lunes 10 de mayo de 2021
ELOBSERVADOR A 76 años de su ejecución
28-04-2021 15:11

La veta literaria de Benito Mussolini

Una reflexión a propósito del enigmático nexo que une a la ferocidad de los tiranos con la sensibilidad de los artistas. El líder del fascismo italiano encarna ese misterioso vínculo.

28-04-2021 15:11

Un nuevo aniversario de la ejecución y linchamiento de Benito Mussolini -76 años atrás esta misma semana- podría convocar a una reflexión sobre su persona política, su papel en la historia, el fascismo, las consecuencias de sus acciones y adicionales ángulos de observación. Dejaré a otros esa tarea, prefiriendo adentrarme en el costado menos nefasto de su legado: su pasión por las letras.

“En lo concerniente a las palabras”, anotó el docente de la Universidad de Oxford Richard James Boon Bosworth, “Benito Mussolini fue un creador fértil”. Aun siendo joven escribió poesía, una novela, un ensayo religioso y una autobiografía. Fue singularmente prolífico como redactor de cartas: a su última amante, Claretta Petacci, le envió 318 misivas en 18 meses (prácticamente una, día por medio). A ella le dijo que había escrito un poema dedicado a su primer amor, el cual fue musicalizado por la orquesta de Predappio. También dedicó libros-obituarios a su hermano (Vida de Arnaldo) y a su hijo (Hablo con Bruno).

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Mussolini publicó su primer artículo a los diecinueve años. Fue sobre las matanzas de los armenios en el Imperio Otomano en el periódico socialista L´Avvenire dei Lavoratori. Bordeando las primeras dos décadas del siglo XX, editará o publicará en varios medios italianos: el semanario La Lotta di Classe de Forli, Avanti! de Milán, y en esa misma ciudad fundará su propio diario, Il Popolo d´Italia, que llevará una frase de Napoleón en cada portada: “La revolución es una idea que obtuvo bayonetas”. En 1943 escribió el ensayo Pensamientos sobre la vida y la política, que será publicado póstumamente. Al reseñarlo, Bosworth señaló: “Aquí, entonces, estaba la elucubración, mitad envidiosa, mitad contradictoria, mitad formada, siempre propensa a derivar en la vanidad y la obsesión propia”. Incluso en fecha tardía como 1944, poco antes de su muerte, retomará su perfil de articulista con columnas en Corriere della Sera con el seudónimo de “Trotamundos”, las que luego serán reunidas en un tomo, La historia de un año: el tiempo del palo y la zanahoria, que supuestamente vendió 300.000 ejemplares. El prominente empresario de medios William Randolph Hearst le pagó a Mussolini 1.500 dólares por nota para sus propias publicaciones.

Su primer ensayo giró a lo largo de 47 páginas sobre la fe y el ateísmo. Titulado Hombre y divinidad: Dios no existe (1904), nació a partir de una discusión pública que tuvo con el protestante italiano Alfredo Taglialatela, durante la cual Mussolini se paró sobre una mesa y desafió a Dios a que lo matase dentro de los siguientes cinco minutos. Tras sobrevivir puso manos a su manuscrito. Al rondar los veinte años publicó dos poemas, ya como dictador se servirá de su talento para hacer propaganda poética. Fijó un día para honrar al pan y compuso un poema para la ocasión, el cual se imprimió en posters: “Honremos todos al pan, viva el pan, vamos a hacer una fiesta por el pan”.

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"Benito Mussolini se encuentra entre aquellos que se adentraron demasiado a las tinieblas"

Además, Mussolini escribió cuentos breves y -según su primera biógrafa oficial, y amante, Margarita Sarfatti- también enhebró una historia completa de la filosofía, de la que no sobrevivió el manuscrito. Aunque sí hay constancia del jornal de filosofía que editó entre 1913 y 1914, titulado Utopía. Creó una única novela, Claudia Particella: La amante del cardenal  (Gran novela histórica de la época del cardenal Carlo Emanuele Madruzzo), publicada en serie en 1910 en el diario Il Popolo. Inicia con una escena del cardenal y su amante en un lago: “La seda de su vestido delineaba la forma pura de su cuerpo, y su rostro blanco acentuadamente enmarcado por sus trenzas negras. Sus ojos, esclavizados por una pasión venenosa, estaban cerrados”. En su libro Literatura del dictador: Una historia de los déspotas a través de su escritura, el periodista británico Daniel Kalder opinó que “por momentos limita con lo leíble por lo menos”.

En 1911 publicó un ensayo de cien páginas al que denominó El Trentino visto por un socialista. En 1913 escribió una biografía sobre el mártir religioso medieval de Bohemia, Jan Hus, titulado Giovanni Huss, il verídico. En la segunda década del siglo XX, Mussolini fue enviado al frente de batalla. Transcribió sus experiencias e impresiones en un libro publicado como Mi diario 1915-1917. Kalder aquí es más benigno, al presentar al autor como “un observador perspicaz e incluso poético del horror miserable de la guerra”. En 1928 fue publicada su autobiografía, Mi vida, en inglés, en los Estados Unidos, en forma de serie en The Sunday Evening Post. Había sido instigada y traducida por el ex embajador estadounidense en Roma, Richard Child, un admirador del Duce. En Italia recién aparecerá en la década del setenta.

En 1932, para celebrar el décimo aniversario del régimen, coescribió junto a Giovanni Gentile -un filósofo neo-hegeliano que opinaba que “el fascismo es una forma de socialismo, de hecho, es su forma más viable”- un tratado sobre el fascismo. Fascismo: su teoría y filosofía tenía una extensión de menos de cincuenta páginas, lo que lo deja a uno preguntándose si los autores tuvieron un gran poder de síntesis o si verdaderamente no había mucho por alegar a favor de esa ideología. Asimismo, Mussolini compuso libretos para óperas en colaboración con el dramaturgo Giovacchino Forzano. Emergieron así Campo di maggio, Giulio Cesare y Villafranca. La primera de ellas fue puesta en escena en Inglaterra, Hungría y otras partes. En 1936 fue adaptada al cine y reseñada por el New York Times.

Adolf Hitler y Benito Mussolini
Mussolini no fue el único tirano con inclinaciones artísticas. Antes de ser consagrado führer, Adolf Hitler realizó pinturas paisajistas de autodidacta 

Sus reflexiones lo sobrevivieron. A seis años de su muerte se publicaba en Italia una colección de cuarenta y cuatro tomos sobre su obra, y al año siguiente un tal Piero Caliandro publicó un libro supuestamente basado en diálogos de ultratumba con Il Duce, tenebrosamente denominado Benito Mussolini sin Fascismo: 12 conversaciones desde el Otro Lado.

Mussolini no fue el único tirano con inclinaciones artísticas. Antes de ser consagrado führer, Adolf Hitler realizó pinturas paisajistas de autodidacta y cuando tenía veinte años se declaró “escritor” en un formulario ante las autoridades vienesas en 1909. Mobutu Sese Seko fue editor de diarios antes de llegar al poder en Zaire. Osama bin Laden y Joseph Stalin escribieron poesía, Francisco Franco y Saddam Hussein publicaron novelas, Fidel Castro gestó ensayos y Kim Jong-il produjo películas, entre otras manifestaciones creativas de personajes cuestionables. Es un hecho que dictadores-artistas han querido cultivar un costado más ameno antes o durante sus gobiernos catastróficos. Hombres-líderes de inquietudes intelectuales que se atrevieron a transitar su propio y singular derrotero creativo. “El hombre por dentro es queso derretido” dijo Jean-Paul Sartre, en lo que puede interpretarse como una metáfora de la sensibilidad humana. En algunos casos, su literatura consistió en propaganda cruda de gobernantes decididos a bajar línea o preocupados por su legado. En otros, fue un esfuerzo genuino en trascender artísticamente. A decir de la afamada escritora norteamericana Erica Jong: “Todos tienen talento. Lo que es raro es el coraje de seguir al talento al lugar oscuro al que conduce”.

Benito Mussolini se encuentra entre aquellos que se adentraron demasiado a las tinieblas.

 

*Profesor en la carrera de relaciones internacionales en la Universidad de Palermo. Autor de Escape hacia la utopía: el libro rojo de Mao y el libro verde de Gadafi (Biblos).

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