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ELOBSERVADOR / el crimen de fernando
sábado 25 enero, 2020

Hay que repensar las masculinidades

Diversos especialistas de la psicología, la criminología y la perspectiva de género hablan del machismo grupal, las instituciones como moldeadoras de identidad y el alcohol.

por Agustina Grasso

Aquella maldita noche. Imágenes de Fernando Baéz Sosa, de 18 años, tirado en la vereda. La golpiza del grupo de rugbiers el sábado por la madrugada. Foto: Captura de videos.

El asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell por un grupo de rugbiers despertó una serie de reflexiones desde diversos ámbitos sociales, intelectuales y criminalísticos que coinciden en un punto: repensar y deconstruir las masculinidades para terminar con esta clase de violencia. Algunos especialistas hablan de dos fenómenos que podrían haberse dado en el crimen: “identificación colectiva” o “sadismo en masa”.

Género. PERFIL pidió que analizara el caso desde una perspectiva de género a Luis Angel Avalos, responsable del área de masculinidades en la Red de Psicologxs Feministas, investigador de masculinidades y violencia, con una especialización de posgrado en violencia de género e intrafamiliar
“Desde la perspectiva de género, entendemos la masculinidad como una construcción cultural que reproducimos socialmente y se desarrolla a lo largo de toda la vida con la intervención de distintas instituciones (clubes, familia, iglesias, etc.)”, afirma Avalos.

El psicólogo se pregunta qué es lo que moldean esas instituciones. “Modos de habitar el cuerpo, de sentir y de pensar a quienes han sido asignados como varones al nacer. La masculinidad necesita ser mostrada permanentemente. Esa obligación de comportarse masculinamente, sobre todo frente a otros varones, es lo que llamamos ‘mandato de masculinidad’”.

Según el especialista, “una de las formas más contundentes de mostrarse masculino es mostrarse poderoso, superior al resto. En cualquier ámbito, pero sobre todo en aquellos donde se rinde culto al ‘ser masculino’ el mandato se hace carne y se debe actuar. El cuerpo viril, siempre potente, puede hacer uso de la violencia”.

Rita Segato. Esta semana quien también dio su opinión sobre el caso fue la antropóloga feminista Rita Segato, que coincide en que este tipo de violencia forma parte de un mandato de masculinidad. “Hoy por hoy, a los hombres no les queda más que la violencia para probarse a sí mismos y a sus pares que son hombres”, reflexionó, y aseguró que “la violencia está instalada en los varones desde el momento de su socialización”.
Segato suma el término “cofradía o corporación de la masculinidad”, al que define como una “estructura basada en un pacto obligatorio” que se transforma “en un mandato de masculinidad que es esencialmente violento”.

“Los muchachos tuvieron que probarse a sí mismos mediante una víctima sacrificial que son hombres”, afirmó la antropóloga en declaraciones radiales.

Algunas voces sostienen que podrían haberse dado dos fenómenos en el asesinato de Villa Gesell: la “identificación colectiva” y el “sadismo en masa”

“La violencia contra la mujer se origina en los problemas del mundo y de la masculinidad, pero la primera víctima del mandato de masculinidad al que están subordinados los hombres son los propios hombres”, explicó Segato.

La manada. Ante ataques como el que sufrió Fernando en Villa Gesell, Gabriel Regino, abogado penalista y ex subsecretario de Seguridad Pública del gobierno de la Ciudad de México, destaca a PERFIL que “hay una desafortunada combinación de elementos en este tipo de tragedias. La actuación en grupo hace perder la identidad individual para asumir la de grupo”.

En estos contextos, explica, cuando hay características especiales como el grupo etario (jóvenes) asociadas al nivel físico (jugadores de contacto) se crea una autoestima grupal de superioridad que, ante la falta de controles (normas, valores, educación), detona en cualquier situación donde el grupo o el líder se sienta en riesgo o afectado”.

Avalos aporta que “el comportamiento en manada es típico del mandato de masculinidad, ya que el destinatario de la exhibición de poder masculino sobre los cuerpos subordinados es otro varón. Tal como sucede en la violación grupal de identidades feminizadas, el grupo se reafirma en su masculinidad a través de la crueldad ejercida. Si lo masculino encarna la fuerza, necesitan de otres que encarnen la debilidad para reforzar su estatus. Se trata de relaciones de poder”.

Rugby. No es la primera vez que este deporte en particular es señalado por el accionar de identidad grupal de gueto y la promoción de la violencia física. Marita Müller, licenciada en Psicología y presidenta de Salud Activa, una ONG que se dedica al abordaje de la violencia, maltrato y abuso sexual infantil, cree que “esto se trata de una identificación colectiva, no una patología”.

Müller sostiene que “este tipo de deportes buscan de alguna manera reafirmar el poder del hombre a partir de la fuerza, y se intensifica en grupo. De a uno, no creo que sean capaces de nada. Estas cosas las hacen en grupo, como es el mismo deporte”.

“Además –agrega– hay que ser de una determinada manera para pertenecer. Hay toda una cuestión de rito de iniciación que es violento. Para entrar a la primera de rugby te bautizan desde la violencia. Yo creo que la masculinidad es otra cosa. Esto es una reafirmación del machismo. No hay que mezclar los términos”.

Avalos advierte que “la cuestión central no es si se trataba de rugbiers, sino que se trata de masculinidades hegemónicas.

Dicho esto, también me parece importante señalar que un club de rugby no solo es un ámbito deportivo, sino que particularmente hace gala de los distintivos de la masculinidad (potencia física), fomenta la idea de cofradía masculina y se identifica con las clases dominantes”.

“Hoy por hoy, a los hombres no les queda más que la violencia para probarse a sí mismos y a sus pares que son hombres.” Rita Segato

“Aun cuando muchos de los integrantes de ese deporte se jacten de ser respetuosos, ese respeto no es indiscriminado, sino que se dirige a los pares”, cree el psicólogo.

Alcohol. Por su parte, Alejandro Farji, psicoanalista y perito en los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, subraya que “el alcohol previo y durante ingerido es parte importante. Rompe los frenos inhibitorios y el grupo se transforma en una horda primitiva, donde violar y matar es lo mismo. Y se conecta con la pulsión de muerte”.

El mexicano Regino considera que hay una “tormenta perfecta” de factores que desembocan en el asesinato: “El alcohol o las drogas y el escenario del evento, que se inició en el interior de un establecimiento tipo discoteca”.

¿Cómo prevenir? Los especialistas coinciden en que es fundamental sostener y profundizar la implementación de la educación sexual integral para desarmar estereotipos de género dañinos, repensar los modelos de masculinidad machistas y prevenir las violencias, entre diversos objetivos.

Rugbiers diversos. Un caso a destacar es el del primer club de rugby de diversidad sexual de América Latina, que funciona en Argentina, el Ciervos Pampas Club, donde tienen una escuela de derechos humanos como espacio de reflexión. “Allí nosotros crecimos y resignificamos nuestro club, nuestra manera de actuar y nuestra presencia en la cancha”, dice a PERFIL su presidente, Caio Varela.

En su carta abierta por el asesinato (ver recuadro), el club expresa su solidaridad y apoyo a la familia de Fernando Báez Sosa, y rechaza toda forma de utilización de eufemismos; ya sea en declaraciones públicas o privadas emitidas por individuos, medios o asociaciones: lo ocurrido solo puede ser llamado asesinato”, expresaron en una carta abierta.

“Nosotros desde nuestro lugar de grupo separamos una identidad asesina con el rugby. Esto fue un asesinato y en las leyes argentinas está claro el procedimiento judicial que hay que seguir para condenar a las personas que cometieron este crimen horrendo. El rugby es un deporte que tiene valores superlindos y es una disciplina que cada vez crece más a nivel mundial”, dice Varela, que destaca el cambio de paradigma que llevan adelante en el Club: en “Ciervos hablamos del tema del machismo y la violencia. Nosotros tenemos la particularidad de visibilizar distintas masculinidades y orientaciones sexuales y por eso profundizamos ese debate.”

 

Una interpelación al rugby desde adentro, por Ciervos Pampa Rugby Club

Leyendo diversas publicaciones que encontramos en una gran variedad de medios; vemos la constante utilización de parafraseos, prestidigitaciones, reduccionismos y escisiones. De las mismas se podría interpretar –o pareciera ser el efecto buscado– que la violencia tiene su origen en el rugby, generando casi de inmediato una dicotomía: estar a favor o en contra del rugby. Dicotomía que oculta los verdaderos orígenes de la discriminación y la violencia: el patriarcado, las cuestiones de clase, la LGBTIQ fobia, el racismo, la xenofobia. A su vez que corre el riesgo de quitar del debate a los clubes que estamos construyendo el rugby que queremos: un deporte para todes. Así, comprendemos que los 11 asesinos de Fernando son ante todo 11 homicidas hijos sanos del patriarcado. Patriarcado que es paradigma regente en nuestra sociedad; permeando y atravesando el quehacer humano en sus más diversas instancias. Hay posturas dentro y fuera de nuestro deporte que desde esa lógica reproducen constantemente formas de discriminación, en tanto que responden a condiciones y privilegios de clase, de género, de origen, de orientación sexual, entre otras.

Es desde esta perspectiva que desde Ciervos Pampas Rugby Club construimos día a día y colectivamente nuestra identidad: somos rugbiers putos y sudakas. Orgulloses de nosotres, no hacemos mella de los estereotipos que se tienen sobre el rugby, ya que consideramos que son reduccionismos que crean una generalización que invisibiliza toda postura transformadora dentro de nuestro amado deporte. Queremos hacer hincapié en los cinco valores que nuestro deporte embandera: integridad, solidaridad, disciplina, respeto y pasión. Proponemos que desde nuestros clubes sigamos trabajando en la profundización de los mismos; y que quienes no lo han hecho puedan emprender esta obligación. Interpelamos a que se abran más espacios para que cada jugador e integrante de nuestro deporte pueda repensar las prácticas patriarcales, LGBTIQ fóbicas, clasistas, racistas, xenofóbicas. Hemos estado y seguiremos estando a disposición de esta meta.

*Fragmento de la Carta Abierta del primer club de rugby de diversidad sexual de América latina


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