo importante es que Brasil crezca”, señalan los industriales y el ala productiva del Gobierno. Pero advierten que es necesario definir las reglas del juego o si el Mercosur irá a acuerdos bilaterales.

El macrismo promueve más acuerdos comerciales, lo que implica acceso a nuevos mercados pero también más apertura del mercado local, donde hoy el dólar se acerca a US$ 35 y con una inflación de 47,5% para el año, entre los fabriles se vuelve a hablar de riesgo de atraso cambiario.

El dato que miran es el de las ventas de manufacturas industriales. El año pasado, esa cifra rondó los US$ 18 mil millones. Para este año, se prevé que en total las exportaciones a Brasil lleguen a los US$ 11.500 millones, pero la mayor parte está vinculada al sector industrial, salvo ventas de trigo y otros alimentos.

“La industria automotriz es más del 40% de las exportaciones MOI”, remarca uno de los actores del sector, el representante de los autopartistas Raúl Amil, presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC). “Tenemos perspectiva de que a partir del primer trimestre empiece a levantar la actividad”, señala, pero reconoce que el sector es “muy Brasildependiente”.

Esta semana hubo un reconocimiento por parte del gobierno argentino de que habrá una flexibilización del Mercosur, como había anticipado PERFIL, después de que el principal asesor económico de Bolsonaro, Paulo Guedes, diera marcha atrás tras decir que el Mercosur no será prioritario. En realidad, lo consideran “un lastre”.

El riesgo de que Bolsonaro, a lo Trump, recurra al proteccionismo o “se corte solo”, también está presente para el sector privado que no recibió señales claras. El gobierno argentino espera que Brasil traccione la economía y prepara una reunión con el nuevo mandatario y su equipo antes de que asuma, el 1º de enero próximo.

“Cuando Brasil empezó a caer la pasamos muy mal”, recuerda Amil, que evaluó que “Brasil tuvo una crisis económica derivada de una crisis política. Tenemos esperanza de que esto se encamine algo más estable”.

Para la UIA, los datos de crecimiento de la actividad industrial de Brasil son ausipiciosos, de la mano del peso del sector de autos. “Si a las exportaciones de manufacturas de origen industrial, que crecieron 49,7% en agosto, les descontamos el crecimiento de las ventas externas de la industria automotriz (que crecieron 69,1%), hubieran tenido un crecimiento de 20,9%. En el acumulado, las exportaciones MOI a Brasil suman 49,7% de incremento”, detallaron en el último informe de actividad industrial.

Las correcciones que quiere el mercado pueden convertirse en un arma de doble filo. El nivel de deuda en Brasil es alto, lo que lleva al plan Bolsonaro a basarse en una fuerte reducción del déficit fiscal.

“El déficit fiscal de dos dígitos que no se financió ni con reservas ni con maquinita hizo volar la deuda pública de 50% al 77% del PBI de 2015 a la fecha”, señaló desde Econométrica Ramiro Castiñeira. “Antes de que la Argentina le toque el timbre al FMI, el déficit fiscal era de 6% del PBI y la deuda del 75%, similares números de lo que hereda Bolsonaro en Brasil, 7,5% y 77%, respectivamente. Ello implica que a Brasil también se le agotó el tiempo del gradualismo”, agregó el economista sobre el plan que terminó de este lado de la frontera con una nueva fuerte devaluación que llevó el peso hasta un techo de $ 42. Sin embargo, Brasil tiene a favor que su deuda está en la mayoría en reales y que tiene más más 20% del PBI en reservas, además de baja inflación y un déficit de cuenta corriente de menos de un punto de PBI.

La industria argentina, sin embargo, mantiene su reclamo por las altas tasas de interés y el riesgo de que la inflación elimine la competitividad que se generó con la devaluación. En ese marco, la expectativa es que, en la relación bilateral, la llegada de fondos del exterior a Brasil genere una apreciación del real durante el año próximo, lo que podría jugar a favor de la Argentina.

La recesión genera la ayuda necesaria para revertir el déficit comercial con Brasil, que crece a fuerza de la caída de las importaciones locales más que por un repunte exportador.

Lorenzo Sigaut Gravina, de Ecolatina, indicó que el intercambio comercial con Brasil registró en 2017 un déficit de US$ 8.200 millones, y “explicó casi todo el rojo de la balanza comercial argentina”. En 2018, el rojo se fue achicando por mayores exportaciones hacia ese país por una mejora de la competitividad por la devaluación, y caída de importaciones provenientes de Brasil por el impacto de la recesión. El saldo de la balanza comercial con Brasil en los primeros diez meses del año fue un déficit de US$ 4.300 millones (contra US$ 6.600 millones en 2017). En Abeceb estimaron que el intercambio bilateral en noviembre y diciembre mostrará un resultado en torno a cero, por lo que 2018 concluirá con un déficit de US$ 4.300 millones, y prevén que en 2019 se reduzca a la mitad, unos US$ 2.020 millones. Gravina proyectó que este año cerrará con un saldo negativo de 4.400 millones, y para 2019 prevé que podría registrarse “un saldo nulo o leve superávit”.


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