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domingo 12 mayo, 2019

¿Por qué leemos a Michel Foucault?

(15/10/1926 - 25/06/1984)

Alejandro Di Toto

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domingo 12 mayo, 2019

Foucault nace en París en Octubre de 1926 y resulta complejo catalogarlo dentro de una disciplina específica: sus estudios abarcan la filosofía, la historia, la sociología, la psicología y la política. El pensador nace bajo la hegemonía de la medicina en su familia, pero opta por desarrollar su carrera por el lado de la psicología y la filosofía. En el año 1961 publica su tesis doctoral Historia de la locura en la época clásica con una favorable recepción por parte del ámbito académico

Sus postulados emergen de forma disruptiva en el siglo XX partiendo de la premisa de una historia crítica y sus análisis sobre el poder que serán el foco de la cuestión. Pensar el poder desde su paradigma implica una mirada fuera de lo común sobre lo que pensamos en términos clásicos (yo mando, tu obedeces). Para sintetizar, de alguna forma concibe al poder como una articulación entre prácticas y discursos.

Este no viene dado solamente de “arriba para abajo” y no debe ser visto sólo en términos represivos, sino que examina cómo, a lo largo de la historia, los sujetos somos producto de relaciones de poder en tanto estamos atravesadas por ellas, pero también las ejercemos, es decir, bajo esta perspectiva, se trata de un poder que es productivo.

Según Foucault, el objetivo que tiene el poder sobre los sujetos es el de normalizarlos. Mediante un entramado complejo de mecanismos, el poder busca moldear y normalizar a las personas.

Foucault traza tres mecanismos o tecnologías de poder que se han desarrollado a través del tiempo; el poder soberano típico de la edad media donde se establecía la prohibición de los delitos por medio de la sustracción (donde el soberano tenía el poder de hacer morir o dejar vivir). El poder disciplinario como mecanismo donde se busca imponer un castigo para el resto de la población funcionando como mecanismo de reafirmación de la soberanía. Un claro ejemplo de ésto son las prisiones sobre las cuales Foucault desarrollará detalladamente en su célebre libro publicado en 1975: Vigilar y Castigar. Y, finalmente un mecanismo propio del biopoder. Este último se manifiesta en el control y la prevención, ya no se trata de castigar sino de identificar cómo actúa un mal y prevenirlo. El objeto de éste ya no es el individuo sino la población en general. El vivir mismo ya nos hace parte de los controles de poder mediante diferentes cuestiones, como las tasas demográficas y las enfermedades, entre otras.

La normalización opera mediante el establecimiento de una norma de conducta que premia a quienes cumplen mientras castiga a quienes no lo hacen. El objetivo de la normalización es que cada sujeto cumpla su rol dentro de la sociedad, un rol específico. Ésta opera bajo los discursos de saber, de poder. Siguiendo a esta teoría, el saber y el poder son dos caras de una misma moneda. Tomando elementos de la genealogía nietzscheana, el examina el punto de emergencia de los discursos de saberes técnicos en su momento de irrupción.

Estos discursos tienen la función de catalogar a los sujetos como “normales” o “anormales” pero, de forma paradójica, es aquello definido como anormal lo que establece el parámetro para definir la normalidad. El anormal será aquel que no se acata a la norma del discurso establecido delimitando así lo correcto de lo incorrecto, lo verdadero de lo falso.

Foucault nos permite tomar una actitud crítica para repensar los parámetros de la sociedad y establecernos con una nueva visión hacía a las normas y saberes preestablecidos, y es allí donde radica su importancia. La actitud crítica implica cuestionar a los saberes establecidos y las prácticas propias para pensar nuestra constitución y permitirnos pensar cómo llegamos a ser lo que somos.

 

*Politólogo (FSOC - UBA)


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